jueves, 1 de enero de 2009

Ego, orgullo características de la Envidia.

La envidia es un sentimiento experimentado por aquel que desea intensamente algo poseído por otro. La base de la envidia es el afán de poseer y no el deseo de privar de algo al otro, aunque si el objeto en cuestión es el único disponible la privación del otro es una consecuencia necesaria.
Cómo superar la envidia

Ego y el orgullo son características de la Envidia.
El ego

El ego tiene un factor decisivo a la hora de tener envidia buena o envidia mala. Alguien con poco ego pero altamente moldeable será alguien que controlará mejor su vida. La mayoría de las personas se preocupan constantemente en aparentar, ser quiénes no son y todo para que su imagen salga siempre perfecta y jamás dañada. El ego perfecto es aquél en el cual tú controlas tu ego en vez de que él te controla a ti.
A la inmensa mayoría de las personas no les (nos) interesa "lo que es", sino "cómo se ven" o, qué calidad de imagen proyecta. Les interesa la imagen más que la objetividad. Y así, el hombre de la sociedad se lanza a participar en esa carrera de las apariencias, en el típico afán de 'quién engaña a quién', de cómo lograr mejor impresión. El mundo es un inmenso estadio en el que "el orgullo de la vida" juega un gran match de las etiquetas, formas sociales y exhibiciones económicas para competir por la imagen social, un combate en el que a los seres humanos no les interesa ser, sino parecer.

Orgullo

El orgullo de una persona es la capacidad de ser perfecto. La gente muy orgullosa quiere que le vean como perfecto y pretende ser alguien perfecto. Rara vez aceptan sus errores y esquivan pedir perdón a toda costa. Para personas con mucho orgullo es un verdadero calvario admitir que no saben algo o se han equivocado. Si una persona es mejor que tú es más perfecta qué tú y un orgullo como un camión no puede consentirlo así que empezarán los ataques…


Dice Miguel de Unamuno: “La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual.”
A muchos les gusta ocupar los primeros puesto y sentirse más que los de atrás, pero mayor falta tiene aquel que se siente envidioso por no estar delante.
La envidia produce un sentimiento de disgusto a quien la siente, le quita paz en el corazón y es atrapado por el rencor consigo mismo por no lograr lo que tiene otro.
Es así como la envidia es entristecerse por el bien ajeno. Es un mal desde todo punto de vista censurable. Es una costumbre difícil de comprender, y nos aterroriza que nos atribuyan ser poseedor de ese defecto.
La envidia destruye el corazón de quien la padece y por tanto no puede gozar de la felicidad que debiera.
El envidioso, no disfruta de la vida, por estar pensando que su prójimo esta disfrutando algo más que él. Pero lo más triste, es el sufrimiento que siente por la felicidad ajena. El envidioso desprecia el éxito de los demás, y esta convencido que se las están quitando injustamente a él.
Por los labios del envidioso, siempre esta el desprestigio de los que se destacan, siempre están echando a tierra a todo el que sobresale. Pero además, invita a los otros a pensar mal del modo como ha tenido éxito cierta persona. Es así como el envidioso critica duro y sin fundamento al que es admirado por alguna cualidad.
En el lenguaje del envidioso, siempre esta presente el subestimar al adversario y si pierde, se justifica como victima del robo del triunfo. Del mismo modo, que al que le ha ido bien en lo económico, lo trata de ladrón. También en su lenguaje acusa maliciosamente de interesado al que se ofrece para ayudar o hacer el bien
El admirar a alguien, no es envidia si se valora positivamente a la otra persona, y si destaca los bueno de sus cualidades.
Es así, como el remedio para superar la envidia, es ver en los demás lo positivo que tienen. Es preciso tener un corazón generoso, con capacidad de admirar a quien lo que merece. En efecto, son muchas las cosas que podemos admirar en una persona. Es más confortable sentirse feliz porque a otro le vaya bien, que amargar el corazón por su éxito.
No siempre nosotros seremos los mejores, no siempre nos ira bien, pero no por ello nos llenaremos de odio y rencor por lo bien que la va a otro. Es así como el que el admira las cualidades de su prójimo, es un alma noble y quien se entristece, tiene el corazón torcido por la envidia.
La envidia, no se levantará del banquillo de los acusado y estará por siempre ante el juez, que sanciona toda la iniquidad que ella produce.
Friederich Nietzsche, en su libro "La Genealogía de la Moral", define la envidia como el instinto de la crueldad que revierte hacia atrás cuando ya no puede seguir desahogándose hacia afuera. Con ella el alma humana se ha vuelto profunda y malvada, es la fuente de la nueva valoración: el resentimiento, que se vuelve creador del odio reprimido y la venganza, del débil e impotente.
Acusamos a la envidia, de ser causante de las mayores desigualdades entre los hombres, ella ha provocado desordenes económicos y sociales. Somos testigos como la ambición y el deseo de arrebatar lo que tienen los demás, amenaza sin cesar la paz que merecemos, y esta causando guerras inexplicables para el lógico razonamiento de cualquier cristiano, que con mucho dolor se angustia por estos sucesos.
Como cristianos y discípulos de Jesús, tenemos la obligación de no callar la verdad, desechar la mentira y hacer ver a nuestro prójimo los engaños. Jesús, nunca dejo de hablar contra la hipocresía y la envidia, seamos entonces buenos discípulos. Comencemos, ya mismo poniendo la envidia en el banquillo con el fin de desterrarla de nuestros corazones.