Desde la venida de Jesús la riqueza perdió el sentido que tenía de ser considerada como signo de bendición de Dios. Jesús desacralizó la riqueza: la dejó en su significación natural. Le quitó al dinero su poder sobre los hombres. Si el dinero sigue teniendo tanto poder en nosotros esto quiere decir que no nos apoyamos suficientemente en su victoria. Pablo insiste en el antagonismo existente entre avaricia y Reino de Dios. En tres listas que él confecciona de vicios incompatibles con la fe en Dios se nombra expresamente la idolatría. Se trata de 1 Corintios 5,9-13; 6,9-11 y Gálatas 4,19-21. Podemos detectar en estas enumeraciones que una de las realidades básicas en las que se puede dar la idolatría es el dinero: El codicioso, el tramposo, el ladrón es un idólatra, que acarrea con su actitud enemistades, discordias, rivalidades, egoísmos y envidias. La idolatría aparece como elemento destructor de las relaciones humanas.
En un par de textos más Pablo relaciona explícitamente a la idolatría con el dinero. Dice que “los explotadores, que sirven al dios dinero, no tendrán parte en el Reino de Cristo y de Dios” (Ef 5,5). Y en otra carta exhorta a apartarse de: “la codicia, con la que uno se hace esclavo de ídolos” (Col 3,5). En estos dos textos codicia e idolatría son sinónimos. El término codicia, que en el original griego literalmente significa “tener más”, connota ambición, avidez, abundancia, arrogancia. El ídolo sería, por lo tanto, el dinero, pero no como una realidad en sí misma, sino la posesión del dinero como poder para desear y extraer más dinero de otros, creando enemistad y discordia. De ahí la identificación de idólatra con codicioso, ladrón y tramposo.
Todos los textos de Pablo afirman el carácter antagónico de la idolatría con la realidad cristiana. En 1 Corintios 5,9-13 se ordena excluir de la comunidad cristiana a los idólatras. La codicia es incompatible con el ser cristiano. El apóstol no ordena apartarse de los idólatras, pues para eso habría que salirse de este mundo; pero sí ordena que sean expulsados de la comunidad. En 1 Corintios 6,9-11 y Gálatas 4,19-21 se afirma que los idólatras “no heredarán el Reino”. En 1 Corintios 10,14-17 se excluye al idólatra de la comunión, presentada aquí como solidaridad con el cuerpo del Mesías y de la comunidad. El dinero como ídolo destruye esta solidaridad, destruye el Cuerpo del Mesías
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sábado, 31 de enero de 2009
El Dinero
¿Cuánto ganas al día?- Papi, ¿cuánto ganas por hora? - con voz tímida y ojos de admiración,un pequeño recibía así a su padre al término del trabajo.El padre dirigió un gesto severo al niño y repuso: - Mira hijo, esosinformes ni tu madre los conoce. No me molestes que estoy cansado.- Pero papi, -insistía- dime por favor ¿cuánto ganas por hora?La reacción del padre fue menos severa. Sólo contestó:- Cuatro soles por hora.- Papi, ¿me podrías prestar dos soles? - preguntó el pequeño.El padre montó en cólera y tratando con brusquedad alniño le dijo: -Así que, esa era la razón de saber lo que gano. Vete a dormir y no memolestes, muchacho aprovechado.Había caído la noche. El padre había meditado sobre lo sucedido y sesentía culpable. Tal vez su hijo quería comprar algo.En fin, descargando su conciencia dolida, se asomó al cuartode su hijo. Con voz baja le preguntó al pequeño:- ¿Duermes hijo?- Dime, papi - respondió entre sueños.- Perdóname por haberte tratado con tan poca paciencia; aquí tienes eldinero que me pediste, - respondió el padre.- Gracias papi - contestó el pequeño y metiendo sus manitas debajo dela almohada, sacó unas monedas.- Ahora ya completé. Tengo cuatro soles. ¿Me podríasvender una hora de tu tiempo? - preguntó el niño.
Jesús Venció el Poder del Dinero
Jesús identifica a la idolatría con el servicio al dinero: “Ningún servidor puede quedarse con dos patrones, porque verá con malos ojos al primero y amará al otro, o bien preferirá al primero y no le gustará el segundo. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al dinero (Mammón)”. Nótese que no se trata del dinero en sí, sino de servir al dinero, ser esclavo de él. Esto no quiere decir que los bienes terrenos constituyan en sí un dios que se opone a Dios. Es el hombre, con su actitud, quien puede divinizarlos y convertirlos en un rival de Dios. Y de hecho con frecuencia se da esta alternativa entre Dios y el dinero. Así pasó con Judas, que prefirió las treinta monedas antes que al Maestro (Mt 16,14s).
Servir al dinero es entregarse a él, aceptando que las riquezas son equivalentes a Dios. Por eso la enérgica contraposición de Jesús, que no sólo pone frente a frente a Dios y a “Mammón”, sino que exige a sus seguidores una opción exclusivista. De ahí la imprecación contra los ricos “porque ya tienen su consuelo” (Lc 6,24), declarándolos excluidos de las bienaventuranzas precisamente porque su fuente de seguridad y alegría es el dinero y no Dios.
¿Por qué Jesús pone frente a frente el servicio a Dios y al dinero? Porque el culto al dinero lleva a derramar la sangre del pobre, en las múltiples formas concretas que la explotación y opresión asumen en la historia humana. Y si al pobre se le quita aunque sea parte de la vida a la que tiene derecho, entonces se está en contra del Señor de la vida, Padre de todos.
La idolatría del dinero, de ese fetiche que es producción humana, está indesligable y provocativamente vinculada a la ruina y la muerte del pobre. Por eso es que, yendo a la raíz, la idolatría va contra el Dios de Jesús que es el Dios de la vida. El dios-dinero se alimenta de víctimas humanas. Por eso Jesús nos lanza la disyuntiva de elegir entre el Dios de la vida y los dioses de la muerte...Jesús da un paso más, que sólo había sido insinuado por los profetas (Am 6,6): Condena el egoísmo del que no se preocupa de compartir lo que le sobra. Es el caso de Epulón y Lázaro (Lc 16,19-31) y el del rico insensato (Lc 12,16-20).
En Epulón se destaca su egoísmo. No se dice que sea condenado por injusto, sino sencillamente porque ni se enteró de que a su puerta alguien necesitaba con urgencia las migajas de su mesa. El segundo rico no es descrito como ambicioso, ni injusto, pero ante la prosperidad sólo piensa en sí mismo: “Túmbate, come, bebe y date a la buena vida”. Aunque su cosecha sea muy abundante, su horizonte es muy limitado: ni Dios, ni el prójimo entran en su perspectiva.
Pero la parábola no condena sólo su egoísmo: ataca también su confianza en sus bienes; cree que todo depende de ellos, y que cuando se tiene en abundancia no hay que preocuparse de nada más. Acumula porque es egoísta, pero es egoísta porque piensa que la abundancia de bienes constituye lo único seguro en esta vida. Esta parábola nos enseña que para idolatrar las riquezas no es preciso robar; basta ser egoísta, negándose a compartir los bienes, y poner la confianza en ellos. Esta misma es la enseñanza terrible de las “malaventuranzas”: son condenados los que sólo se preocupan de su consuelo, de estar satisfechos y pasarlo bien (Lc 6,24-26).
Servir al dinero es entregarse a él, aceptando que las riquezas son equivalentes a Dios. Por eso la enérgica contraposición de Jesús, que no sólo pone frente a frente a Dios y a “Mammón”, sino que exige a sus seguidores una opción exclusivista. De ahí la imprecación contra los ricos “porque ya tienen su consuelo” (Lc 6,24), declarándolos excluidos de las bienaventuranzas precisamente porque su fuente de seguridad y alegría es el dinero y no Dios.
¿Por qué Jesús pone frente a frente el servicio a Dios y al dinero? Porque el culto al dinero lleva a derramar la sangre del pobre, en las múltiples formas concretas que la explotación y opresión asumen en la historia humana. Y si al pobre se le quita aunque sea parte de la vida a la que tiene derecho, entonces se está en contra del Señor de la vida, Padre de todos.
La idolatría del dinero, de ese fetiche que es producción humana, está indesligable y provocativamente vinculada a la ruina y la muerte del pobre. Por eso es que, yendo a la raíz, la idolatría va contra el Dios de Jesús que es el Dios de la vida. El dios-dinero se alimenta de víctimas humanas. Por eso Jesús nos lanza la disyuntiva de elegir entre el Dios de la vida y los dioses de la muerte...Jesús da un paso más, que sólo había sido insinuado por los profetas (Am 6,6): Condena el egoísmo del que no se preocupa de compartir lo que le sobra. Es el caso de Epulón y Lázaro (Lc 16,19-31) y el del rico insensato (Lc 12,16-20).
En Epulón se destaca su egoísmo. No se dice que sea condenado por injusto, sino sencillamente porque ni se enteró de que a su puerta alguien necesitaba con urgencia las migajas de su mesa. El segundo rico no es descrito como ambicioso, ni injusto, pero ante la prosperidad sólo piensa en sí mismo: “Túmbate, come, bebe y date a la buena vida”. Aunque su cosecha sea muy abundante, su horizonte es muy limitado: ni Dios, ni el prójimo entran en su perspectiva.
Pero la parábola no condena sólo su egoísmo: ataca también su confianza en sus bienes; cree que todo depende de ellos, y que cuando se tiene en abundancia no hay que preocuparse de nada más. Acumula porque es egoísta, pero es egoísta porque piensa que la abundancia de bienes constituye lo único seguro en esta vida. Esta parábola nos enseña que para idolatrar las riquezas no es preciso robar; basta ser egoísta, negándose a compartir los bienes, y poner la confianza en ellos. Esta misma es la enseñanza terrible de las “malaventuranzas”: son condenados los que sólo se preocupan de su consuelo, de estar satisfechos y pasarlo bien (Lc 6,24-26).
Una lección de cortesía y urbanidad
En cierta ocasión Tomás Jefferson, quién entonces era presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, caminaba por una vía de la capital junto a un importante empresario. Mientras hablaban de diversos asuntos, un esclavo negro se cruzó con ellos y al reconocer al estadista lo saludó con gran cortesía. El presidente devolvió el saludo con mucha amabilidad y el empresario quedó sorprendido por el hecho, diciendo:
- Pero señor presidente, ¿Cómo es posible que usted se moleste siquiera en saludar a ese esclavo negro? - ¿Cree usted – contestó Jefferson – que es bueno que un esclavo supere a un presidente en normas de cortesía y urbanidad?
En nuestra vida cotidiana ¿somos capaces de comportarnos como el presidente o más bien pensamos como el empresario?
¿Cuántas veces juzgamos y tratamos a los demás en función de nuestra posición económica, laboral y/o social?
¿Cuántas veces dejamos de saludar al que barre en la calle o el que maneja un autobús?
¿Cuántas veces vemos con desdén al peatón que se nos atraviesa?
¿Cuántas veces tratamos a conserjes y personal doméstico como seres inferiores?
¿Cuántas veces en el trabajo damos a nuestros superiores un mejor trato que el que ofrecemos a nuestros subordinados?
¿Cuántas veces nuestros amigos reciben más atención que nuestra pareja o nuestros hijos?
¿Cuántas veces…….?
¿Seremos capaces un día de tratar a todo el mundo por igual sin importar el dinero, la posición social, el color de la piel, la nacionalidad, su posición política y/o su fe religiosa?
Publicado por Felipe Sangiorgi
- Pero señor presidente, ¿Cómo es posible que usted se moleste siquiera en saludar a ese esclavo negro? - ¿Cree usted – contestó Jefferson – que es bueno que un esclavo supere a un presidente en normas de cortesía y urbanidad?
En nuestra vida cotidiana ¿somos capaces de comportarnos como el presidente o más bien pensamos como el empresario?
¿Cuántas veces juzgamos y tratamos a los demás en función de nuestra posición económica, laboral y/o social?
¿Cuántas veces dejamos de saludar al que barre en la calle o el que maneja un autobús?
¿Cuántas veces vemos con desdén al peatón que se nos atraviesa?
¿Cuántas veces tratamos a conserjes y personal doméstico como seres inferiores?
¿Cuántas veces en el trabajo damos a nuestros superiores un mejor trato que el que ofrecemos a nuestros subordinados?
¿Cuántas veces nuestros amigos reciben más atención que nuestra pareja o nuestros hijos?
¿Cuántas veces…….?
¿Seremos capaces un día de tratar a todo el mundo por igual sin importar el dinero, la posición social, el color de la piel, la nacionalidad, su posición política y/o su fe religiosa?
Publicado por Felipe Sangiorgi
¿Importancia a lo material?
Autor: Dr. Adrián Rogers.
Libro: " El secreto de la satisfacción"
En el periódico "Charlotte Observer" salió un interesante artículo llamado:
"La era de muertos vivientes". Un reportero del periódico fue a la Facultad
de Administración de empresas de la Universidad de Duke para investigar las metas y ambiciones de los alumnos que estudiaban para obtener su maestría en administración de empresas.
Con muy pocas excepciones, éstas eran sus metas: dinero, poder y cosas, Y
aquellos estudiantes querían cosas muy grandes como casas para vacacionar,
automóviles costosos, yates y aviones.
Su principal interés era su carrera y el crecimiento de sus inversiones financieras. Sus planes personales daban muy poco lugar a la familia, al desarrollo intelectual, al crecimiento espiritual, a la responsabilidad social, o incluso a la administración más efectiva.
El reportero procedió a citar a un psicólogo llamado Eric Braun, que hizo una de las preguntas más penetrantes que he escuchado en mucho tiempo..
Observando a las personas que piensan que sus vidas consisten en la abundancia de sus posesiones, el Dr. Braun preguntó: " Si yo soy lo que poseo y lo que yo poseo se pierde, entonces ¿Quién soy?.
Esta es la razón por la cual las personas se arrojaron de los edificios durante el período de la Gran Depresión de los Estados Unidos.
Ellos equipararon lo que eran con lo que poseían, y cuando perdieron sus posesiones, no quedó nada. Si usted quiere ver lo que en realidad posee y lo que es en realidad, haga cuentas de todo lo que tiene que el dinero no puede comprar, ni la muerte le pueda arrebatar y entonces sabrá cuáles son sus verdaderas riquezas.
El dinero nos puede cambiar.
En cierta ocasión un joven pobre pero emprendedor fue a visitar a un viejo sabio, con quién inició una larga conversación. El joven le contó de sus sueños, sus deseos de superación y cómo pensaba volverse rico en unos pocos años. Lo tenía todo bien planeado: las metas que debía alcanzar, los caminos que debía seguir, el esfuerzo continuo que debía realizar. Es más, desde hacía ya un tiempo el joven se había puesto a trabajar con ahínco y ya tenía andado una parte del camino que se había trazado. El sabio observaba que en el joven confluían un enérgico entusiasmo, una consistente perseverancia y una claridad de ideas que sin lugar a dudas lo llevaría al éxito en su cometido.
Luego de tanto hablar, el joven le dijo al viejo:
- Se que cuando sea rico, cuando tenga dinero, joyas, oro y plata, mi vida va a cambiar. ¿Tendrá algún consejo para cuando llegue ese momento?
Con calma y dulzura el viejo se levantó de su asiento, tomó al joven de la mano y lo acercó a la ventana.
- Mira – le dijo -¿Qué ves?.
- Veo gente – respondió el joven
Entonces el sabio giró y lo llevó ante un espejo que se encontraba en una esquina de la sala, se apartó ligeramente y le preguntó:
- ¿Y ahora qué ves?
- Ahora me veo yo, me veo a mí mismo – dijo el joven con tono muy seguro.
- ¿Entiendes? – preguntó el sabio – En la ventana hay vidrio y en el espejo hay vidrio. Pero el vidrio del espejo tiene un poco de plata. Y cuando hay un poco de plata uno deja de ver gente y comienza a verse solo a sí mismo.
El dinero no es malo de por sí. Es necesario y bueno tener dinero. El problema es cuando toda nuestra existencia gira en torno al dinero, entonces sin darnos cuenta nos podemos volver sus esclavos.
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Publicado por Felipe Sangiorgi
viernes, 30 de enero de 2009
El Orgullo De Las Riquezas
El autor de la carta 1 Timoteo, como resumiendo el mensaje de Pablo y de los evangelios sinópticos, da el siguiente consejo: “Exige a los ricos que no se pongan orgullosos, ni confíen en riquezas, que siempre son inseguras. Que más bien confíen en Dios, que nos lo proporciona todo generosamente para que gocemos de ello” ( 6,17). Y Santiago critica duramente a algunos hacendados, no sólo porque no pagaron dignamente a sus cosechadores (5,4), sino además porque “no buscaron más que lujo y placer en este mundo, y lo pasaron bien mientras otros eran asesinados” (5,5).Podemos concluir que según el mensaje del Nuevo Testamento es imposible cualquier reconciliación entre la idolatría al dinero y el espíritu del Padre Dios. El espíritu de Dios es gracia, gratuidad, mansedumbre; el espíritu del dinero es dominación, orgullo, agresividad. El espíritu de Dios es amor y no apego: compartir; el espíritu del dinero es egoísmo y avaricia: competir.
El dinero es lo primero que convierte al hombre en lobo para el hombre; el espíritu de Dios es simple y abierto; es limpio como una copa de cristal. La idolatría al dinero es torcida, disimulada, tiene dos caras, actúa en la obscuridad; Dios actúa a la luz. El espíritu del dinero consiste en utilizar su propio poder para intentar crearse su propio paraíso, y por ello utiliza a los débiles para que le sirvan de pedestal para alcanzar la gloria...
Cada hombre o mujer que vive el espíritu de las bienaventuranzas ha vencido ya el poder idolátrico de la plata. Jesús ha vencido al poder del dinero. Dios ya no se relaciona más con el dinero, porque es obra muerta!.
La Verdadera riqueza ante los ojos Dios
El Papa Juan Pablo II pidio reflexionar sobre la vanidad de la riqueza material, y señaló que “es mejor ser pobre y vivir unido a Dios”.El Papa habló sobre la "Vanidad de las riquezas".
Ante unas 19 mil personas, el Santo Padre explicó que el salmista "debe afrontar 'días tristes', porque le rodea la iniquidad de los traidores', que 'se jactan de su mucha riqueza'. La conclusión a la que llega el justo es que 'la mucha riqueza' no es una ventaja; todo lo contrario, es mejor ser pobre y vivir unido a Dios".
Según el texto, el rico "está convencido de que va a lograr 'comprarse' incluso la muerte, intentado casi corromperla, como ha hecho para poseer todas las demás cosas, es decir, el éxito, el triunfo sobre los demás en ámbito social y político, la prevaricación impune, la saciedad, las comodidades, los placeres".
Juan Pablo II señaló que "el destino final del rico, por mucho dinero que esté dispuesto a ofrecer, será inexorable. Como todos los hombres y mujeres se encaminará a la tumba y tendrá que dejar en la tierra el oro que ha amado tanto, aquellos bienes materiales tan idolatrados".
"Jesús dirige a los que le escuchan esta pregunta inquietante: '¿Qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?'. No es posible ningún cambio porque la vida es don de Dios, que 'tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre'", indicó el Papa.
Juan Pablo II
La posición social de Jesús de Nazaret...
No existe secreto ni es necesario un alto grado de erudición para entender la vida de Jesucristo en la tierra como hombre.Jesucristo ha sido el ser de mayor investigación humana y ferozmente se ha puesto en dudas por los incrédulos a través de los siglos.Vamos a separar por un momento la divinidad de su ministerio, y nos vamos a concentrar en la sencillez de su estancia terrenal con un lenguaje sencillo.Jesucristo nació en un pesebre dentro un hogar humilde, de padre y madre humilde, en un pueblo humilde y creció sin ningún grado de educación elemental ni universitaria. Tampoco tenía riqueza material en aquella época en donde la humanidad vivía fuera de cualquier forma de vida agradable a los ojos de Dios.Su profesión como carpintero y su relación con las personas pobres materialmente son una muestra de su desenvolvimiento dentro de la sociedad de aquel entonces, cuando nadie imaginaba que proclamaría ser el enviado y el hijo de Dios.Cuando Jesucristo comenzó a los 30 años su ministerio públicamente revolucionó al mundo entero con sus enseñanzas y la plena seguridad con que hablaba.Las personas se maravillaban, porque todo lo que decía era verdad y lo decía como quién conocía los pensamientos e intenciones de cada uno. Al mismo tiempo preocupaba a los sacerdotes de entonces, a los que tenían el poder, los ejércitos, la riqueza y a los que hacían las leyes.Sería entonces en los siguientes 3 años, que Jesucristo se vuelve el maestro y amigo de los pobres, con mensajes de paz, amor y con su dedicada labor a los afligídos, a los enfermos y desposeídos.Enseñó al humano que la pobreza material es un estado sagrado y dignificó el trabajo con humildad, con esfuerzo y sudor como carpintero antes de comenzar su ministerio.La doctrina de Jesucristo fue impecable, fue dada a todos y todas que le escucharon y llamaba a los de corazón duro con una simple palabra que exclamó en muchas ocasiones.El llamado al arrepentimiento, recordando a todo mundo de la naturaleza de Dios y que cada quién tenía el alma como parte de ella. Sin temor y con serenidad elevó su voz para reprender y censurar que la vida estaba llena de hipocresía, perdición, avaricia, formalismos, odio, venganza, esclavitud y que se debía regenerar el carácter y la manera de conducirse en la vida.La vida social de Jesucristo, estuvo llena de humildad, sencillez y amor; a la vez siempre demostró su repudio a las cosas vanas y que corrompían al ser humano en su espiritualidad y unidad, por ello nunca toleró la división.No tuvo lugares fijos para dirigirse a las multitudes, no pertenecía ni representaba a ningún grupo específico, sencillamente creció y se desarrolló dentro de los pobres materialmente y demostró que las cosas materiales no hacen al hombre ni daban el brillo al alma.Los eruditos de entonces, los conocedores de la ley, los libres pensadores, los que estaban en el poder y gran parte de la nación no dudaron nunca de que tenían entre ellos un enemigo en común, puesto que Jesucristo nunca perteneció, ni agarró partido y nunca se asoció con nadie de ellos.Su fortaleza y sabiduría eran ajenas a ellos, pues tampoco recibió instrucción de nadie y nunca basó sus enseñanzas en conocimientos filosóficos, científicos ni humanos de la época.Jesucristo nunca perteneció a ninguna entidad, institución o corriente política que haya nacido en la mente del hombre.Jesucristo nunca enseñó con difíciles conceptos ni artes de escritura; siempre habló en parábolas que sustentó con la misma naturaleza y con ejemplos del mal que existía en la humanidad.Nunca escribió sus enseñanzas ni creó docenas de libros; todo lo que enseñó lo hizo con extremada didáctica y con abundancia de amor y entendimiento.Nunca buscó enaltecerse a si mismo, todo fue en nombre de quién le envió y nunca buscó ni puestos, ni posiciones, ni poder.Jesucristo nunca obligó a nadie, no utilizó armas ni metodologías inhumanas para sembrar su doctrina, una doctrina que es universal porque trascendió más allá de el país donde nació y que se basa en "Amor y Paz". Jesucristo está más vivo que nunca, y no ha habido ni habrá alguien sobre la faz de la tierra como El, porque su reino no es de este mundo.Serían los evangelistas que después dejarían escrita la vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret para la bendición de las generaciones venideras a las que todos nosotros pertenecemos.
jueves, 29 de enero de 2009
La Verdadera Riqueza... ¡EL AMOR EN EL ALMA!
Vivimos en un mundo materialista, donde el ser humano ha quedado en un segundo plano. Ya no importa cúales son tus sentimientos, qué sentido das a la vida,cuales son tus sufrimientos,qué piensas, etc. sino que más bien sentimos que.... " Cuanto tienes, cuanto vales".Con demasiada frecuencia, vemos como las personas, destruyen sus familias, se angustian, se deprimen, se vuelven egoístas, mienten, calumnian, atropellan a los demás, en aras de conseguir sus deseos materiales, dinero, poder, status,etc. para alcanzar ...¿ La felicidad?
Creo que vale la pena hacer un alto en el camino y detenerse a pensar. De ser así, los pobres, los humildes, los harapientos, los que sufren hambre....¿ No valen nada?..y...¿No pueden ser felices?
Y ...¿qué pasa si no conseguimos todo lo que queremos?
La envidia, el peor mal que existe dentro de nosotros, se apodera de nuestra mente, generando odio y resentimiento contra todo aquel que posea "algo" de lo que nosotros no logramos conseguir. Se puede llegar a los extremos, incluso, envidiar hasta la forma de ser y de pensar del otro....y tratar por todos los medios de aniquilarlo.
Me pregunto...¿Qué se consigue con esto?....¿Ser feliz mirando sufrir a otros?
Se enferma el alma, y, cuando eso ocurre, lo único que puede sanarla es el amor.
Me parece que la vida es para compartir, lo poco y nada que tengamos. Nunca seremos tan pobres para no tener una sonrisa, una caricia, un abrazo, un "te amo" dicho desde el alma, escuchar, extender tus manos hacia quien te necesita, mirarlo a los ojos, ponerse en su lugar, pedir por favor y dar las gracias. Gestos tan sutiles y tan simples, que pueden derribar barreras.
El amor del alma es la mayor riqueza. Si dices amar a Dios, ama también a tu prójimo, de verdad y con verdad aunque duela escucharla. Perdona y perdónate a tí mismo. Dios quiere que seamos felices...amándonos, perdonándonos, entregándonos con dedicación a quienes más sufren y nos necesitan.
M. Rebeca Cuevas Vásquez
http://www.sagradoweb.com/reflexiones/amor.htm
miércoles, 28 de enero de 2009
Legalismo Religioso o Fariseísmo Moderno
“A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aún como éste publicano; Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aún alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será exaltado.” Lucas 18:9-14. Los fariseos eran legalistas religiosos que habían logrado desarrollar un método de interpretación de los libros de la ley, la cual requería prácticas minuciosas y detallistas para llegar a la santidad. Los fariseos confiaban en su conocimiento meramente intelectual, en su interpretacion tradicional de las leyes de Dios y se consideraban a sí mismos justos, exáltandose por creerse más buenos, o más santos o más religiosos o más sabios que los demás.
Jesús les llamó hipócritas porque “aparentaban” ser justos, pero su corazón estaba lleno de maldad. Los legalistas creen que poseen la verdad, y atacan a todo aquel que disienta de sus interpretaciones, o defienden su verdad a capa y espada. Nosotros sabemos que la Palabra de Dios no necesita que nadie la defienda, la Palabra de Dios se defiende sola. La Biblia es un libro que esta vivo y que habla a cada cual según sus necesidades personales, y habla además a diferentes grupos de personas, gentiles, cristianos, y judíos en lo general. La Biblia va mucho más alla de interpretaciones religiosas. No se puede encajonar, porque la verdad no se puede encerrar. La Palabra de Dios va hasta donde Dios quiere y hace lo que Dios quiere que haga, sin tomar en cuenta nuestra volición.
“Cuando vió esto el fariseo que le habia convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora... Y a ella [Jesús] le dijo, tus pecados te son perdoandos. Y los que estaban juntamente sentados a la mesa [fariseos], comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste que también perdona pecados? ” Lucas 7:39 y 49
Los fariseos se caracterizan por criticar y después juzgar todo lo que los rodea, creyendo que son mejores que los demás. Ven la paja en el ojo ajeno, pero no ven la viga en el propio. Murmuran entre sí e inyectan dudas a los que los rodean respecto a determinada persona, por lo general alguien que no es fariseo como ellos. Pueden perjudicar grandemente a una persona creyendo firmemente que estan sirviendo a Dios, creen que los motiva la justicia, cuando en realidad Satanás está detrás de cada una de sus murmuraciones, contiendas y dudas. Los fariseos son como "aves de mal agüero", su presencia presagia peligro.
Aparte de creer que saben todo, que son justos, sabios y santos, los fariseos no son capaces de reconocer cuándo Dios está actuando con poder en la vida de alguien, sino que, sin empacho alguno, emiten su juicio: Está endemoniado. También y por la misma naturaleza corrupta de sus corazones son personas que pueden ser usadas por el diablo para tratar de tentar a los hijos de Dios. El legalista trabaja sutilmente, sabe usar las palabras con los acentos adecuados para provocar las reacciones deseadas, y actúa creyendo sinceramente que lo que hace lo hace para servir a Dios. También autojustifican diciendo que son buenos porque nunca han matado a nadie, porque van a la iglesia, ayunan, oran, pero no se dan cuenta que sus lenguas se mueven con la velocidad de la serpiente, para fluminar a otros. Los fariseos levantan el dedo acusador para desviar la atención de los demás, para que nadie se de cuenta de sus propios pecados, de la triste condición de su pobre corazón entenebrecido.
“Ahora bien, vosotros los fariseos, limpian lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estan llenos de rapacidad y de maldad. Necios, el que hizo lo de afuera, no hizo también lo de adentro? Lucas 11:39
En este pasaje de la escritura, los fariseos se alarmaron porque Jesús no se lavó las manos antes de comer. ¡Hasta en eso se fijaban! Los legalistas buscan los más mínimos defectos en los siervos de Dios, los juzgan, levantan contienda y division en contra de ellos, hasta despedazarlos. Lo hiceron con Jesus, al cual asesinaron por no sopartar que fuera diferente, que predicara la LIBERTAD de alabar a Dios por sus maravillas, porque predicó a los pecadores y se sentaba a comer y beber con ellos. ¡Los fariseos no pueden sentarse a comer y beber con pecadores, porque los juzgarán por sus pecados!
Los legalistas cuidan mucho las apariencias, pero se olvidan facilimente del amor y la justicia de Dios. Si Dios fuera legalista, desde cuando todos nosotros estuviéramos muertos. Pues la palabra de Dios dice que POR CUANTO TODOS pecaron están destituidos de la gracia de Dios. Y que aquél que se dice libre de pecado, aparte de estar mintiendo, hace a Dios mentiroso. Ese es el primer paso para NO SER legalista. Tener compasión por los pecadores, y reconocer que nosotros estamos o estuvimos ahí, y por LA GRACIA DE DIOS, y no por nuestras obras, fuimos salvos. Y si Dios lo hizo conmigo, y contigo, lo puede hacer con todos los pecadores que se arrepientan. Por lo tanto, tenemos que amarlos como Cristo amó a su iglesia, y dio su vida por ella. Nosotros debemos predicar arrepentimiento en amor, y la justicia debemos dejársela a Dios.
¡Ay de ustedes, fariseos! Que aman las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócristas! Que son como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben. Lucas 11: 43-44
Desgraciadamente, los fariseos están activos y vivos en la iglesia de hoy, como lo estuvieron hace mas de dos mil años cuando crucificaron al Señor. Se esconden, espían, levantan sus oídos para oír pláticas ajenas, y luego esparcen rumores falsos. Dejan que los incautos confien en ellos y en cuanto éstos se equivocan, abren sus fauces para acusarles y luego devorarles. Confrontar a un legalista es participar de legalismo. Lo primero que dirán es, perdóname, no lo volveré a hacer, pero inmediatamente después toman ofensa, y actúan en consecuencia, preparan planes de destruccion, y los ejecutan. Solo la gracia y el Poder y la proteccion sobrenatural de Dios pueden librarnos de sus maquinaciones. Pero sabemos que lo hicieron con mi Señor, y lo siguen haciendo con los siervos y siervas de mi Señor, hoy en día. ¡Que el mismo Señor les reprenda!¡Ay de ustedes también, intérpretes de la ley! Porque cargas a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero ustedes ni aún con un dedo las tocas! Lucas 11:46¡Ay de ustedes, intérpretes de la ley! Porque habeís quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrastes, y a los que entraban se los impedistes! Diciendoles él estas cosas, los escribas y los fariseos comenzaron a estrecharle en gran manera, y a provocarle a que hablase de muchas cosas; acechándole y procurando cazar alguna palabra de su boca para acusarle. Lucas 11:52-53
Legalismo Religioso o Fariseismo Moderno
Los fariseos legalistas te critican como haces tu servicio al Señor, pero no son capaces de comprometerse ellos mismos en ningun servicio al Señor. Envidian el ministerio que tienes, pero no le piden a Dios que los use en Su servicio. Imponen cargas que uno apenas puede llevar mientras ellos de lejos miran sin intentar ayudar. Si alguno se atreve a crecer en el Señor, de inmediato lo bajan. Ponen trampas y esperan con la paciencia de cazadores a que los incautos o simples caigan en ella, para luego acusarles a gran voz. Los fariseos odiaban a Jesus porque Él era libre, y hablaba con libertad y denuedo la VERDAD. Porque no se sometía a la religion ni vino a imponer una religion nueva, SINO QUE VINO A MOSTRARNOS EL CAMINO AL CIELO por Gracia, no por obras, por eso lo mataron. ¡Demonio tiene, dijeron!“Guardaos de la levadura de los fariseos que es la hipocresía. Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habeís dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habeís hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas.” Lucas 12:1ª-3
Si tu has sido víctima de estas aves rapaces dentro de tu iglesia, lo primero que debes hacer es PERDONARLOS porque no saben lo que hacen, nunca lo han sabido, y si Jesús perdonó a los fariseos de su tiempo que a gritos proclamaban ¡Crucificadle! Nosotros tenemos que perdonarles para que LA SALVACION verdadera llegue a ellos. Tenemos que liberarlos de la ofensa y entregarlos en las manos de Dios. Nosotros sabemos, porque la Biblia dice que ¡Terrible cosa es caer en las manos del Dios vivo! Por lo tanto, y por amor a Cristo, ora pidiéndole a Dios que esos fariseos puedan ver el amor de Cristo en ti, y se arrepientan y se conviertan a Él.
"En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa. Y si hubiere ahí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros." Lucas 10:5-6
http://www.iglesia.net/index.php/estudios-biblicos/leer/legalismo-religioso-o-fariseismo-moderno/
La verdadera Riqueza
Muchas personas malgastan sus energías por acumular riquezas materiales, por tener poder económico y ser reconocidos dentro de su círculo como personas de gran influencia, hasta el punto de olvidarse o descuidar - en esa ambiciosa carrera materialista - de otros aspectos más importantes y sublimes, como lo son el amor y la entrega por nuestra familia, nuestros hijos, y todo cuanto constituye nuestro mundo, la verdadera riqueza; la misma que estando tan cerca de nosotros no la valoramos lo suficiente, y que de perderla, ninguna cuenta bancaria por cuantiosa que sea podrá devolvérnosla. Su efecto es irreversible.Es normal y sano que el ser humano desee progresar y mejorar sus condiciones de vida, y dentro de ello que se esfuerce por alcanzar metas y objetivos, que de conseguirlos le traerán estabilidad física y emocional a él, y a quienes estén bajo su responsabilidad; y eso es agradable a los ojos de Dios porque estamos haciendo lo correcto. Más lo que Dios no ve con buenos ojos es esa ambición desmedida y malsana de aquellos que piensan que el dinero y las satisfacciones materiales lo son todo en la vida, llegando a convertirse en esclavos acérrimos de sus disfrutes, restando toda importancia a los criterios Providenciales.
La verdadera riqueza, la que no se agota, es la que está dentro de tí y de los que te rodean, su origen es espiritual. Tendríamos que estar realmente ciegos para no darnos cuenta de cuan ricos somos interiormente y de todo lo que Dios ha creado para que nuestro espíritu y nuestros ojos se regocijen con tanta maravilla a nuestro alcance. Mucho más cuando podemos disfrutar de ello junto a nuestros seres amados y dar gracias a ese Padre bondadoso porque nos permite alabarlo, caminar, trabajar, producir, hacer el bien de manera desinteresada, y sobre todo, poder decir \"te amo\", o simplemente sonreir ... En ello radica la esencia de nuestra verdadera riqueza espiritual, precioso regalo de Dios.
LA RIQUEZA MATERIAL ES EFÍMERA ... LA RIQUEZA ESPIRITUAL ES ETERNA.
sábado, 3 de enero de 2009
La importancia del DINERO
¿Por qué el dinero ha asumido tan inmensa importancia en nuestra vida? ¿Acaso dependemos exclusivamente de él para nuestra propia felicidad psicológica? Todos los seres humanos necesitamos, pan, abrigo y refugio; esto se sabe. Pero, ¿por qué es que esto tan natural y sencillo para las aves del cielo, ha asumido importancia y significación tan tremenda y espantosa? El dinero ha asumido tal valor exagerado y desproporcionado porque psicológicamente dependemos de él para nuestro bienestar. El dinero alimenta nuestra vanidad personal, nos da prestigio social, nos brinda los medios de lograr el poder. El dinero ha sido usado por la mente con fines y propósitos totalmente diferentes de los que tiene en si mismo, entre las cuales esta cubrir nuestras necesidades físicas inmediatas. El dinero esta siendo utilizado con propósitos psicológicos; esa es la causa por la cual el dinero ha asumido una importancia exagerada y desproporcionada.Necesitamos dinero para tener pan, abrigo y refugio; eso es obvio. Pero cuando el dinero se convierte en una necesidad psicológica. Cuando lo utilizamos con propósitos diversos de los que tiene en sí mismo, cuando dependemos de él para conseguir fama, prestigio, posición social etc., entonces el dinero asume ante la mente una importancia exagerada y desproporcionada; de aquí se origina la lucha y el conflicto por poseerlo.
Es lógico que tenemos necesidad de conseguir dinero para satisfacer nuestras necesidades físicas. (Para tener pan, abrigo y refugio). Pero si dependemos del dinero exclusivamente para nuestra propia felicidad y satisfacción personal, entonces somos los seres más desgraciados de la tierra. Cuando comprendemos profundamente que el dinero sólo tiene por objeto proporcionarnos pan, abrigo y refugio, entonces le ponemos espontáneamente una limitación inteligente; el resultado de esto es que el dinero ya no asume ante nosotros esa importancia tan exagerada que tiene cuando se convierte en una necesidad psicológica.
El dinero en si no es bueno ni malo. Todo depende del uso que hagamos de él. Si lo utilizamos para el bien, es bueno. Si lo utilizamos para el mal, es malo.
Necesitamos comprender a fondo la verdadera naturaleza de la sensación y de la satisfacción. La mente que quiera llegar a comprender la verdad debe estar libre de estas trabas.
Si queremos de verdad libertar el pensamiento de las trabas de la sensación de satisfacción, tenemos que empezar con aquellas sensaciones que son para nosotros más familiares, y establecer allí el adecuado cimiento para la comprensión. Las sensaciones tienen su lugar adecuado y cuando las comprendemos profundamente en todos los niveles de la mente, no asumen la estúpida deformación que ahora tiene. Muchas personas piensan que si todo orden de cosas marchase de acuerdo con el partido político al cual pertenecen y por el cual luchan siempre, entonces tendríamos un mundo feliz lleno de abundancia, paz y perfección. Ese es un concepto falso, porque realmente nada de eso puede existir si antes no hemos comprendido individualmente el verdadero significado de las cosas. El ser humano es demasiado pobre internamente y por eso necesita del dinero y de las cosas para su sensación y satisfacción personal. Cuando alguien es pobre internamente busca externamente dinero y cosas para completarse y buscar satisfacción. Es por eso que el dinero y las cosas materiales han tomado un valor desproporcionado y que el ser humano esté dispuesto a robar, explotar, y mentir a cada instante. A eso se debe la lucha entre el capital y el trabajo, entre patronos y obreros, entre explotadores y explotados, etc.

Son inútiles los cambios políticos sin haber comprendido antes nuestra propia pobreza interior. Pueden cambiarse una y otra vez los sistemas económicos, pueden alterarse una y otra vez el sistema social, pero si no hemos comprendido profundamente la íntima naturaleza de nuestra pobreza interior, el individuo creará siempre nuevos medios y caminos de obtener satisfacción personal a costa de la paz de otros.
Es urgente comprender profundamente la naturaleza íntima de este "mí mismo", si es que realmente queremos ser ricos internamente. Quien es rico internamente es incapaz de explotar al prójimo, es incapaz de robar y de mentir. Quien es rico internamente está libre de las trabas de la sensación y satisfacción personal. Quien es rico internamente ha hallado la felicidad.
Necesitamos dinero, es cierto. Pero es necesario comprender profundamente nuestra justa relación con éste. Ni el asceta, ni el avaro codicioso han comprendido jamás cuál es nuestra justa relación con el dinero. No es renunciando al dinero, ni codiciándolo, como podemos llegar a entender nuestra justa relación con éste. Necesitamos comprensión para darnos cuenta inteligentemente de nuestras propias necesidades materiales sin depender desproporcionalmente del dinero.
Cuando comprendemos nuestra justa relación con el dinero, termina de hecho el dolor del desprendimiento, y el sufrimiento espantoso que nos produce la competencia. Debemos aprender a diferenciar entre nuestras necesidades físicas inmediatas y la dependencia psicológica de las cosas. La dependencia psicológica de las cosas crea la explotación y la esclavitud.
Necesitamos dinero para cubrir nuestras necesidades físicas inmediatas. Desgraciadamente la necesidad se transforma en codicia. El "yo" psicológico, percibiendo su propia vaciedad y miseria, suele darle al dinero y a las cosas un valor distinto al que tienen, un valor exagerado y absurdo. Así es como el "yo" quiere hacerse sentir, deslumbrar al prójimo con las cosas y el dinero. Hoy en día nuestra relación con el dinero se basa en la codicia. Alegamos siempre necesidad, para justificar codicia. La codicia es la causa secreta del odio, y de las brutalidades del mundo. Estas ultimas suelen asumir muchas veces aspectos legales. La codicia es la causa de la guerra y de todas las miserias de este mundo. Si queremos acabar con la codicia del Mundo, debemos comprender profundamente que ese Mundo está dentro de nosotros mismos. Nosotros somos el Mundo La codicia de los demás individuos está dentro de nosotros mismos. Realmente todos los individuos viven dentro de nuestra propia con ciencia. La codicia del mundo está dentro del individuo. Solo acabando con la codicia que llevamos dentro terminará la codicia en el mundo. Sólo comprendiendo el proceso complejo de la codicia en todos los niveles de la mente, podemos llegar a experimentar la Gran Realidad.
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