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sábado, 31 de enero de 2009

La Falsa Prudencia


La prudencia se ve comprometida no sólo por la insensatez inconcluyente y ociosa, sino también por toda una serie distinta de actitudes no menos deletéreas, debido a que a menudo tienden a confundirse con expresiones auténticas del obrar. Las falsificaciones (en pintura, en escultura, etcétera) no dejan de ser tales aunque estén realizadas con maestría. Los términos que connotan este contexto, en el cual el engaño es frecuente y que está claramente reprobado en la tradición bíblica, son muy evocativos: astucia, engaño, reticencia, rodeos, fraude, aprensión ansiosa, pávida, posesiva. Los medievales, siguiendo a la Vulgata, que traducía por "prudentia carnis" el fronema paulino (Rom 8,7), connotaban con aquel término todas las percepciones que tratan de colocar el fin en los bienes terrenos en vez de en la comunión con Dios.

Es prudencia mundana la de los intrigantes que, orientados hacia metas temporales injusta y falsamente elevadas al rango de fin supremo, reflexionan y deciden basándose sólo en ellas la conducta cotidiana. Tomás, en virtud del principio según el cual la prudencia es la recta razón en el campo de lo agible, distingue dos pecados que, aunque se oponen a la prudencia, revisten sus apariencias.
El primero depende de que la razón endereza su actividad a un fin que es bueno sólo en apariencia, no en realidad.El segundo depende del hecho de que una persona, para conseguir su fin, sea bueno o malo, se sirve de caminos simulados, fingidos y no verdaderos.
El engaño y el fraude constituyen las formas específicas que asume la astucia cuando pone en práctica el plan meditado. El primero se practica en el enredo de palabras y de hechos, en la vacuidad verbosa y sórdida a que recurren los engañadores y vendedores de humo. El fraude encarna las maquinaciones de los estrategas y los tácticos.

Distinta, aunque convergente en los .resultados, es la aprensión, angustiosa y angustiante, respecto al tener y al futuro. Estas falsas prudencias hunden sus raíces en la deformación que lleva a disociar el tener del ser, a favorecer el primero y a presumir de garantizarse a sí mismo a través del éxito, las riquezas y el poder.

La experiencia confirma lo difundido y pernicioso de esta falsificación, que impide cultivarse como inteligentes y disponibles, y que se manifiesta en las tácticas y estrategias inspiradas en el ansia de la autoconservación, de la avidez de poder, del miedo preconcebido ante lo nuevo y del todavía no, de las manías conservadoras, de todas las actitudes que impiden mantenerse con fidelidad y verdad en la historia y perseguir en una aportación recíproca la realización del bien humano.

El Deterioro De La Conciencia Moral

La conciencia moral es lo que le da sentido pleno a la personal. Por medio de ella se adquiere el verdadero sentido de la vida y se va delineando el desarrollo integral de la persona. En ese proceso se van descubriendo los sentimientos más nobles y se forman las actitudes para la toma de decisiones que ayuden a vivir más plenamente. Es la conciencia la que últimamente acepta la fe en Dios y en sus enseñanzas (Cfr. Veritatis Splendor, 54-56). El deterioro de la conciencia moral comienza cuando ésta deja de ser expresión del sentido pleno de la vida y sus juicios se desvían hacia lo que podemos llamar “la fuerza que se vuelve criterio para determinar las relaciones entre las personas y la sociedad”. De esa manera se traiciona el principio del estado de derecho y las ‘razones de la fuerza’ substituyen a la ‘fuerza de la razón’. Cuando la persona humana se olvida de Dios pierde el sentido del pecado y de culpabilidad. Comienzan entonces las falsas concepciones de lo que es el ser humano y el deterioro de la conciencia moral. Asimismo, el falso concepto de libertad, o el libertinaje, contribuye al eclipse del valor de la vida humana. La libertad se entiende como la capacidad de hacer lo que a cada cual se le antoje, movido por su propio interés, iniciando de esa manera, la nueva cultura de un individualismo o sectarismo egoísta. La ciencia y la técnica facilitan la concepción y la difusión de la idea del “superhombre” entendido como un ser de una enorme capacidad de acción en diversos niveles y que no debe rendir cuenta de sus actos a nadie. Los medios masivos de comunicación social difunden la ideología del hombre superficial liviano (“light”) cuya única referencia es su propio bienestar entendido como un consumismo desenfrenado o como un disfrute irresponsable de las frívolas ofertas de pasatiempo fácil, viviendo en un presente sin sentido. Los grupos de poder, a nivel mundial, no encuentran el freno de pensamientos y organizaciones fuertes que propugnen un compromiso social. Con el objetivo de mantener modelos egoístas y excluyentes en lo económico y cultural, estos grupos, utilizan las organizaciones internacionales, y luego locales, para concretar políticas tendientes a disminuir el número de pobres de manera compulsiva. Así también condicionan las ayudas a los países en desarrollo y el sostenimiento de las organizaciones locales, implementando campañas que conspiran contra la vida. De esa manera la democracia pierde sus fundamentos; el Estado deja de ser la “Casa común” y en nombre de la utilidad pública prevalece el interés de los más poderosos. La relatividad filosófica, el secularismo a ultranza y el neoliberalismo económico son manifestaciones claras del imperante deterioro de la conciencia moral. Ante estas realidades es necesario reconstruir la conciencia moral y ofrecer respuestas sobre el verdadero sentido de la vida humana.
La vida es una realidad sagrada y debe ser custodiada como un don de Dios desde la concepción hasta la muerte natural. Ese don refleja la imagen y semejanza de Dios porque Él comparte su vida con su criatura. No solamente lo hace superior en el orden biológico a todos los otros seres vivientes, sino que le otorga su espíritu con todas las facultades, como la razón, el discernimiento del bien y del mal, la libre voluntad y su gracia. A lo largo de la historia, la persona humana ha podido reconocer determinados valores objetivos como la vida, la familia, la justicia, la solidaridad, la existencia de Dios, común a todas las culturas. Por eso, la religión ha sido y es un factor fundamental para el desarrollo de la conciencia moral. El sentido religioso es la cualidad natural que pone al ser humano en una actitud de búsqueda de lo trascendente, de ese Alguien que le ayudará a satisfacer sus ansias de poseer la verdad, y el deseo de hacer el bien para encontrar la felicidad. Lo religioso ilumina la verdad sobre la persona humana y le otorga el significado profundo de su pensamiento, de su acción y de su experiencia de vida en profundidad. La expresión más cabal de la dignidad humana se manifiesta en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre. Él abre definitivamente el camino de la realización del hombre y la mujer que vencen el pecado y a la muerte. Por eso, cada instante de la vida humana tiene el sentido y el valor de la salvación. Desde esta perspectiva, el misterio profundo de la vida humana y de la tensión con la “cultura de la muerte” merece una actitud crítica. No se puede llamar al crimen del aborto como un derecho a la libertad. No se debe entender la sexualidad como algo meramente genital, orientada hacia el desahogo en el placer físico. La sexualidad no es una mercancía expuesta al consumo, desvinculada del amor, de la responsabilidad, y de la preocupación por la plena realización de las personas en sociedad. No se puede entender el matrimonio como un simple contrato que se deshace con los mismos expedientes que en un acuerdo comercial. La vocación al matrimonio expresa el sentido de la vida como un don que se comparte en pareja, de varón y mujer, para construir la familia como comunidad de amor, cimentada sobre la fidelidad y el respeto mutuos. Solamente la familia, en su concepción tradicional de hombre y mujer, abierta a la acogida de los hijos, es capaz de configurar el lugar de pertenencia donde el ser humano aprende a ser persona. Allí adquiere su identidad y forja su personalidad. Porque el amor de los padres y la convivencia familiar hacen posible la unidad, en el amor de sus miembros, y construye la cultura de la vida.

La Deshonestidad

La deshonestidad no tendría ningún papel en un mundo en que imperara la realidad y estuviera habitado por seres humanos plenamente conscientes. Desgraciadamente, debemos de convivir con la deshonestidad. Los humanos, abrigamos una variedad de tendencias e impulsos que no armonizan espontáneamente con la razón. Los seres humanos necesitan práctica y estudio para convertirse en personas benévolas en las que retomar la chispa divina de la que emergimos. En ese intento hacen muchas cosas que la prudencia les aconseja ocultar. Mentir es una “fácil” herramienta de ocultamiento y, cuando se emplea a menudo, pronto degenera en un vicio que arrastra hacia lo contrario.

Hay una gran diferencia entre tomar en serio la verdad y no dejarse pillar. Los padres a menudo decimos “que no te pille de nuevo”, y es comprensible, pero una vida buena y honesta es más que eso. El desarrollo moral no es un juego de “píllame si puedes”. Conviene concentrarse en lo que importa de verdad, la clase de persona que uno es, y la clase de persona que uno quiere ser.
No hay medias tintas con la honestidad.
No es la simple honradez que lleva a la persona a respetar la distribución de los bienes materiales. La honradez es sólo una consecuencia particular de ser honestos y justos.

- No es el mero reconocimiento de las emociones "así me siento" o "es lo que verdaderamente siento". Ser honesto, además implica el análisis de qué tan reales (verdaderos) son nuestros sentimientos y decidirnos a ordenarlos buscando el bien de los demás y el propio.

- No es la desordenada apertura de la propia intimidad en aras de "no esconder quien realmente somos", implicará la verdadera sinceridad, con las personas adecuadas y en los momentos correctos.

- No es la actitud cínica e impúdica por la que se habla de cualquier cosa con cualquiera… la franqueza tiene como prioridad el reconocimiento de la verdad y no el desorden.

Hay que tomar la honestidad en serio, estar conscientes de cómo nos afecta cualquier falta de honestidad por pequeña que sea… Hay que reconocer que es una condición fundamental para las relaciones humanas, para la amistady la auténtica vida comunitaria. Ser deshonesto es ser falso, injusto, impostado, ficticio. La deshonestidad no respeta a la persona en sí misma y busca la sombra, el encubrimiento: es una disposición a vivir en la oscuridad. La honestidad, en cambio, tiñe la vida de confianza, sinceridad y apertura, y expresa la disposición de vivir a la luz, la luz de la verdad.

Desecha la altivez


“Antes del quebrantamiento es la soberbia,
Y antes de la caída la altivez de espíritu”
Con el transcursos de los años de mi vida cristiana he podido ser testigo de la veracidad de este versículo, lastimosamente he visto como amigos míos, hermanos en Cristo, buenos servidores, gente entregada al ministerio han desistido del camino porque permitieron que esa semilla de altivez fuera sembrada en sus corazones, a lo mejor porque Dios había depositado en ellos algún talento especial o porque en momento determinado les entregaron cierto liderazgo en algún ministerio de la Iglesia y no pudiendo controlar esto, permitieron que la altivez se asomara en sus vida y se convirtiera en la raíz de su caída.
En todas las congregaciones hay hermanos que caen por este mal, nadie esta exento de esto, más aun cuando Dios ha depositado en ti un lindo talento o cuando tu líder espiritual te delega un privilegio en donde estarás a cargo de muchas personas.
Por lo general esta clase de personas son aquellas que tuvieron un excelente comienzo, se disponían a servir en todo lo que pudieran, no faltaban a ninguna reunión de la Iglesia, no existía un “no puedo” a la hora de servir, y el “no quiero” no estaba en su vocabulario, todo eso hace que estas personas sean por lo general personas que oran mucho y que les gusta meterse con el Señor. No digo que esto este mal, al contrario todas estas características son las que TODOS deberíamos tener, pero ahora vamos al error, ahora vamos a mencionar la piedrita en el zapato que impidió que estos hermanos tremendos en el servicio permitieran que la altivez llegara a su vida.
Hay algo que no podemos negar y es que entre mas te metes con Dios, mas conocimiento tienes y mas madurez para servir y dar un consejo tienes, o para evaluar o dar una opinión, pero si no tienes cuidado puedes estar descuidando tu corazón, puede ser que todo esto te lleve a pensar que tu eres el único que hace las cosas bien, que todos son unos acomodados en la Iglesia y que deberían ser como tu.
Cuando tu corazón comienza a permitir que la altivez llegue es cuando comienzas a ver a todos imperfectos, comienzas a sacarle los errores a medio mundo y a señalarlos de carnales, es ahí donde esta pronta la caída.
Recuerda: “antes de la caída es la altivez de espíritu”, cuando una persona comienza con estos síntomas, de no tener cuidado va ir directo a la caída, esas caídas que duelen y que te hace tragarte todas las palabras que un día dijiste, esas caídas que no están destinadas a aquellos que queremos agradar a Dios, de esas caídas tenemos que librarnos.
Hermano amado, yo te invito a que seamos humildes en cada momento, que si de repente Dios ha depositado en ti una linda cualidad, que no te sientas mejor que los demás, que no veas a los demás inferiores a ti, que ese talento que te ha dado Dios lejos te servirte de tropezadero te pueda servir para ministrar a muchos, puesto que para eso se te fue dado. Trata siempre a los hermanos igual a como los tratabas cuando no tenias privilegios en la Iglesia, que la humildad sea siempre visible, nunca te creas que ahora por ser líder de cierto ministerio te da la potestad de tratar a los demás como empleados, ten una conducta de amor y compresión por las almas, no las veas como personas llenas de errores que se merecen el infierno, mas míralas como personas que necesitan mas de Cristo y disponte a ayudarles. Jamás cambies con aquellos que un día estuvieron a tu mismo nivel, no permitas que la altivez llegue a tu vida, toma ejemplo del mejor de todos los tiempos: Cristo Jesús. Pablo dijo una vez: “no tengas mayor concepto de que el que debes tener”.
No importa cuanto sepas, que privilegio mas elevado tengas o cuan hermoso es el talento o don que Dios te ha dado, nunca permitas que tu corazón se desvíe del propósito por el cual te fue dada esa bendición, se humilde sobre todo y evita la altivez de espíritu.
El altivo caerá tarde o temprano, mas el humilde prevalecerá.
Autor: Enrique Monterroza

El envidioso vigila, hace daño y destruye


La relación entre envidioso y envidiado es extremadamente compleja. Tiene un sentido unidireccional, del envidioso hacia el envidiado, no a la inversa, entre otras razones porque a menudo este último ignora la envidia que despierta en otro u otros.

Toda interacción, confirma o desconfirma la propia identidad.

La envidia es fundamentalmente una relación de odio, pero de carácter diádico. El envidioso odia al envidiado, por no poder ser como él; pero también se odia a sí mismo por ser quien es o como es.

Es practicamente imposible que el envidioso reconozca amar al envidiado, ni siquiera admirarle. Pero en tanto representa el ideal del yo, se le ama. La compulsión del envidioso respecto a la persona del envidiado procede del hecho que ama a quien odia (por ser lo que él no es), y ese amor a quien detesta (por el daño que su mera existencia le produce) , le lleva a una constante e incontrolable tendencia a la destrucción de esa figura, amada a su pesar.

El envidioso es un sujeto frustrado por la no consecución de lo anhelado. Se trata de un padecimiento muy intenso. El error del envidioso es inaceptarse a sí mismo y proponerse ser otro, hace de su vida un proyecto imposible. La tristeza del envidioso procede de haber hecho de su ideal no un constructo imaginario de sí mismo, sino de otro. Lo que el envidioso no logra es su proyecto de ser el envidiado. Por eso la tristeza del envidioso , posee un tinte persecutorio.

El envidioso es suspicaz y desconfiado. En cualquier momento su actitud vigilante en la ocultación de su envidia puede cesar o decaer , o puede delatarse por haber llegado demasiado lejos o demasiado torpemente en la demolición crítica y en la difamación. Tarde o temprano el envidioso se descubre como tal y se le descalifica psicológica y moralmente.

El envidioso gasta sus mayores energías en dejar de ser el que es, para tratar de ser aquel que no puede llegar a ser. El envidioso renunciaría a sí mismo a favor de aquél a quien envidia: tarea, como he dicho, imposible, que sólo puede resolverse de mala manera: bien mediante el recurso a una fantasía improductiva, bien mediante los intentos de destrucción de aquel a quien envidia y que se constituye , sin pretenderlo, en testigo de sus autodeficiencias.

Porque la gran paradoja del envidioso, estriba en que ama/admira al que envidia, aunque para defenderse de esta intolerable admiración se empeñe en no hallar motivo para admirarlo y, en consecuencia, tampoco para envidiarlo, y se mantiene al acecho en la activa observación del envidiado, con quien se identifica de manera ambivalente: le ama/admira, porque constituye la encarnación de su ideal del yo; mas niega luego su amor/admiración hasta transformarlo en su contrario odio/desprecio, como forma de justificar su ataque y defenderse de la acusación tácita de los demás de "no ser más que un envidioso".



El envidioso no puede hacer otra cosa que envidiar.

La envidia se alimenta y rumía desde la impotencia del envidioso. Quizá en otros aspectos el envidioso es un sujeto de valores, pero carece de aquel que el envidiado posee: ésta es la cuestión.

Uno de los costos de la envidia es la destrucción del envidiado, si pudiera llegaría incluso a la destrucción física, y no es raro que fantasee con su desgracia y su muerte, para lo cual teje un discurso constante e interminable sobre las negatividades del envidiado. Rara vez el discurso del envidioso llega a ser útil, y con frecuencia el pretendido efecto de la descalificación de la imagen del envidiado resulta un fracaso total.

La envidia es una pasión extensiva . El envidioso acaba por no dejar "titere con cabeza". También ha de destruir a aquellos que admiran al que él envidia, en la medida en que le hacen ostensible la inutilidad de su esfuerzo demoledor.

La envidia es crónica e incurable ya que es una manera de instalarse en el mundo. Quien alguna vez ha tenido la experiencia dolorosa de la envidia está ya definitivamente contamindado por ella. Porque en su intimidad le desvela así mismo , la secreta deficiencia, aquella por la que , aunque muy oculta puede ser herido en la aparentemente más inofensiva interacción. Y una vez lastimado en su autoestima, el envidioso, más y más sensibilizado y susceptible, permanecerá constantemente alerta.

La envidia dura toda la vida del envidioso. Cualquiera que sean las gratificaciones externas que el envidioso obtenga, persistirá la envidia.

El envidioso no dejará de serlo por lo que ya posee; seguirá siéndolo por lo que carece y ha de carecer siempre , a saber; ser como el envidiado.

¡Mentiroso, Mentiroso!


"Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo" Efesios 4:25

Bueno que difícil es hablar de un tema como: “LA MENTIRA”, ¿Por qué te preguntaras?, pues por la simple y sencilla razón de que: ¿Quién de nosotros nunca a dicho una mentira?.

Pero es triste ver que hay personas que han sido gobernados por la mentira, es decir que cada día de su vida practican la mentira como que si fuera algo normal en su jornada diaria.



Lo mas difícil de creer de todo esto es que cada vez que mentimos defraudamos a Dios, pues Él en su Palabra nos manda a no mentir, no hay excusas para practicar la mentira, no hay pero que valga, ni mucho menos mentira piadosa, no hay mentira pequeña o mentira grande, TODO aquello que lleva el fin de engañar es denominado como MENTIRA.

Ahora bien ¿Qué debemos hacer nosotros como cristianos?, ¿Estas tratando de no mentir?, o definitivamente ¿Te dejas llevar por la concupiscencia de mentir?. Es por esa razón que es necesario que aprendamos las consecuencias de mentir y el porque no debemos practicar la mentira.

¿QUÉ ES MENTIRA?

Según el Diccionario de la Lengua Española, Mentira es la Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa. Por otra parte también podemos definir a la mentira como: manifestación contraria a la verdad, cuya esencia es el engaño y cuya gravedad se mide según el egoísmo o la maldad que encierra.


¿SERÁ QUE NOSOTROS MENTIMOS?

Bueno creo que es difícil decir: “NO” pues desde ese momento estaríamos mintiendo. Pero el punto no es que alguna vez hallas mentido, el punto es: ¿La mentira es como un habito diario para ti?.

Tengo que dejar en claro que no estoy a favor de la mentira, por piadosa o santa que el enemigo la quiera camuflajear. Definitivamente “Mentira”, es mentira, desde cualquier perspectiva para Dios.

Es como el pecado, el pecado es pecado no importa cuan grande parezca o cuan pequeño se muestre, de todas formas es pecado y desagrada a Dios.
Muchos quieren excusar su habito de mentir como algo que esta contra su voluntad y que lo tiene que hacer porque es necesario en algunos casos. Pero si fuera así: ¿Por qué la Biblia nos manda a no mentir?



LA MENTIRA SE PUEDE VER DESDE VARIOS PUNTOS DE VISTA.

La mentira directa: esta es la típica mentira cara a cara, es decir cuando alguien nos pregunta algo y le contestamos mintiendo pero queriendo demostrar que decimos la verdad. El típico ejemplo de esta mentira es Ananias y Safira y lo podemos ver en Hechos 5: 4.
Una media verdad: esta se da cuando alguien nos pregunta algo y nosotros queremos en parte decir la verdad, pero en parte dejar en lo secreto algo. El típico ejemplo de esta mentira es Abraham cando le dijo a Abimelec que Sara era su hermana en lugar de decirle que era su Esposa y lo podemos ver en Génesis 20:2.
Una respuesta evasiva: Es cuando nos preguntan algo y evadimos la respuesta porque no queremos decir la verdad, el ejemplo típico es Caín cuando Dios le pregunto por su hermano Abel y el esquivo la pregunta, eso lo podemos ver en Génesis 4: 9.
Un silencio: Esta se lleva a cabo cuando sabemos la verdad sobre algo y guardamos silencio, el ejemplo lo podemos ver en Judas cuando en la ultima cena Jesús se refirió a el como el que lo iba a entregar esto se encuentra en San Juan 13: 31-30
Toda una vida engañosa: Hay muchas personas “cristianas” entre comillas que dicen vivir una vida en santidad, en comunión con Dios, pero públicamente dejan mucho que desear, personas que no han comprendido que el Evangelio es practico y no tan solo teórico. En pocas palabras si decimos que andamos en comunión con Jesús y andamos en tinieblas, mentimos, la Biblia lo declara en 1 Juan 1: 6.


¿DIOS SE AGRADARA DE NUESTRA MENTIRA?


La pregunta solo tiene una lógica respuesta: ¡¡¡NO!!!. Nunca la mentira agradara al Señor, jamás, ni en sueños. Entonces ¿Por qué seguimos practicando la mentira?, ¿Por qué muchos viven vidas “cristianas” separadas de la verdad que es Jesús?, ¿No te das cuenta que al que estas engañando es a ti mismo?.

Dios no quiere que exista mentira entre su pueblo Colosenses 3:9 dice: “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos”. Además la Biblia dice que Dios odia la mentira: “Los labios mentirosos son abominación a Jehová; Pero los que hacen verdad son su contentamiento” Proverbios 12:22.

Si tu hasta este momento has llevado una vida en la cual practicas la mentira, quiero decirte que tu acción esta dañando tu relación con Dios, tu puedes decir: “para nada Dios me esta respaldando” y posiblemente sea cierto que estés recibiendo el respaldo de Dios, pero no es por lo recto que eres o lo limpio, sino mas bien por misericordia de Dios, pero tienes que saber que Dios anhela verte desechar la mentira, cualquiera que fuera esta en tu vida. ¿Imagínate? Si Dios te ha respaldado hasta este día aun con tus defectos, ¿Imagínate como te respaldara cuando comiences a desechar el pecado en tu vida?.

Cuando Dios habla a tu vida, es con un propósito y este es el de mejorar su relación contigo, pues Dios quiere tener una intima relación de amistad contigo, pero es necesario de deseches la mentira de tu vida y comiences a caminar en la verdad, por muy difícil que te sea, deberías comenzar a practicar el dejar la mentira.



¿CUÁL DEBERÍAS SER MI ACTITUD HACIA LA MENTIRA?

En primer lugar ABORRECERLA la Biblia dice en Salmos 119: 163 “ La mentira aborrezco y abomino; Tu ley amo”. Cuando aborrecemos la mentira comenzamos a ganar el favor de Dios para nuestra vida, es ahí en donde Dios se fijara en ti para usarte en gran manera.

En segundo lugar EVITARLA si tu sabes que hay algo que te llevara a mentir, Evítalo!!!! No tienes que buscar el fuego, pues te puedes quemar. Si hay algo el cual tú sabes que te hará caer en el pecado, entonces ¿Por qué buscarlo? Mejor evítalo, pues te sentirás mas satisfecho al evitar el pecado que al caer en el. Por otra parte debemos de evitarla porque la mentira conduce a otra mentira y así sucesivamente, pues el que miente una vez le es necesario mentir nuevamente para encubrir la primera mentira.

En tercer lugar si te es tan difícil el no mentir PIDELO EN ORACIÓN, en Salmos 119: 29 dice: "Aparata de mí el camino de la mentira, y en tu misericordia concédeme tu ley”. La Biblia nos manda a que clamemos a Dios en todo lo que necesitemos y si esto es salir de una atadura como lo es la mentira, ¿Qué estas esperando?.

Posiblemente alguna vez tu has sido victima de una mentira y ya sabes lo que es caer en las garras de la mentira. Pero que lindo saber que Dios no tendrá al Justo por Injusto lo cual quiere decir que no debes de preocuparte, pues Dios estará contigo.

Debes cuidarte de la mentira, pues en momento determinado puede ser el inicio de una larga cadena de males que pueden ocasionarte grandes problemas y porque no decirlo hasta la muerte.

Muchas veces el mentiroso se contenta por el aparente éxito de su mentira. Lo que no se da cuenta es que la Biblia dice que los mentirosos no heredaran el reino de los cielos (Apocalipsis 21:8). La mentira nunca te traerá beneficios eternos.



¿CÓMO SER LIBRE DE LA MENTIRA?

Primero tienes que confesar tu pecado, tienes que reconocer que la mentira es un pecado abominable a Dios por lo cual debes pedirle perdón. No justifiques tu mentira, ve delante de Dios y confiésale el error en el cual has caído.
Segundo Comprométete delante de Dios a ya no mentir, al realizar este acto debes tratar por todos los medios de evitar la mentira, huir de la mentira y si sin darte cuenta caes en ella, rápidamente pedir perdón y tratar de ya no caer mas.
Tercero si a pesar de todo esto sigue mintiendo, no piense que toda a terminado y que la mentira te ha ganado la batalla, pues ya no puedes mas. Al contrario quebrántate delante de Dios y pídele perdón y fuerzas para levantarte nuevamente y caminar en la verdad.

Autor: Enrique Monterroza

Aduladores

Nuestro diccionario define adular como “hacer o decir con intención, a veces inmoderadamente, lo que se cree que puede agradar a otro”. Otro diccionario es sin embargo más claro, al definir adular como “elogiar excesiva o falsamente”. Un sinónimo de adulación es “lisonja”, definida como “alabanza afectada para ganar la voluntad de alguien”.

De modo que en definitiva, la adulación es siempre prodigar alabanzas o halagos en exceso, para conseguir algo a cambio. Desde luego, se adula a personas que son sentidas como superiores en algún sentido, sea ésta una mera percepción o algo real, como sucede cuando se adula a personas con poder. De hecho, la forma más común en que se observa la adulación es en relación a personas superiores en el sentido de estar investidas de más poder.

Esto explica que la adulación exista desde siempre, porque siempre han existido relaciones de poder. La adulación tiene además en sí misma mucho poder, porque apunta a la parte más vulnerable del ser humano, que es el “ego”. Cuando se recibe una adulación el ego “se infla”, y la persona se siente muy bien, creyendo en la adulación ya que quien recibe la adulación rara vez se da cuenta de esto, en gran medida porque ni siquiera conoce lo que es verdaderamente el ego, que al final de cuentas es en gran parte pura vanidad. Por eso adular, salvo que sea muy grosero, da siempre buenos dividendos.

No en vano ya en libros antiguos, como la Biblia, luego en Aristóteles y después en varios autores de la Edad Media, hay advertencias contra la adulación. Un clérigo advirtió que “el adulador es un ministro del diablo”, poniendo de este modo en alerta a otros monjes para que no se dejaran tentar por la adulación y no se llenaran de vanidad.

¿Qué oscuros mecanismos psicológicos se esconden en la mente detrás del adulador? Lo común es obtener un beneficio. El favor de un jefe, gozar de más consideración, conquistar a una mujer (o viceversa), o bien en ciertos casos, como frente a un tirano, recibir un trato menos cruel. Pero hay también otras motivaciones ocultas; en ocasiones el adulador puede desear en secreto recibir él mismo esa adulación, generalmente porque tiene una pobre autoestima. Si bien quien es adulado no se percata de que se le infla el ego, el adulador tampoco se da cuenta de que su conducta tiene que ver con el propio rebajamiento. La adulación es muchas veces la antesala de dos rasgos claramente negativos: la manipulación y el servilismo.

El adulador jamás es un amigo de verdad ni una persona del todo confiable y honesta. Cuando las cosas se invierten, el adulador pasará al polo opuesto, con una gran frialdad hacia quien antes adulaba o incluso con odio y violencia en alguna de sus formas. Esto se ve claramente en un tipo especial de patología, como es el caso de la psicopatía o sociopatía. Los psicópatas suelen ser sujetos inteligentes pero desalmados, que se transforman en edad temprana en delincuentes, y cuyo delito más típico suele ser la estafa. Para lograr estafar recurren a su labia, y logran lo que quieren utilizando fundamentalmente la adulación. Quienes también suelen hacer gran uso de la adulación son desde luego los políticos, para ganarse a las masas (y después olvidarlas) y ocasionalmente los artistas, para conquistar al público.

Las criticas y los chismes


Siembra un chisme y recogerás una cosecha de pesares.
El chismoso escucha una pequeña brisa y la convierte en un ciclón.
Contar un chisme es como arrojar barro a una pared limpia. Talvez no se quede pegado, pero siempre dejará una mancha.
No creas la mitad de lo que escuchas y no repitas la mitad de lo que crees.
Cuando escuches un comentario insidioso, quítale la mitad,luego un cuarto, y no digas nada del resto.
Ojo con la verdad a medias; es posible que hayas recibido la mitad equivocada.
El rumor es la cosa más flotante que hay. Es muy fácil hacerlo flotar, pero muy difícil hundirlo.
Decir chismes es un delito que la ley no castiga.
La única diferencia entre el calumniador y el asesino está en que el primero mata la reputación en lugar del cuerpo.
La lengua criticona recibe órdenes de un ojo inexperto, de una mente irreflexiva y de un corazón ingrato.
Al echarle tierra a los demás, lo único que hacemos es ensuciarnos las manos.
Vale la pena recordar que las moradas del Cielo no se edifican con el barro que arrojamos a los demás.
Si uno acepta que no es perfecto, no anda criticando a los demás por sus errores; pero si uno se cree muy bueno entonces comienza a criticar a los demás.

La virtud de ser, ¿falso?

http://lafronesis.blogspot.com/
Quiero en esta oportunidad reflexionar sobre una afirmación que hace Donatien Alphonse François, más conocido como el marqués de Sade (1740-1814). La afirmación surge de boca de Dolmancé. Dolmancé es un personaje descrito como un hombre elegante, de grandes talentos, de agudo razonamiento filosófico y por demás ateo e inmoral, al que el marqués de Sade hace decir lo siguiente:

Por otra parte, la falsedad es el medio más seguro para tener éxito; quien la ejerce necesariamente se impone a aquél con quien trata o se relaciona: al aturdirlo con falsas apariencias lo persuade, y a partir de ese momento triunfa. (2001: 81).

Esta afirmación del marqués de Sade recuerda a aquella famosa y trillada expresión el fin justifica los medios que se atribuye a Maquiavelo de forma errónea. Maquiavelo, refiriéndose a la apariencia que debe mostrar un príncipe, dice: “Y los hombres en general juzgan más por los ojos que por las manos; porque a todos les es dado ver, pero pocos sentir. Todos ven lo que tú aparentas, pero pocos sienten lo que eres, y estos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría…” (El príncipe, XVIII).

Nótese que Sade le atribuye a la falsedad el medio más seguro para tener éxito. Aturdir al interlocutor con falsas apariencias para persuadirlo es la forma de triunfar. El éxito, el triunfo tiene como principio fundamental el uso persuasivo de la falsedad. Siendo falsos proyectamos la imagen que queremos que perciban, y a partir de esa falsa percepción tenemos el triunfo garantizado. Maquiavelo también sabía esto. Sabía que la apariencia es fundamental para proyectar una imagen en la que todos crean, y a partir de esta falsa proyección, asegurarse no sólo la credibilidad de la mayoría sino el éxito en cualquier empresa.

La pregunta fundamental es entonces: ¿la falsedad puede ser considerada una virtud?

El éxito es la meta fundamental que caracteriza nuestra época actual. Nótese el caso interesante del fuerte mercadeo que hacen las instituciones de enseñanza en la actualidad. La educación en las universidades se mercadea en función del éxito. La formación no es el ideal, sino el estatus del éxito. Se estudia no para saber, sino para alcanzar éxito. La palabra éxito que promueven las universidades en sus carreras hace que el potencial estudiante matricule no por el contenido curricular, esto es, su calidad y profundidad, sino por la lavativa perceptual que le hace creer que en dicha universidad alcanzarán el éxito.

El aturdimiento, en este caso el bombardeo publicitario, logra persuadir al potencial estudiante ansioso de alcanzar el éxito. A partir de este momento, ¿triunfa el estudiante? Posiblemente él no, pero sí la universidad… La educación misma está cayendo en el vicio de la falsedad.

Uno podría formular muchas preguntas de contenido ético. Por ejemplo: ¿es correcto triunfar engañando personas? O bien, ¿es correcto triunfar siendo falso? Ser falso es un derecho de la persona que practica la falsedad. Si esta falsedad supone la mentira como condición necesaria para alcanzar el éxito, entonces la pregunta ética versa sobre la mentira: ¿es correcto mentir para alcanzar el éxito? En este punto hay que considerar si falsedad y mentira pueden equipararse, pese a que en sus significados, la palabra falso quiere decir que miente.

Más allá de hacer reflexiones éticas sin sentido. Es mejor advertir algo: hay personas falsas. Y esto quiere decir que hay personas que tratarán de persuadirnos para que creamos un argumento falso que pretende pasar por verdadero con el único fin de alcanzar algo: el triunfo. Ahora, si el triunfo significa que nosotros podríamos ser una potencial víctima, entonces hay prestar mayor atención a ese mundo de palabras dirigidas a nosotros. Puede que todas ellas sean bellas y elocuentes. Pero es posible que tal belleza y elocuencia sean falsas. Nosotros seríamos el motivo de triunfo de alguien que nos usó como un simple objeto de sus mentiras.
Razón tiene Maquiavelo al afirmar que todos ven lo que aparentamos, pero pocos sienten lo que somos. Y razón tiene el marqués de Sade, al considerar que al aturdir con falsas apariencias persuadimos, y a partir de ese momento triunfamos. ¿Es esto inmoral? No quiero tomar una posición aquí. Lo que puedo decir es que todo ello es una realidad. La falsedad está ahí. Ya sea que la consideremos para alcanzar objetivos (triunfos…), ya sea que seamos víctimas de esta falsedad. En esto, hasta cierto punto, casi todos hemos sido víctimas de un engaño; esto es, hemos sido víctimas de personas falsas.

Dado que cotidianamente convivimos con un mundo atiborrado de falsedad, conviene ser precavidos. Ser precavidos quiere decir confiar menos de manera ciega. La confianza es algo que se da y se gana con el tiempo. Aún las palabras más verosímiles pueden venir al mundo llenas de falsedad.

Algunos pueden considerarlo un estado de paranoia. Personalmente lo veo como algo sano. Me refiero a lo que me gusta llamar el principio cartesiano, esto es, someter a duda casi todo. El principio cartesiano es un buen procedimiento aplicado a la vida existencial. Y donde reina la falsedad, qué mejor forma de proceder sino sometiendo a duda algunas cosas cuando no se presentan claras y distintas… Y si por alguna razón se presentaran muy claras y distintas, con mucha más razón dudar metódicamente de ellas…

Publicado por Wilmer Casasola R

Los rumores como plumas en el camino


Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.
Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:
"Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?", a lo que el hombre respondió: "Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas".
El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas.
Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado", a lo que el sabio contestó: "Esa es la parte más fácil.
Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas".
El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna.
Al volver, el hombre sabio le dijo:
"Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".
Es sencillo tirar las plumas por el camino y casi imposible recuperarlas, así es también con los rumores y los chismes, no lleva mucho tiempo esparcirlos, pero una vez hecho, uno nunca puede deshacer el daño realizado.

La Falta de Atención a lo Eterno


Una forma específica de imprudencia es la que se funda en la separación, en la ruptura entre valoración prudencial y orientación histórico-salvlfica del vivir (cf J. RIVIÉRE, Sur te devoir d'imprévoyance). No son los pecadores, sino los prudentes los que están expuestos al desafío del escándalo de la cruz (Gál 5,1 I). La resistencia a las provocaciones del misterio determina las reducciones de horizonte que aprisionan en la lógica férrea de lo penúltimo y embotan la sensibilidad respecto a la promesa: la realidad que funda la, confianza y el contexto de las decisiones magníficas y magnánimas que hacen bello y honesto el vivir (cf D. BONHÓFFER, Ética, 22ss).

Cuando la luz no esclarece la intéligencia del vivir, las decisiones, aunque se contrasten las incertidumbres frustradas de las crisis de las ideologías, se toman basándose en aquella racionalidad reductiva que legitima los humanismos y pretende avalar con el crisma que es propio de los valores finales las propuestas de los bienpensantes.

La obediencia al misterio en lo que tiene de paradójico, arriesgado, locura, necedad, es la prerrogativa de los seguidores del Dios crucificado, el camino de los que se dejan construir como icono de Dios. Lo humano es autónomo; pero deriva de Dios, vive en él, tiende a él; prescindir de este contexto es falsificar la realidad, sustraerse a la verdad: Si se pone entre paréntesis la salvación final, la decisión se convierte en cálculo; no es ya riesgo, confianza, esperanza. Esta reducción de perspectiva influye también en la atenuación de la vigilancia respecto a las resistencias al bien legitimadas con los sofismas que se adornan con el marchamo de la experiencia y de la sabiduría (cf 1 Cor 1,22ss). Toda esta situación se acentúa cuando se conjuga con el inquieto vagar de la fantasía, que se concentra en los riesgos y peligros que acompañan el camino del justo.

Muchas valoraciones imprudentes y erróneas brotan de la inmoderada representación de las violencias, de la privación de libertad, de las situaciones de que a menudo son víctimas quienes practican la justicia. La resistencia a los perseguidores debe combinarse con el control de las representaciones necróforas que pululan en lo intimo, ofuscan la mente y retrasan el camino.

Las mentalidades que todo lo calculan con el metro del interés, del poder, de la autoafirmación; que para conseguir sus fines ceden a la manipulación, a la explotación de los otros, basándose en la lógica de los resultados inmediatos, carentes de toda perspectiva del bien humano, son cómplices y aliados de las situaciones cuya violencia experimentan los justos.