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sábado, 31 de enero de 2009

El Valor De La Misa


Ya hemos dicho varias veces que lo que más ayuda a las almas del purgatorio son las misas. La Vble. Ana Catalina Emmerick dice: “Vi cuán admirables bendiciones nos vienen de oír la misa y que con ellas son impulsadas todas las buenas obras y promovidos todos los bienes y que, muchas veces, el oírla una sola persona de una familia basta para que las bendiciones del cielo desciendan ese día sobre toda la familia. Vi que son mucho mayores las bendiciones que se obtienen oyéndola que encargando que se diga sin asistir”. Suelen decir los santos que las almas asisten al lugar donde se celebra una misa por ellas y allí adoran con toda devoción a Jesús Eucaristía. Algunas almas tienen la gracia de pasar su purgatorio en una iglesia para poder asistir a las misas y poder adorar continuamente a Jesús sacramentado. Esta gracia suele darse a quienes en vida han amado especialmente a Jesús Eucaristía.

A este respecto, le decía la Virgen María al P. Esteban Gobi del Movimiento Sacerdotal Mariano: “En la Eucaristía está Jesús permanentemente rodeado por innumerables milicias de ángeles, de santos y de almas del purgatorio”
(31-3-1988).

Pierre Louvet en su libro “El purgatorio” cuenta el caso de una joven virtuosa, a quien se le apareció una amiga difunta, que pasaba su purgatorio ante el sagrario de la iglesia parroquial. Esta joven afirma que es imposible explicar el humilde respeto y la devoción tan grande con que asistía el alma a las misas, especialmente en el momento de la consagración. Cada vez que ella iba a comulgar, el alma estaba a su lado y la acompañaba para disfrutar de la cercanía de Jesús sacramentado.

Veamos un caso ocurrido en la Ferriere, Francia, en 1154. Este milagro está documentado en el libro “De miraculis” de Pedro Cluniacense (libro 2, cap. 2). Un minero quedó sepultado por un desprendimiento de tierras en una mina. Después de ocho días, lo dieron por muerto. Su mujer empezó a mandar celebrar una misa por su alma cada semana. Solamente una vez se olvidó de esta práctica piadosa. Al cabo de un año, un grupo de mineros logró rescatarlo con vida, al hacer trabajos de exploración. Le preguntaron cómo había podido sobrevivir durante tanto tiempo y él respondió: “Un joven resplandeciente como el sol y de una belleza celestial, que llevaba en la mano una antorcha encendida y la fijaba en la roca delante de mí venía y me dejaba un gran pan con agua y me consolaba para que comiera y tuviera esperanza.

Luego desaparecía y volvía a aparecer cada semana. Recuerdo que solamente una vez pareció olvidarse de mí, dejándome en tinieblas y sin alimento “. Entonces, todos reconocieron en él a su ángel custodio, que le traía los socorros que su esposa le conseguía con la misa semanal, que mandaba celebrar por él. excepto en la semana que se había olvidado.

Otro caso de la vida de San Pedro Dami ano (1007-1072). Se cuenta que, siendo muy niño aún, perdió a sus padres y tuvo que vivir con su hermano mayor que lo trató con mucha dureza y vivía comiendo las sobras de la casa y con la ropa vieja y sin zapatos, cuidando cerdos. Un día, se encontró por la calle una moneda y no sabía qué comprarse. Por fin, se decidió por mandar celebrar una misa por las almas de sus padres. A los pocos días, otro hermano suyo sacerdote, lo llevó a su casa, donde recibió un buen trato y pudo estudiar, llegando a ser cardenal y un gran santo, doctor de la Iglesia.

En la vida del Beato Enrique Susso (1296-1365) se relata que, cuando estaba estudiando en la Universidad de Colonia, en Alemania, hizo mucha amistad con otro religioso dominico como él. Un día se prometieron que el primero que muriera debía recibir del otro el beneficio de dos misas semanales por el espacio de un año. Después de un tiempo, murió el compañero de Fray Enrique y éste rezó mucho por él, pero no cumplió con la obligación de las misas. Un día se le apareció su amigo difunto y le echó en cara el incumplimiento de su promesa. El amigo le dijo que no bastaban sus oraciones, que necesitaba las misas para poder ser liberado. Al poco tiempo, se le apareció de nuevo para agradecerle las misas y decirle que ya estaba libre y volaba al cielo.

En 1817, en París, una pobre mujer, que trabajaba de doméstica en una casa, tenía la piadosa costumbre de mandar celebrar una misa cada mes por las benditas almas del purgatorio. Habiendo perdido su trabajo por una enfermedad, al salir del hospital, tenía apenas lo suficiente para mandar celebrar una misa, pero dudaba si hacerlo o guardarse el dinero para sus urgentes necesidades, porque no tenía más. Al fin, se decidió por mandar celebrar la misa mensual. Al salir de la Iglesia, encontró un joven alto, de noble aspecto, que le dijo: “Si busca trabajo, vaya a tal dirección y lo encontrará “. La piadosa señora fue a la dirección indicada y, en ese preciso momento, salía despedida la anterior empleada. La señora de la casa la recibió y ella, viendo en la entrada la fotografía de un joven, le dijo: “Señora, ese es el joven que me ha hablado de venir aquí”. La dueña de casa se quedó admirada, pues era su hijo Enrique, que había muerto hacía dos años.

Dice María Simma: “Recuerdo una joven que deseaba orar mucho por las almas del purgatorio. Su madre le sugirió que asistiera a dos misas los domingos, en vez de una, en su favor. Ella lo hizo así. Un día el sacerdote se dio cuenta y le dijo que la segunda misa no era válida para cumplir con el precepto y que, por tanto, perdía su tiempo. Ella dejó de asistir Pues bien, este sacerdote, después de muerto, se le apareció y le pidió que asistiera a todas las misas que debió asistir los domingos, pero que por sus malos consejos no había asistido para así poder salir del purgatorio”.

María Simma cuenta otro caso: “Un alma vino a visitarme, diciéndome que sería liberada, si sus hijos mandaban celebrar por ella setenta y cinco misas en días ordinarios. Me dijo: Estoy en el purgatorio, porque no les he enseñado el valor de la misa en los días de semana. Sus hUos dijeron que pagarían las misas y todo estaría solucionado, pero yo les respondí: No, eso no servirá, la razón por la que vuestra madre está en el purgatorio es por no haberles enseñado el valor de la misa entre semana. Por eso, deben participar todos a esas misas, teniendo en el corazón la intención de ayudar a la mamá. Hasta hoy día vienen casi todos los días a misa. Los conozco y puedo decir que ahora sí aprecian la misa entre semana y no sólo los domingos”.

Veamos la experiencia de una religiosa contemplativa, que vive todavía. Ella era, entonces, sierva de María y asistía por las noches a una señora anciana. Esta señora tenía un hijo, que estaba muy grave con cáncer y que murió antes que ella. La anciana vivía con una hija, que tenía hijos pequeños, y todos formaban una familia muy cristiana y muy unida. Dice así: “Por las noches, rezaba yo el rosario con su hija y esposo y me contaban lo bueno que había sido el difunto y cómo iba todos los días a la misa ya la comunión, cuántas limosnas daba a los pobres y otras muy buenas acciones que había hecho. Según ellos, ya estaría en el cielo y no necesitaría oraciones.

Dos o tres días después de su muerte, a las tres de la mañana, estaba yo orando, cuando empecé a oír unas pisadas como si corriesen, eran unos ruidos y golpes que el primer día me dio un poco de miedo, pero pensé que alguno de la casa se habría levantado por no estar bien. A los tres días de oír estos ruidos, me dijo la hija de la anciana que ella también oía los ruidos y no sabía a qué atribuirlos.

Pues bien, aquel mismo día, a las siete de la mañana, me acababa de iryo a mi convento, cuando el niño que tenían de tres años empezó a llamar a su madre. Su madre se levantó de la cama y encontró al niño sentadito en la cuna, muy contento, y le dijo muy claro: “Mamá, he visto al tío Javier”. Su madre le dijo que el tío Javier estaba en el cielo, pero insistía: “Lo he visto, ha venido aquí y me ha dicho que al morir te pidió una misa y que la mandes celebrar para poder ir pronto al cielo”.

Era cierto, antes de morir le había encargado una misa Por su alma en la Iglesia y se había olvidado, pensando que no la necesitaba, porque era muy bueno y estaría ya en el cielo. Ese mismo día fueron inmediatamente a encargar la misa. Por supuesto, ya no volvieron a oírse los ruidos y una gran paz y alegría reinó en aquella casa”.

Por eso, aunque creamos que están ya en el cielo, “por si acaso” no está demás seguir encomendando a nuestros familiares, aun después de varios años. Si ellos no necesitan las oraciones, el Señor se las aplicará a otros que las necesitan. La oración nunca se pierde. Siempre es eficaz. Y, especialmente, la misa, cuyo valor es tan grande que abarca a todas las personas de todos los tiempos y lugares. Cada misa, podemos decir, es una misa cósmica, pues en ella, en unión con Jesús, que es quien celebra a través del sacerdote, estamos unidos a todos los ángeles y santos, a las almas del purgatorio, a los niños del limbo y a todo el Universo. Todo está unido con nosotros, en Cristo. Sin las barreras del tiempo (del antes o el después) hasta la eternidad. La misa tiene un valor infinito, porque es la misa de Jesús y da una gloria infinita al Padre, aunque su valor práctico y de aplicación depende de nuestras disposiciones personales y de nuestra capacidad de recibir, es decir, de nuestro amor. De ahí que, cuando asistimos a una misa, debemos procurar ir bien preparados, bien confesados, para comulgar y así será mucho más provechosa para nosotros y para nuestros familiares difuntos.


“Una lagrima por los difuntos se evapora; una flor sobre su tumba se marchita; una plegaria llega hasta el corazón de Dios”


LA VIRGEN MARÍA

María Simrna habla mucho de la Virgen María y las almas del purgatorio. Dice que María es la madre de misericordia y la madre de las almas del purgatorio. Ella va muchas veces al purgatorio a consolar a las almas, especialmente el día de Navidad, que es cuando más almas van al cielo, el viernes santo, el día de la Ascensión, de la Asunción de María y en la fiesta de “Todos los santos”. Un alma le dijo a María Simma que la Virgen le había pedido a Jesús el día de su muerte liberar a todas las almas del purgatorio y Jesús había escuchado su oración y todas las almas la habían acompañado en su Asunción gloriosa. La Virgen distribuye las gracias, de acuerdo ala voluntad de Dios.
A los cofrades de la Virgen del Carmen les ha prometido (privilegio sabatino) sacarlos del purgatorio el sábado siguiente a su muerte. También tendrá especial misericordia con quienes han sido sus verdaderos hijos, rezándole frecuentemente el rosario. Cuenta María Simma que el 16 de diciembre de 1964 tomó dos hojas de papel para escribir dos cartas en las que quería recomendar el rezo del rosario. Dice: “Estaba escribiendo primero la dirección en los sobres, cuando veo a Satanás que estaba a mi derecha, mirándome con ojos de odio, cogió las dos hojas y las tiró, dejando en ellas la marca de una quemadura de fuego. Todavía las conservo para demostrar el poder del rosario contra el demonio “.

“Otro día estaba sentada, comenzando a rezar el rosario, cuando tuve que salir un momento de la habitación y dejé el rosario sobre la silla. Al regresar el rosario estaba sobre la mesa, anudado de modo increíble, y no podía desatarlo. Entonces comprendiendo que había sido Satanás, le dije: Arregla esto o te saco ahora mismo diez almas del purgatorio. Y ante mis ojos aquellos nudos se deshicieron fácilmente, y seguí rezando tranquilamente el rosario. Satanás no quiere que rece el rosario por las almas”.

Y sigue diciendo: “Algunas almas han rezado conmigo el rosario, que después de la misa, es la oración más eficaz. Un día de 1950, subí al último coche del tren. El tren estaba totalmente lleno, pero en ese coche solo había una señora. Ella sacó su rosario del bolsillo y me dijo, si podía rezar el rosario con ella. Yo acepté. Entonces, pensé: Si esto se lo dije a todos los que entren aquí, se va a quedar sola. Cuando terminamos, me dijo: Demos gracias al Señor. Y desapareció. Así me encontré sola en un coche del tren en un día en que estaba totalmente lleno. Yo, en ningún momento, había sospechado que se tratara de un alma del purgatorio hasta que desapareció “.

Amemos a María y pidamos su intercesión por las almas de todos los difuntos, incluidos los más olvidados y abandonados. Para quienes rezan por las almas benditas, Ella tendrá una misericordia especial también después de su muerte.

“Santa María,
madre de Dios
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte
Amén”.
http://es.catholic.net/biblioteca/libro.phtml?consecutivo=478&capitulo=5932

La Santa Misa y Las Almas del Purgatorio


Salvo la Misa Tridentina, ningún otro sacrificio posee poder por el que “las almas de los difuntos con mayor presteza salgan y se libren de las penas del Purgatorio”

Nunca en esta vida podremos comprender el rigor de las llamas del Purgatorio, pero un día vendrá en que lo experimentemos. Pero lo que sí podemos hacer es meditar la doctrina de los Padres de la Iglesia sobre el Purgatorio.

Dice San Agustín: “El que se salva -en el Purgatorio- y el que se condena son atormentados por el mismo fuego, cuya acción es más violenta que todo lo que se pueda imaginar, ver o sentir en la tierra”.

Aunque este testimonio fuera el único, bastaría para atemorizarnos, pues los males de los que está llena la tierra son incalculables y nuestra capacidad de sufrir es un gran abismo a cuyo fondo nadie pudo llegar. Pensemos en las terribles enfermedades que corroen el cuerpo, o leamos en el Martirologio las horribles torturas a las que fueron sometidos los confesores de la fe y así nos persuadiremos de que todo esto no es más que una débil imagen de lo que nos espera, según nos dice San Cirilo: “Todas las penas, torturas y sufrimientos de esta vida, comparados con la menor de las penas del Purgatorio, parecen como una consolación”. Y Santo Tomás lo repite: “La más pequeña de las llamas de este fuego es más cruel que todos los males de esta vida”. ¡Dios mío! ¿Cómo podrá nuestra alma soportar tormentos tan terribles? Lo que si es cierto es que nuestra alma no entrará en el Cielo sino pasando por estas llamas vengadoras, pues esta llena de manchas y malas inclinaciones.

Se podrían citar muchos otros pasajes de los Padres, pero bastará con citar aún a San Bernardo: “Entre el fuego natural y el del Purgatorio la diferencia es tan grande como la que existe entre el fuego y la imagen del fuego”. Santa María Magdalena de Pazzi veía a menudo el fuego del Purgatorio, en el cual vió incluso a su hermano, y dice que el fuego de la tierra en comparación del otro, es como un jardín delicioso. Esta sola comparación debería motivarnos a la penitencia por el temor a tan terribles penas. Y al mismo tiempo excitarnos a una sincera compasión por las pobres almas encerradas en esa oscura prisión, desde las que nos lanzan gritos de súplica.



Sin duda son mucho los medios de los que disponemos para aliviar a las almas del Purgatorio, pero el más eficaz es, según declara el Concilio de Trento, el Santo Sacrificio de la Misa: “A las almas del Purgatorio se les puede socorrer por medio de los sufragios de los fieles, principalmente por el Sacrificio del Altar”.

Dos siglos antes ya nos decía Santo Tomás: “Según la costumbre general, la Iglesia sacrifica y ora por los difuntos, y así los libera pronto del Purgatorio”

Razón de ésto es que en la Santa Misa el Sacerdote y los asistentes no solo piden misericordia, sino que además ofrecen a Dios un gran precio de redención. Las almas del purgatorio no están en desgracia de Dios, pues murieron en estado de gracia, pero permanecen prisioneras para purificarse de sus manchas. Por eso, si llenos de compasión rezamos por ellas y les ofrecemos nuestros méritos, contribuimos a pagar una parte de la deuda de la que nos dice nuestro Juez Supremo: “Cuidad de que no os echen en la prisión, ya que no saldréis hasta haber pagado el último denario”. De este modo, oyendo o haciendo celebrar la Santa Misa por una de estas almas, pagamos una gran parte de su deuda.

Cuando el Beato Enrique Suso, dominico, estudiaba en Colonia, hizo un pacto con su amigo por el cual si uno de los dos moría, el otro estaba obligado a decir cierto número de Misas por el difunto. Acabados sus estudios, Suso se quedó en Colonia, mientras que a su compañero religioso lo enviaron a Suabia, donde murió al poco tiempo. Enrique se acordó de su promesa, pero como ya tenía encargadas otras intenciones de Misas, reemplazó el Santo Sacrificio por la oración, el ayuno y otras mortificaciones. Al cabo de cierto tiempo se le apareció su compañero en lamentable estado y le dijo gimiendo: “¿Así mantienes tu palabra, amigo infiel?” Por entero turbado, el P. Enrique le respondió temblando: “¡ Perdóname querido amigo!, pero como me hallaba impedido de decir la Santa Misa por tí, recé y me sacrifiqué mucho con esta intención”. “Esto no basta -le dijo el otro-, tu oración no es bastante poderosa para sacarme de estos tormentos. Me hace falta la Sangre de Cristo, esa misma Sangre que se ofrece en la Misa. Si hubieras guardado tu promesa, ya hubiera salido yo de ésta prisión de fuego, y si todavía me quemo en ella es por tu culpa”.

El Beato Suso quedó lleno de dolor y de espanto, y fue a ver a su prior, al que le contó la aparición. El prior le ordenó que celebrara lo más pronto la Santa Misa por su amigo. Así lo hizo, y al poco tiempo se le volvió a aparecer el difunto para anunciarle su liberación y prometerle su intercesión en el Cielo.

Notemos bien estas palabras: “tu oración no es bastante poderosa para sacarme de estos tormentos”. Si la oración del Beato Suso no era suficiente, ¿que diremos de la nuestra, tan seca y tibia? Unámosla, pues, durante la Misa a la oración de Jesucristo y a la del Sacerdote, y así se convertirá en una brisa fresca, como dulce promesa de futura liberación en el valle de desolación donde viven esas pobres almas.

Desconocemos la medida en la que la Santa Misa borra las penas del purgatorio. Pero lo que si sabemos es que la Misa bien celebrada u oída en vida nos sirve mucho más que si se ofreciese por nosotros después de la muerte, pues así nos lo dice San Anselmo: “Una sola Misa oída por una persona en vida le vale mucho más que otras muchas dichas por ella después de la muerte”.

Y he aquí las razones:

Si estamos en estado de gracia cuando oímos o hacemos celebrar una Misa a nuestra intención, obtenemos un aumento de gloria para el Cielo, lo cual ni cien Misas dichas después de la muerte nos lo pueden obtener, puesto que entonces ya se habrá acabado el tiempo para poder merecer.
Si estamos en estado de pecado, la Santa Misa nos obtendrá, por la infinita misericordia de Dios, la luz necesaria para reconocernos pecadores y el dolor de haberlos cometido, dolor que nos devuelve la gracia, cosa imposible después de la muerte. La Santa Misa, pues, nos puede obtener la gracia de morir reconciliados con Dios.
Es verdad que las Misas dichas u oídas por nosotros después de la muerte serán como poderosos abogados solicitándonos el perdón ante el tribunal de la justicia, y que si no nos obtienen entonces la remisión total del Purgatorio por lo menos abreviarán su duración y disminuirán su intensidad. Pero a pesar de esto, será necesario que esperemos a que sean celebradas. ¡Que costosa y dolorosa es la espera de las almas en el Purgatorio! Supongamos que morimos por la tarde y que tengamos que estar en las llamas del Purgatorio solamente hasta la Misa de la mañana siguiente. ¡Que larga nos parecería esa noche! Supongamos aún el mejor caso, en que nuestra pena durase solo el tiempo que dura la celebración de la Misa: ese tiempo sólo nos parecería una verdadera eternidad. Si alguien nos obligase a tener un brasero ardiente durante el sólo espacio de una Misa, ¿no es verdad que daríamos cualquier cosa para librarnos de tal suplicio? Y eso que un tal suplicio no afligiría más que a un solo miembro: ¿que diremos pues del fuego del Purgatorio, que tanto supera en intensidad al calor de un brasero y que ataca a toda el alma? ¿Acaso tendremos menos compasión del alma que del cuerpo? Concluyamos pues que es mejor que las Misas nos estén esperando en la otra vida, en ve de tener que esperarlas nosotros. Es decir: acumulemos un gran tesoro en el Cielo por la piadosa asistencia a la Santa Misa, puesto que en cuanto venga la noche, ¿quién trabajará por nosotros?
El mismo estipendio o limosna que damos para que se diga la Santa Misa es un don espontáneo, voluntario y muy agradable a Dios, en tanto que después de muertos ya no seremos nosotros los que demos, sino nuestros herederos. ¿Y acaso no vemos todos los días como en general se cuidan tan poco de socorrer piadosamente a sus difuntos? Más vale pues asegurarnos el futuro mientras estamos en vida y poseemos nuestros bienes.
Finalmente, no olvidemos que el tiempo de esta vida es tiempo de misericordia y que el tiempo futuro será de justicia. Dice San Buenaventura. “Así como una pepita de oro vale mucho más que un que un lingote de plomo, así también una pequeña penitencia hecha voluntariamente en esta vida vale mucho más ante los ojos de Dios que una gran penitencia que nos sea impuesta en la otra”
Por eso si pudiésemos contemplar con nuestros ojos los torrentes de gracias que desde el Altar se derraman sobre el Purgatorio, ¡con cuánto esmero nos esforzaríamos en procurar a esas almas el divino beneficio de la Misa! Y no objetemos aquí el que somos pobres, pues si la pobreza nos pudiera quizá impedir hacer celebrar Misas, no nos puede privar de oírlas, lo cual es un acto muy meritorio. Asistamos pues a la Santa Misa, para aumentar nuestra caridad y ofrecerla por las almas del Purgatorio.
Este era el consejo que un hombre de Dios daba a una pobre viuda que se quejaba de no poder hacer celebrar Misas por su difunto marido: “Asista frecuentemente al Santo Sacrificio por él y así se liberará del Purgatorio más pronto que con una o dos Misas celebradas a su intención”.
Este consejo sirve para todo el mundo; no porque sea más ventajoso que hacer celebrar Misas, sino porque ya es una gran consolación para las almas que sufren el ver que les ofrecemos la Sangre preciosísima de Cristo, que les llena de rocío celestial. Por eso nunca un enfermo fue tan consolado por un vaso de agua fresca como lo son nuestros difuntos cuando en la Misa los rociamos místicamente con unas gotas de esta Sangre Divina.
Y añadamos también lo siguiente: cuando se incensan las tumbas o se las asperja con agua bendita, las pobres almas reciben consuelo y alivio. Y eso que las gotas de agua bendita solo tocan el suelo. Pero la Santa Iglesia, por su bendición y oraciones, da a ésta agua la fuerza de servir como refrigerio en el Purgatorio.
No perdamos, pues, la costumbre saludable de echar agua bendita en el lugar en que reposan nuestros difuntos para consolarlos y aliviarlos.

¿COMO AYUDAR A LAS ALMAS DEL PURGATORIO?


“Cuando rezan el Rosario por alguien, cada cuenta es una gota
de sangre Mía y esas gotas caen sobre la persona por la que se
ofrece. Es por eso que las almas del purgatorio se salvan con sus
Rosarios, porque imploran Mi sangre salvadora.”
Revelación de Nuestro Señor Jesucristo a Catalina Rivas sobre el Rosario.

¿COMO AYUDAR A LAS ALMAS DEL PURGATORIO? de María Simma.

1-sobretodo con el sacrificio de la Misa, que nada puede reemplazar.

2-Con el sufrimiento expiatorio: todo sufrimiento físico o moral ofrecido por las almas.

3-El Rosario, luego del Santo Sacrificio de la Misa, es el medio más eficaz para ayudar a las almas del Purgatorio. Cada día numerosas almas son liberadas por medio del Rosario, de otro modo habrían sufrido muchos años más.

4-También el Vía Crucis puedes llevarles gran alivio.

5-Las indulguencias son de un valor inmenso dicen las almas. Son una apropiación de la satisfación ofrecida por Jesucristo a Dios, su Padre. Cualquiera durante la vida terrena, ganando muchas indulguencias para los difuntos, recibirá al final, muchas otras en la última hora, la gracia de ganar enteramente la INDULGUENCIA PLENARIA otorgada " in artículo mortis". Es una crueldad no aprovechar estos tesoros de la Iglesia por las almas de los difuntos.

6-La limosna y las buenas obras, sobre todo las donaciones a favor de las misiones, ayudan a las almas del Purgatorio.

7- Encender velas ayuda a las almas, primero porque ésta atención de amor, les da una ayuda moral,luego porque las velas están bendecidas y aclaran las tinieblas en las cuales se encuentran las almas.

8-El arrojar agua bendita mitiga las penas para las almas. Un día que María Simma tiró agua bendita para las almas escuchó una voz que le dijo "otra vez". Todos los medios no ayudan de igual manera a las almas. Si alguno durante su vida ha tenido poca estima por la Misa, no le aprovechará mucho cuando esté en el Purgatorio. Si alguno ha tenido falta de corazón durante su vida,recibe poca ayuda. Los que pecaron difamando a otros deberán expiar duramente su pecado. El que tuvo buen corazón cuando vivía, recibe mucha ayuda.

El ocultismo - María Simma


Tomado de: http://www.facebook.com/pages/COMO-SALVAR-1000-ALMAS-DEL-PURGATORIO/178359984482
El ocultismo:
pregunta a María Simma- ¿que me puede decir sobre el ocultismo?
-La palabra "oculto" significa "escondido" o " en la oscuridad, y el término es otorgado a todas las practicas que, reconocidas como tales o no , están en comunión con Satanás. En la actualidad existen demasiadas como para enumerarlas minuciosamente y en cada parte del mundo existen diferentes prácticas que, por supuesto, poseen nombres distintos. Satanás es el experto disfrazado de artista.
Pero lo más poderoso y destructivo en la actualidad es el mal causado por el gran número de personas que maldicen a otros y envían hechizos y maleficios sobre ellos. La magia negra en todas sus formas está creciendo desenfrenadamente como nunca antes.

-¿Cuál es el efecto de las personas que son el fin de esa clase de agresiones espirituales?
-Cada una de esas agresiones puede al menors causar confusión y temor y también pueden llevar a las personas hacia la depresión, opresión, agonía, confusión, al divorcio, al odio, la posesión demoníaca o una lenta agonía si no están bien protegidas por una buena vida y por la protección de los ángeles y las almas del purgatorio.

-¿Y para las personas que practican el ocultismo ¿cuál será el efecto sobre ellas si no se detienen inmediatamente?
-Los efectos de estos contactos, ya sean conscientes, por ignorancia, activos o pasivos con quienes practican el ocultismo serán los mismos sobre ellos y también afectarán a las generaciones siguientes. Los efectos de estos pecados siempre seguiran su curso a menos que nosotros y la persona involucrada invoquemos activa y persitentemente a Jesús a María y al arcángel San Miguel para que intercedan y detengan la continuación de los ataques.

-¿Que deben hacer las personas que han participado en forma activa en semejantes prácticas y desean dejar de hacerlo ahora que he dicho esto ?.
-Deben dejar la practica y quemar todo los materiales que hayan juntado mientras participaban en estos ritos, confesarse y hacer oraciones de renuncia a Satanás, asistir a Misa y comulgar frecuentemente.

-¿De que forma nos pueden perjudicar brujos y magos?
-Las brujas y magos pueden causar divorcios, enfermedades, accidentes, quemar hogares sin dejar rastros, etc. Y todo pueden hacerlo a distancia. Sin embargo le corresponde a Dios permitir los resultados negativos provenientes de la magia negra. Los buenos cristianos no tienen que preocuparse de estas cosas si son humildes y se encuentran EN ESTADO DE GRACIA y EN ORACION, pues entonces la protección que reciben es mucho más fuerte que cualquier cosa que los demonios puedan hacer.

-¿Se le ocurre algo que fortalecería nuestra protección contra el demonio en estos días?
-Si durante las últimas décadas la oración de exorcismo ha practicamente desaparecido, si es que no ha sido suprimida totalmente del rito bautismal, eso tambien es un gran error y deja las puertas abiertas para que el mal afecte al niño con más facilidad .
La omisión de la oración del exorcismo ha provocado el relajamiento de muchos sacerdotes. Se debe conservar la oración en su totalidad para una protección total sobre la persona a la cual se aplica. También la oración a San Miguel debería reincorporarse . La omisión de la oración de San Miguel en la actualidad también debilita drásticamente la protección de las personas cuando se van de la parroquia.
Les ruego a los sacerdotes que retomen esta oración para obtener mayor protección para sus feligreses.

"San Miguel Arcángel defiendenos en la lucha, se nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio, que Dios humille su soberbia !... y tu princípe de la Milicia Celestial arroja al infierno a Satanás y demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén "

SANTA TERESA DE ÁVILA Y LAS ALMAS DEL PURGATORIO

Santa Teresa sentía gran compasión por las Almas del Purgatorio, y las asistió todo lo que pudo mediante sus oraciones y buenas obras. Como recompensa, Dios le mostró a menudo las Almas a las que ella se había dedicado, y las vio en el momento de liberarse de sus sufrimientos y entrar a los Cielos. En general, Ellas surgían del seno de la tierra. A continuación transcribimos algunas de sus visiones en sus propias palabras:
"He recibido información - escribe ella - sobre un religioso que previamente había sido Provincial de una provincia y luego de otra. Lo conocí a él en ocasión de haber recibido un gran servicio suyo; esto me causó gran inquietud, si bien este hombre era recomendable por sus muchas virtudes. Estuve preocupada por la salvación de su alma, ya que él había sido Superior por espacio de veinte años y siempre temí mucho por quienes fueron encargados del cuidado de las almas. Así preocupada, fui a un oratorio y convoqué a Nuestro Divino Señor para aplicar a este religioso el poco bien que yo había hecho en mi vida; y proveer el resto mediante Sus méritos infinitos, para que esta alma pudiera liberarse del Purgatorio. Mientras suplicaba esta gracia con todo el fervor del que era capaz, vi sobre mi costado derecho a esta alma venir desde las profundidades de la tierra y ascender a los Cielos en feliz transporte de alegría. Aunque el sacerdote era de edad avanzada, aparecía ahora ante mí con las características de un hombre que no llegaba a los treinta años, y un semblante resplandeciente de luz. Esta visión, aunque breve, me dejó colmada de alegría, y sin la menor sombra de duda en cuanto a la veracidad de lo que había visto. Cuando estuve lejos del lugar donde este siervo de Dios había terminado sus días, unos días antes yo me había enterado de los pormenores de su edificante muerte. Todos aquellos que fueron testigos, pudieron ver con admiración cómo el preservó su conciencia hasta último momento, mientras derramaba lágrimas y los sentimientos de humildad que expresara esta alma a Dios". "Una religiosa de mi comunidad, gran sierva de Dios, había fallecido hacía menos de dos días. Estábamos recitando el Oficio de los Muertos en coro dedicándoselo a ella, una hermana leía el texto y yo estaba parada para decir el versículo. Por la mitad del oficio se me apareció el alma de esta religiosa llegando desde las profundidades de la tierra, tal como el caso que relaté antes, y se fue al Cielo". "En este mismo monasterio murió, a la edad de 18 o 20 años, otra religiosa, un verdadero modelo de fervor, constancia y virtud. Ella soportó pacientemente una vida llena de sufrimientos. Yo no dudaría que, después de una vida así, tendría méritos suficientes para ser eximida del Purgatorio. Sin embargo, durante el Oficio, y antes del entierro, vi el alma de ella surgir de la tierra y elevarse al Cielo". Cuando una persona dedica tiempo y oraciones a pagar por las Benditas Almas, está cumpliendo con todos los mandatos de la caridad: visitando a los presos y a los enfermos, dando agua al sediento, comida al hambriento, etc. Los Santos comprendieron esto y sintieron una profunda compasión por esas Almas que necesitaban de la ayuda de quienes aún podemos ofrecer actos de virtud y reparación que les aliviane la carga y que sin tal ayuda Ellas deberán pagar con años sino siglos de sufrimientos. Por todo esto, hemos hecho una pequeña selección de oraciones por las Benditas Almas, apelando a la misericordia de nuestros lectores para con estos hermanos que esperan - a veces por muchos años - que alguien los recuerde y ayude. Hermana Úrsula, Terciaria Franciscana Santiago de Chile http://sicutoves.blogspot.com/2012/10/santa-teresa-de-avila-y-las-almas-del.html