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sábado, 31 de enero de 2009
Diferencia entre Lenguaje y Realidad en el Campo Moral
Un dato de experiencia. No todas las personas que ejercen funciones en la vida social son valorizadas y honradas por quienes disfrutan de sus servicios. Algo similar ocurre con algunas importantes categorías que expresan las funciones primarias de la vida moral. Así, por ejemplo, en muchos ambientes se comprueba una notable repugnancia cuando se trata sobre todo de aplicarse a sí mismo el adjetivo prudente, o cuando uno se propone ejercitarse en la virtud de la prudencia.
Estos términos en la mentalidad común se entienden como sinónimo de estrechez de espíritu, de cálculo fraudulento e ¡interesado; las personas prudentes se conciben como prisioneras de microproyectos, proclives a defenderse, a salvaguardar sus intereses, sus cosas propias, enredadas en cálculos de probabilidad para establecer la posición triunfante que proporciona beneficio. A la difusión de esta asociación indebida han contribuido ciertamente los comportamientos pseudoprudentes de quienes, atentos a la tutela de sus intereses, disocian la prudencia de la opción de vida y separan a ésta de los proyectos orientados a la realización del bien humano en la línea de la revelación (cf, p.ej., Rom 8,19ss o Ef 2,19ss).
Sin embargo, ninguna persona seriamente comprometida puede perseguir su intento si desatiende los procesos cognoscitivos y operativos que la tradición ética occidental ha atribuido a la virtud de la prudencia, entendida como camino hacia la liberación de la fidelidad al bien, al todo armónico que la razón, a la luz de la fe, conoce, programa, realiza y verifica.
Por desgracia, la perspicacia humana, hábil para poner de relieve los límites de los conceptos, lo es menos cuando se trata de encontrar otros más adecuados para expresar la verdad. Así, se quiera o no, se vuelve siempre a hablar de nuevo de prudencia, a referirse a ella cuando se quiere asumir y connotar la verdad sobre el vivir que es patrimonio de la cultura sobre todo occidental.
Con frecuencia esta resistencia frente al término está alimentada también por precomprensiones distintas más sutiles. Piénsese, por ejemplo, en la convicción según la cual la expresión, si no única, ciertamente la más auténtica de moralidad, no es la que se vive y se construye en lo cotidiano, en línea con la fidelidad concreta y efectiva a la opción de fondo, sino la ideal, tanto más noble cuando más libre de la contaminación de las situaciones contingentes, a la manera como el agua del río es tanto más pura cuanto más cercana está a la fuente. En una concepción semejante, la prudencia, la virtud de la connaturalización con la verdad y con el bien cultivada por las personas en el contexto de la historia, termina teniendo un papel de segundo orden. Es lo que ocurre cuando la propuesta privilegia lo que concierne a las leyes y a las normas de comportamiento, y no acentúa debidamente el crecimiento en la virtud, el consenso convencido y coherente con el fín último del vivir. En este contexto, la prudéncia en el mejor de los casos, se describe en su valencia de prerrogativa de los responsables de la comunidad y no se le reconoce el papel fundamental de toda existencia virtuosa. La perspectiva cambia, y mucho, cuando el anuncio moral subraya la llamada de las personas a hacer veraz la propia historia, a plasmarla de modo que la relación con Dios, en su pueblo y en la familia humana, se cualifique en un crescendo de fidelidad que se construye en lo cotidiano x rehúsalas situaciones que hacen inhumano el vivir.
La prudencia, en el ámbito del obrar orientado, busca el modo de enlazar lo cotidiano y el planteamiento de la vida; cómo estar prontos para evitar lo que distrae del fin y realizar lo que conduce a él. Esta exigencia surge inmediatamente siempre que nos damos cuenta de que el bien protegido es tan importante que la demanda de la máxima prudencia al tratarlo invita no a la timidez, sino a la diligencia vigilante, inteligente y diligente que es indispensable cuando está en cuestión el bien humano. Aunque no se inspira siempre en la prudencia entendida en su acepción más amplia y más noble, la invitación a prestar atención, cuando no es claramente negativa, se sitúa en la linea de los desafíos que una persona sensata no desatiende impunemente. Esta vigilancia no atenúa el interés por el fin; no encierra en el orden de los medios; capacita para valorar las situaciones a fin de discernir cuándo se debe arriesgar y cuándo conviene no arriesgar, y para distinguir en realidad el primer caso del segundo.
También en otros contextos históricos se ha caído en la cuenta de las dificultades inherentes al uso del término prudencia Santo Tomás las destaca expresamente. Sin embargo ha preferido usarlo explicando su significado, en vez de privarse de la aportación y de los estímulos que la tradición ha condensado en él. En un lúcido contexto de la S. Th. (II-II, q. 47, a. 13), basándose en el supuesto de que es prudente el que dispone bien lo que hay que hacer en orden a un fin bueno, nota que es falsa la prudencia practicada, por ejemplo, por los asesinos, que persiguen planes perversos; es verdadera, pero imperfecta, la de quien se propone fines inmediatos buenos y rectos, pero desarticulados del fin último, y la de quien valora y discierne bien, pero no se impone eficazmente seguir lo que ha decidido sólo es verdadera y perfecta la prudencia de quien discierne y ordena lo que es bueno y conforme al fin último. A esta última se la puede llamar también sabiduría, pero entendida en su acepción de reglas de las actividades humanas.
Los componentes cognoscitivos del recto obrar. Para no incurrir en valoraciones erróneas en este campo es necesario no confundir el caso de quien tiende con sinceridad a lo verdadero y lo justo, aunque incurra en errores de valoración, del que desatiende y descuida su responsabilidad y por ello emite juicios inmaduros, descuida datos importantes, cede a temores estériles, se detiene en representaciones descaminadas, se deja influir por lugares comunes y por la moda, es decir, persiste en orientaciones deshumanizad oras 'contra las cuales se puede y se debe reaccionar. Son situaciones todas ellas de algún modo afines a la del famoso "silogismo del incontinente", ilustrado por Aristóteles (VII Eth., c. 5: 1147, a. 24-31; SANTO TOMÁS, In Eth.,1. VII, lect. 3, nn. 1345-46) y descrito así por el Aquinate: "La pasión impide a quien conoce una noción universal deducir de ella y llegar a la conclusión; asume otra proposición universal, sugerida por la inclinación de la pasión y concluye desde ésta. Por eso Aristóteles afirma que el silogismo de quien peca de incontinencia tiene cuatro proposiciones, de las cuales dos son universales: una dictada por la razón, por ejemplo no es lícito cometer fornicación; otra por la pasión, por ejemplo hay que secundar el placer. La pasión le impide a la razón argumentar y concluir de la primera; pero, bajo su influjo, hace argüir y deducir de la segunda" (S.Th., I-II, q. 77, a. 2, ad 4; cf también De Malo q. 3, a. 9, ad 7).
En la misma línea se sitúa el caso del que obra mal por decisión, por elección; de quien se funda en toda clase de sofismas, a veces lúcidos y persuasivos, para convencerse y convencer de que frente a la injusticia no hay nada que hacer: se necesita tiempo para transformar la realidad; se necesita paciencia.
Sólo la conversión puede permitir desenmascarar el engaño de estas existencias falseadas. Querer ser bueno y justo es empeño inteligente y perseverante, significa discernir lo que hay que hacer, comprender y secundar los dinamismos, múltiples y diferenciados, que estructuran la realidad; abrirse a la acción misteriosa e inequívoca de la providencia de Dios, vivir en fidelidad y practicar la justicia. La persona justa, cuando tropieza con situaciones de injusticia manifiesta, sabe que no puede decir nunca en verdad que no hay nada que hacer.
La fidelidad a esta vocación y misión supone potenciar constantemente las propias facultades intelectuales, afectivas y operativas; la decisión de actuar en la historia sin traicionar la relación con el fin; la lectura atenta y evocadora de lo vivido; capacidad de síntesis; docilidad en captar los signos de los tiempos, en discernir la evolución de la historia y en secundar sus orientaciones.
Esta condición resulta penosa cuando los contextos socioculturales se resisten a sintonizar con el bien humano; cuando se tiene la experiencia de las defensas de todo género que impiden superar la distancia entre la condición actual de los pueblos y la que ellos podrían vivir si personas y comunidades fueran menos sordas al grito de los pobres. Vivir de veras estas experiencias significa querer ser verdaderos y justos, afrontar los conflictos que ponen en crisis la vida asociada, aspirar a la armonía .nunca espontánea y nada definitiva entre personas y pueblos.
Principio del dinamismo "es el ser humano, y éste es un agente que elige en virtud del entendimiento y del apetito" (SANTO TOMÁS, In Eth., 1. VI, lect. 2, n. 1137). La razón es un componente imprescindible del bien humano; lee la realidad en sus exigencias; da razón, aclara, ilumina, motiva el bien que la voluntad ama y persigue. Ésta a su vez hace que la razón se oriente al bien, lo aclare en su verdad y en su multiplicidad, participe de la impaciencia y "del gemido de la creación" (Rom 8,19ss), así como del dinamismo de la esperanza que acciona la búsqueda de los caminos justos, del "justo medio", para garantizar el bien humano.
La Desconfianza
La desconfianza es la falta de creencia o la seguridad en alguien, que puede ser de la familia, un amigo, la novia, esposa, etc. compañera, por que ha tenido informes, versión hechos que restan a la persona afinidad o familiaridad en el nexo o lazo de unión.
La desconfianza nace de muchos factores, tales como el chisme, lo mal hablado, actos gestuales, situaciones en la cuales se sienta que hay una especie de tendencia en contra, y algunas veces la misma intuición te dá la desconfianza contra alguien.
Debemos analizar que el mismo medio nos ha llevado a la desconfianza en todos los aspectos de la vida, siempre pensando que hay que estar a la defensiva y muchas veces ala defensiva-ofensiva con relación a la vida que llevamos, ya que cada vez vemos como hay una especie de antropofagia, en la cual el hombre trata de vivir a costa del hombre en esta sociedad de consumo.
Ya la desconfianza se ha vuelto la reina de nuestros pensamientos; en todo tenemos desconfianza, partiendo del el mismo gobierno, del político, del trabajo, de lo que consumimos, por que pensamos que algo nos va a pasar, y esa desconfianza nace de experiencias ajenas o propias.
No es fácil tener confianza, y más cuando la persona ha sido defraudad.
La desconfianza nace de un viejo dicho :"En la confianza está el peligro" y las personas saben que ese dicho dice mucho y se cuidan, por eso y los diversos factores en los cuales se ven envueltas personas le dá base para no creer en que todo lo que brilla es oro.
Quizás también por las múltiples situaciones por las que pasa el ser humano, le crea situaciones de recelo y trata las cosas de una forma tal que hasta que no tener una comprobación o confirmación de la situación no cree o asegura la realidad.
Anteriormente la gente decía:" ver para creer" precisamente por la serie de circunstancias de que había sido objeto, o engaño. Esto obliga en la actualidad andar con la atención activa en toda su intensidad, para evitar incluso daño a la vida.
Debemos analizar que el mismo medio nos ha llevado a la desconfianza en todos los aspectos de la vida, siempre pensando que hay que estar a la defensiva y muchas veces ala defensiva-ofensiva con relación a la vida que llevamos, ya que cada vez vemos como hay una especie de antropofagia, en la cual el hombre trata de vivir a costa del hombre en esta sociedad de consumo.
Ya la desconfianza se ha vuelto la reina de nuestros pensamientos; en todo tenemos desconfianza, partiendo del el mismo gobierno, del político, del trabajo, de lo que consumimos, por que pensamos que algo nos va a pasar, y esa desconfianza nace de experiencias ajenas o propias.
No es fácil tener confianza, y más cuando la persona ha sido defraudad.
La desconfianza nace de un viejo dicho :"En la confianza está el peligro" y las personas saben que ese dicho dice mucho y se cuidan, por eso y los diversos factores en los cuales se ven envueltas personas le dá base para no creer en que todo lo que brilla es oro.
Quizás también por las múltiples situaciones por las que pasa el ser humano, le crea situaciones de recelo y trata las cosas de una forma tal que hasta que no tener una comprobación o confirmación de la situación no cree o asegura la realidad.
Anteriormente la gente decía:" ver para creer" precisamente por la serie de circunstancias de que había sido objeto, o engaño. Esto obliga en la actualidad andar con la atención activa en toda su intensidad, para evitar incluso daño a la vida.
Decencia
Constituye aquel valor que nos hace conscientes de la propia dignidad humana, a través de él los sentidos, la imaginación y hasta el propio cuerpo son resguardados de la morbosidad y al uso promiscuo de la sexualidad.Si una persona abandonara este valor como guía para su vida, de seguro sufriría una transformación tanto en su personalidad como en su vida social: de seguro se volcaría a la búsqueda del placer mundano y continuo, muchas de sus conversaciones aludirían al tema sexual; continuamente buscaría algo que estimule su imaginación y sentidos (revistas, películas, internet, etc.); portaría una mirada inquieta, se enfocaría en personas físicamente atractivas...En realidad la persona se torna superficial, en vez de considerar como importantes los aspectos humanos de las personas (inteligencia, cualidades, sentimientos), ahora la presencia y el aspecto físico se tornan valores fundamentales que estructuran su vida, los afectos ya no importan.En otro sentido, faltar a la decencia produce que las relaciones interpersonales se tornen inestables y poco duraderas, fundamentadas solo en la búsqueda de placer , con una falta de compromiso y responsabilidad en la construcción de un núcleo maduro y sólido. En la actualidad, la posmodernidad sustenta un modelo basado en el predominio de lo estético frente a lo ético, y como consecuencia en determinadas empresas el poseer un buen físico y poca calidad moral son los requisitos para obtener un empleo, debido a ello, muchas son las mujeres que pierden “estupendas” oportunidades de trabajo, por vivir la decencia, por no permitir que se abuse de su condición. ¿Políticas empresariales? Seguramente, toda empresa posee cierta política con respecto al perfil de trabajador que desea, y este patrón se traslada hacia el departamento de recursos humanos. Los jóvenes descubren que la verdadera realización personal no se alcanza con la satisfacción de los placeres, sino a través de el desarrollo profesional, el trabajo y la formación intelectual; y socialmente las personas no tendrían que preocuparse de la calidad moral de los ambientes que le rodean.En medio de un ambiente que parece rechazar las buenas costumbres y se empeña en cerrar los oídos a toda norma moral, emerge la personalidad de quien vive el valor de la decencia: una forma de vestir discreta, con buen gusto, elegante si lo amerita la ocasión; sus conversaciones no tienen como tema principal el sexo; en su compañía no existe la incomodidad de encontrar miradas obscenas; su amistad e interés son genuinos, sin intenciones ocultas y poco correctas.Esta personalidad en ningún momento se asusta ante la sexualidad humana, se puede afirmar que la conoce y entiende con mucho más perfección que el común de las personas. Ahora bien, su propósito no es fingir que no tiene inclinaciones sexuales, les da su lugar, su importancia; ha decidido que lo más valioso del hombre se alcanza a través del entendimiento, el autodominio, el trabajo y la sana convivencia con sus semejantes.La persona decente demuestra la integridad de su conducta, cuida que no existan interpretación equivocadas con respecto a su comportamiento, aunque trata a todas las personas con respeto y cortesía, evita las compañías cuya conducta es incompatible con su formación. La persona que se preocupa por vivir el valor de la decencia en los detalles más mínimos, despierta confianza en los que lo rodean, por la integridad de su conducta. Además, sus relaciones son estables porque procuran basarse en el respeto y el interés por colaborar con los demás. Este valor templa el carácter, a la vez que lo fortifica y ennoblece.
Reflexiones sobre el valor de la ética
El valor en la ética incluye el decir sin temor lo que va en contra del comportamiento ético, sin tener miedo de lo que se dice y a quien se le dice, sin importar las consecuencias o represalias que puedan sobrevenir. Es plantarse con dignidad en la más pura verdad y no intimidarse por decirle al otro, sea quien sea, que lo hecho por el no es correcto.Decir la verdad y desenmascarar con valor no es fácil, es hacerse impopular a las élites de mediocridad disfrazadas de conocimiento, es tener que enfrentarse a calumnias, ridiculizaciones, ofensas, pérdidas y otras clases de bajezas. Sin embargo, esto no debe intimidar a las personas éticas y por tanto virtuosas, ya que al expresar la verdad y desnudar la mentira no se busca ganancia personal, felicidad o provecho, aunque paradójicamente el obrar con valor nos hace dignos de la felicidad y del bien.
Se debe tener el valor de decir la verdad, así nuestro silencio nos pueda ser provechoso, por que esta ganancia necesariamente será falta de pulcritud y de autenticidad y traerá el mal a muchos. Se debe ser valiente al decir la verdad así ésta sea tomada y convertida en mentira por el necio y falto de ilustración, desde su reducida óptica y así luego sobre su mentira cree una verdad sin sustento, pero que por asuntos del poder, violencia o dinero pueda volverse dogma o paradigma.
Hay que tener el valor para cumplir con el deber de ser excelente y no permitir mentiras disfrazadas con discursos falsamente fundamentados y que necesariamente llevarán al beneficio de pocos, es decir, de esa cumbre de mediocres que se viene apoderando de todo, ya sean medios de comunicación, salud, medio ambiente ciencia y tecnología, por mencionar solo algunas instancias.
Sí, no debe temblar la voz y así tiemble, se ha de tener el valor de decirle al mediocre, que es mediocre y que está perjudicando a muchos con esa actitud
egoísta y personalista. También se le debe decir que finalmente es un cobarde que esconde su falta de excelencia en el dominio de otros, pero que este poder finalmente no tiene base ni validez.
Se ha de tener el valor de decirle a quien corresponda, que se debe respetar la autonomía de las personas, porque esta autonomía es la exigencia de la dignidad del hombre; también exige valentía el ser benévolo, el ayudar al necesitado dejando de pensar siempre primero en sí mismo o en los nuestros; esta virtud es en verdad para los más valientes, para hombres llenos de ética, la rectitud de opinión, es decir plenos de verdad. Ese valor se funda en el deseo de libertad cuya esencia es la verdad y solo así la buena deliberación será una rectitud conforme a lo conveniente con relación a un fin, cuya prudencia llevará a un juicio verdadero y justo.
En otras palabras, el ignorante, el necio, el violento y otros por el estilo son necesariamente cobardes, se achican ante la verdad, ante la ética y ante el virtuoso. Es por esto que lo único que intentan es callarlo y descalificarlo. Por que la mediocridad genera violencia y la violencia tiene como esencia el no dialogar, lo que busca es silenciar, callar el error, la falta de preparación y de excelencia en el obrar.
El valor en los actos, adquiere valor moral solo si es realizado con buena voluntad, que en ningún caso es puritana ni cobarde, pero siempre bella y estética; es decir, hay buena voluntad si existe una razón moralmente válida que justifique la acción.
El valor de que hablo preserva los principios morales y éticos, que el vicio y la cobardía destruyen; es de hombres prudentes no solo por su saber, sino por su capacidad de obrar rectamente. Ese valor desea el bien del otro por el otro mismo, porque lo respeta y lo valida como persona, por eso no teme decirle al que se aleja del bien que su obrar no es correcto.
egoísta y personalista. También se le debe decir que finalmente es un cobarde que esconde su falta de excelencia en el dominio de otros, pero que este poder finalmente no tiene base ni validez.
Se ha de tener el valor de decirle a quien corresponda, que se debe respetar la autonomía de las personas, porque esta autonomía es la exigencia de la dignidad del hombre; también exige valentía el ser benévolo, el ayudar al necesitado dejando de pensar siempre primero en sí mismo o en los nuestros; esta virtud es en verdad para los más valientes, para hombres llenos de ética, la rectitud de opinión, es decir plenos de verdad. Ese valor se funda en el deseo de libertad cuya esencia es la verdad y solo así la buena deliberación será una rectitud conforme a lo conveniente con relación a un fin, cuya prudencia llevará a un juicio verdadero y justo.
En otras palabras, el ignorante, el necio, el violento y otros por el estilo son necesariamente cobardes, se achican ante la verdad, ante la ética y ante el virtuoso. Es por esto que lo único que intentan es callarlo y descalificarlo. Por que la mediocridad genera violencia y la violencia tiene como esencia el no dialogar, lo que busca es silenciar, callar el error, la falta de preparación y de excelencia en el obrar.
El valor en los actos, adquiere valor moral solo si es realizado con buena voluntad, que en ningún caso es puritana ni cobarde, pero siempre bella y estética; es decir, hay buena voluntad si existe una razón moralmente válida que justifique la acción.
El valor de que hablo preserva los principios morales y éticos, que el vicio y la cobardía destruyen; es de hombres prudentes no solo por su saber, sino por su capacidad de obrar rectamente. Ese valor desea el bien del otro por el otro mismo, porque lo respeta y lo valida como persona, por eso no teme decirle al que se aleja del bien que su obrar no es correcto.
La vida posee carácter sagrado, absoluto e inviolable en cualquier circunstancia y sin excepciones.
El respeto por la vida incluye el que todos debemos ser tratados como agentes autónomos, y si alguien llegase a tener disminuida su autonomía, siempre debe tener derecho a máxima protección.
En verdad hay que tener valor para reconocer en la justicia la verdad central de la ética y así las acciones que tienen fines en sí mismas ostentan tal primacía axiológica, que invita a realizarlas.
Todas las virtudes se unifican en una sola virtud: el saber.
Todos los vicios se unifican en un solo vicio: la ignorancia.
Por tanto, la ética hace posible distinguir racionalmente lo correcto de lo simplemente aceptado y lo válido de lo vigente. Solo así la decisión ética se expresará en acuerdos y no en pactos estratégicos, ya que cualquier pacto estratégico desvirtúa el carácter ético de la decisión.
La Ingratitud
En una ocasión Jesús “yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces UNO de ellos, viendo que había sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro a tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado” (Lucas 17:11-19).Aquí vemos un ejemplo de la ingratitud de los seres humanos en general. De diez personas que Jesús había milagrosamente sanado de la lepra, sólo uno (el 10%) había sido agradecido…y fue un samaritano, ¡un hombre que era mal visto por los Judíos! Este samaritano humilde se sintió agradecido por la bondad expresada por el Judío Cristo, quien, sin hacer excepción de personas, lo curó. Pero fue UNO de diez, el 10% de los hombres que él sanó de lepra. Por eso, que no nos extrañe que sólo un 10% de los hombres nos reconozcan lo que hemos hecho por ellos cuando nos necesitaron.
Muchas veces personas que son lo último de la tierra suelen ser las más agradecidas que aquellas que se creen algo o que son merecedoras de cualquier dádiva. Jesús nos enseñó a ser agradecidos, pero a la vez nos hizo ver cómo suelen responder las personas ante nuestros buenos actos de amor y desprendimiento. Realmente todos hemos experimentado esa indiferencia e ingratitud de las personas que hemos servido—¡y en alguna ocasión nosotros mismos hemos sido ingratos con otros y desagradecidos! Esta característica ingrata será más marcada en los tiempos finales. Pablo escribió: “También deben saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, INGRATOS, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores…” (2 Tim. 3:1-5)
Hacer el bien sin mirar a Quien y sin Esperar nada a Cambio
Jesús por eso aconseja que hagamos el bien SIN ESPERAR que nos lo agradezcan o que nos recompensen. El dijo: “Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced el bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los INGRATOS y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.” (Lucas 6:35).
Empecemos a ser agradecidos con Nuestro Padre celestial y con nuestros progenitores
Cuántas personas se olvidan de agradecer a Dios por la vida, la salud, la familia, la salvación, los alimentos, y cosas como éstas. Generalmente los cristianos oran poco para agradecer a Dios por lo que tienen o reciben. Pablo dice: “Dando SIEMPRE GRACIAS POR TODO al Dios y Padre, en el nombre del Señor Jesucristo” (Efesios 5:20). Aquí Pablo no dice que agradezcamos sólo las cosas básicas a Dios, sino todo lo que uno tiene o ha recibido, pues “toda dádiva buena y todo don perfecto desciende de lo alto, del Señor de las luces” (Santiago 1:17).
Y no olvidemos que tenemos padres que nos han criado y educado y a los cuales también les debemos estar agradecidos. Debemos, pues, comenzar también con nuestros padres, con los que nos dieron la vida y nos cuidaron con esmero. Esto alegra mucho el corazón de un padre, el saber que tiene un hijo grato.
La Burla. Valor al rescate La Sensatez
La burla es una expresión grotesca de las personas aquellas que no tienen la idea de humanidad, ni respeto, ni mucho menos un poco de cultura, decencia, o instrucción que les permita portarse o mostrar sus buenos modales.La risa es expresión emotiva saludable, y yo la catalogué como otro décimo mandamiento en el libro "LOS OTROS DIEZ MANDAMIENTOS" por los beneficios que produce,.Pero la risa en forma de burla es dañina, antisocial, destructora de la personalidad, y enemiga de la paz, por que con ella solo se consigue martirizar al prójimo, y esto no es bueno. Recordar no hacer con lo demás lo que no queremos que se haga con uno.
Se ha tomado la costumbre de usar los defectos físicos, o apariencias de las personas para hacer escarnio de ellas, y así tenemos el caso del manco, del calvo, del ñato, del cojo, del patuleco, del tuerto, del bizco, del ciego, etc. para etiquetar a esta personas por sus cualidades negativas, y no llamarlos por sus nombres, cuando yo siempre he dicho que el nombre de una persona es lo más lindo que hay suena como una nota melodiosa cuando se oye el nuestro e inmediatamente reaccionamos o contestamos, y este nombre nos distingue no solo a escala material, se podría decir que hasta en el ámbito espiritual. Recuerda que antes que existieran los apellidos a las personas se les llamaba por el lugar de donde nacían, y se decía JOSE de Nazareth, etc. se siguió con la costumbre burlesca de identificar a las personas por su defecto físico y su lugar de nacimiento, y se decía el Jorobado de . . . el cojo de . . . el verdugo de. . para identificar también los oficios de personas.
Pero retomando lo de la burla, se llegó al punto de tener a estos personajes como símbolos de burlas, y hoy en día parece que el inconsciente colectivo ha desarrollado esas antiguas practicas que se hacen con las personas que tienen defectos físicos, se hace burla de ellos.
La imitación de las malas acciones, por que se tiende a imitar siempre lo malo, que se utilice a las personas que cometió errores como ejemplo, y esto es perjudicial, ya que causa traumas a la personas que se selecciona para la práctica de la burla. Por ejemplo en los colegios se acostumbraba a colocar a los niños en el rincón con un gorro de burro, cuando no hacían las tareas, y lo que se hacía con esto era poner una marquilla al niño, que sería tratado en adelante con el BURRO del curso, y esto era un acto de burla. Afortunadamente ya esas prácticas educativas no se hacen en la actualidad.La burla se ha generalizado a tal, que incluso se han establecido fiestas y carnavales, tal como el caso de varias ciudades y países donde sobresalen especialmente Brasil y después Barranquilla, departamento del Atlántico, Colombia Sur América, y otras países, donde se celebran las fiestas de carnaval, y estas se hacen en nombre del dios de la burla o mofa, el dios momo. Así se estableció la burla en forma colectiva y en días precisos para que la gente dé rienda suelta a su burla a lo que quiera, y evita hacer burlas en otros tiempos y con otras personas.
Ante las situaciones que nos presentan la vida cotidiana, y sobre todo donde tenemos que lidiar e intercambiar ideas,conceptos, y estar en grupos, es ser sensatos, aceptar a las personas como son, comprenderlas, y quererlas, que el mundo gira y gira y no se sabe en que va a parar uno mismo , hoy por mi mañana por ti.
Respetar y SER RESPETADOS
Tendemos a levantar ciertas fronteras alrededor nuestro y dejar ver a los otros lo que queremos que vean de nosotros, independientemente que sea verdad o que empecemos a construir esa verdad, desde el punto del que nos gustaría que fuera.
Sin embargo, hay personas que permitimos que traspasen esas fronteras y, al mismo tiempo, que nos visiten y que, de alguna manera se aproximen a conocernos tal cual como creemos que somos.
En este caso, cuando estamos con alguien a quien se lo hemos permitido, podriamos aceptar que nos dijera muchas cosas, sin que necesariamente eso nos hiera o menoscabe nuestra autoimagen.
Eso ocurre porque esa persona se encuentra dentro del margen interno de nuestra frontera . Comparte con nosotros la misma imagen, por lo tanto, cuando nos diga algo, en realidad, no nos va a sorprender y no existirá un choque de la autoimagen con otra posible, como una buena o una mala. Sólo existirá la imagen supuestamente "no buena", que, por otro lado, sabemos que existe, pero que la tenemos, de alguna forma, escondida.
Por otro lado, tenemos que el Respeto es un concepto que define la percepción de la actitud de alguien, asociada al miramiento que se adopta frente a otra persona o algo. Este concepto tiene relación con el juicio de valor que alguien pudiera tener (o no tener), sobre las personas, ideas, identidades, comportamientos u otros asuntos.
En algunas situaciones, el Respeto está asociado al miedo o prevención que se tiene por alguien o algo.
Si alguien tiene mucho Respeto a la montaña, lo que, en realidad, quiere decir es que si al subir una montaña, no toma ciertas consideraciones de preparación básicas, podría encontrarse envuelto en un accidente.
El Respeto, en términos neurolingüísticos, es una nominalización, y, como tal, está “congelando” un proceso, el proceso de respetar y ser respetado.
Bajo ese aspecto, en algunas situaciones, lo asociamos a la identidad de la persona, pero, en otras está directamente conectado con el comportamiento.
un significado adicional para la palabra Respeto está asociado a las acciones que alguien puede desarrollar, para que a través de ellas, logre ser "respetado", o sea, considerado por otros a través de un comportamiento o de creencias, que, eventualmente, podrían después estar asociadas a su identidad.
Tanto de forma consciente como inconsciente, empleamos criterios para emitir juicios y con éstos, generamos "rankings" o "clasificaciones” de nuestros valores.
Así, yo pudiera "respetar" mucho a alguna persona en la medida que lo que hace (comportamiento) está clasificado de forma máxima, según mi escala de valores.
De igual forma, si cierta persona presenta valores tales como bondad, inteligencia, etc. que para mí son muy importantes, le daré una ponderación altísima y, con eso, ganará mi Respeto.
Existe también el Respeto asociado a Instituciones, por lo que representan y, en este caso, estamos hablando de cómo yo la clasifico en relación a otras.
El respeto en cuanto a las personas, tiene, muchas veces que ver con la forma con la que nos movemos en el mundo, con protocolos previamente establecidos y que poseen significados implícitos relacionados con lo que significa ser respetado o no ser respetado.
En el fondo, el Respeto está también relacionado con las reglas que deben seguirse, para que los significados derivados del cumplimiento de éstas, estén de acuerdo con mis expectativas de lo que serían mis juicios.Por otro lado, el concepto de la Dignidad está directamente relacionado con "la cualidad de ser digno".
Tiene que ver con el comportamiento adecuado, según las normas contextuales existentes, apropiadas para quien ejecuta dicho comportamiento, para que, una vez ejecutado ese comportamiento, genere el “Respeto” correspondiente, o sea, el comportamiento digno se hace respetar.
En todos los ámbitos de la sociedad hay normas que organizan las relaciones entre las personas. A veces son normas escritas, incluso leyes.
Educar en el respeto
Cuando hablamos de compromiso cívico, el concepto fundamental que debemos tener en mente es el respeto. Las relaciones humanas se basan en el reconocimiento y respeto mutuo que facilita la convivencia y nos permite vivir en sociedad.
Respetar y ser respetado es uno de los principios que rigen las relaciones humanas.
En este sentido, el respeto debe ser integral y esto significa que debe darse en todos los ámbitos de la vida. De este modo, construimos un marco de convivencia en el que el compromiso y la responsabilidad de cada persona en el respeto a los otros nos ayude a construir la vida en sociedad.
Vivir en sociedad: el papel de las normas
Las personas vivimos en sociedad y para ello debemos seguir unas normas que están basadas en una combinación de derechos y deberes. Estas normas nos permiten convivir y organizan las relaciones entre las personas en cualquier ámbito de la vida cotidiana. Veamos algunas definiciones que se han dado del concepto de normas.
Las normas son una manifestación importante de la vida social y una manifestación de la solidaridad del grupo. Son instrucciones que orientan nuestra conducta y nos dicen qué debemos hacer y cómo podemos proceder en situaciones determinadas. El valor de estas reglas está en que realmente sirvan para el propósito que están concebidas.
Normas morales y normas jurídicas
Pero no todas las normas son iguales. Por una parte existen las normas morales que seguimos en nuestra vida cotidiana. No vienen impuestas ni están expresadas explícitamente, sino que son las reglas que nosotros mismos decidimos seguir para guiar nuestras actitudes.
El respeto mutuo es una norma moral que facilita la convivencia en sociedad
Pero también existen normas jurídicas, que pueden tener forma de leyes o reglamentos: Estas normas, a diferencia de las normas morales, están formuladas explícitamente y expresan lo que está permitido o prohibido en un contexto concreto.Este tipo de normas se definen así:
La norma jurídica es una regla u ordenación del comportamiento humano dictado por autoridad competente de acuerdo a un criterio de valor y cuyo incumplimiento trae aparejado una sanción. Las leyes imponen deberes y confieren derechos.
Las normas forman parte de nuestras vidas. Hay normas morales que decidimos seguir como una manifestación de carácter civilizado y respeto a los otros, y normas jurídicas contenidas en la legislación y publicadas en el Boletín Oficial del Estado que debemos aceptar y respetar de forma necesaria.
Sin embargo, hay personas que permitimos que traspasen esas fronteras y, al mismo tiempo, que nos visiten y que, de alguna manera se aproximen a conocernos tal cual como creemos que somos.
En este caso, cuando estamos con alguien a quien se lo hemos permitido, podriamos aceptar que nos dijera muchas cosas, sin que necesariamente eso nos hiera o menoscabe nuestra autoimagen.
Eso ocurre porque esa persona se encuentra dentro del margen interno de nuestra frontera . Comparte con nosotros la misma imagen, por lo tanto, cuando nos diga algo, en realidad, no nos va a sorprender y no existirá un choque de la autoimagen con otra posible, como una buena o una mala. Sólo existirá la imagen supuestamente "no buena", que, por otro lado, sabemos que existe, pero que la tenemos, de alguna forma, escondida.
Por otro lado, tenemos que el Respeto es un concepto que define la percepción de la actitud de alguien, asociada al miramiento que se adopta frente a otra persona o algo. Este concepto tiene relación con el juicio de valor que alguien pudiera tener (o no tener), sobre las personas, ideas, identidades, comportamientos u otros asuntos.
En algunas situaciones, el Respeto está asociado al miedo o prevención que se tiene por alguien o algo.
Si alguien tiene mucho Respeto a la montaña, lo que, en realidad, quiere decir es que si al subir una montaña, no toma ciertas consideraciones de preparación básicas, podría encontrarse envuelto en un accidente.
El Respeto, en términos neurolingüísticos, es una nominalización, y, como tal, está “congelando” un proceso, el proceso de respetar y ser respetado.
Bajo ese aspecto, en algunas situaciones, lo asociamos a la identidad de la persona, pero, en otras está directamente conectado con el comportamiento.
un significado adicional para la palabra Respeto está asociado a las acciones que alguien puede desarrollar, para que a través de ellas, logre ser "respetado", o sea, considerado por otros a través de un comportamiento o de creencias, que, eventualmente, podrían después estar asociadas a su identidad.
Tanto de forma consciente como inconsciente, empleamos criterios para emitir juicios y con éstos, generamos "rankings" o "clasificaciones” de nuestros valores.
Así, yo pudiera "respetar" mucho a alguna persona en la medida que lo que hace (comportamiento) está clasificado de forma máxima, según mi escala de valores.
De igual forma, si cierta persona presenta valores tales como bondad, inteligencia, etc. que para mí son muy importantes, le daré una ponderación altísima y, con eso, ganará mi Respeto.
Existe también el Respeto asociado a Instituciones, por lo que representan y, en este caso, estamos hablando de cómo yo la clasifico en relación a otras.
El respeto en cuanto a las personas, tiene, muchas veces que ver con la forma con la que nos movemos en el mundo, con protocolos previamente establecidos y que poseen significados implícitos relacionados con lo que significa ser respetado o no ser respetado.
En el fondo, el Respeto está también relacionado con las reglas que deben seguirse, para que los significados derivados del cumplimiento de éstas, estén de acuerdo con mis expectativas de lo que serían mis juicios.Por otro lado, el concepto de la Dignidad está directamente relacionado con "la cualidad de ser digno".
Tiene que ver con el comportamiento adecuado, según las normas contextuales existentes, apropiadas para quien ejecuta dicho comportamiento, para que, una vez ejecutado ese comportamiento, genere el “Respeto” correspondiente, o sea, el comportamiento digno se hace respetar.
En todos los ámbitos de la sociedad hay normas que organizan las relaciones entre las personas. A veces son normas escritas, incluso leyes.
Educar en el respeto
Cuando hablamos de compromiso cívico, el concepto fundamental que debemos tener en mente es el respeto. Las relaciones humanas se basan en el reconocimiento y respeto mutuo que facilita la convivencia y nos permite vivir en sociedad.
Respetar y ser respetado es uno de los principios que rigen las relaciones humanas.
En este sentido, el respeto debe ser integral y esto significa que debe darse en todos los ámbitos de la vida. De este modo, construimos un marco de convivencia en el que el compromiso y la responsabilidad de cada persona en el respeto a los otros nos ayude a construir la vida en sociedad.
Vivir en sociedad: el papel de las normas
Las personas vivimos en sociedad y para ello debemos seguir unas normas que están basadas en una combinación de derechos y deberes. Estas normas nos permiten convivir y organizan las relaciones entre las personas en cualquier ámbito de la vida cotidiana. Veamos algunas definiciones que se han dado del concepto de normas.
Las normas son una manifestación importante de la vida social y una manifestación de la solidaridad del grupo. Son instrucciones que orientan nuestra conducta y nos dicen qué debemos hacer y cómo podemos proceder en situaciones determinadas. El valor de estas reglas está en que realmente sirvan para el propósito que están concebidas.
Normas morales y normas jurídicas
Pero no todas las normas son iguales. Por una parte existen las normas morales que seguimos en nuestra vida cotidiana. No vienen impuestas ni están expresadas explícitamente, sino que son las reglas que nosotros mismos decidimos seguir para guiar nuestras actitudes.
El respeto mutuo es una norma moral que facilita la convivencia en sociedad
Pero también existen normas jurídicas, que pueden tener forma de leyes o reglamentos: Estas normas, a diferencia de las normas morales, están formuladas explícitamente y expresan lo que está permitido o prohibido en un contexto concreto.Este tipo de normas se definen así:
La norma jurídica es una regla u ordenación del comportamiento humano dictado por autoridad competente de acuerdo a un criterio de valor y cuyo incumplimiento trae aparejado una sanción. Las leyes imponen deberes y confieren derechos.
Las normas forman parte de nuestras vidas. Hay normas morales que decidimos seguir como una manifestación de carácter civilizado y respeto a los otros, y normas jurídicas contenidas en la legislación y publicadas en el Boletín Oficial del Estado que debemos aceptar y respetar de forma necesaria.
La Rectitud como valor
"Ningún otro sentimiento del alma del hombre puede brindar el gozo y la felicidad que se reciben al saber que se está haciendo todo lo posible por llegar a ser justo".Vivimos en una época en la que muchos hombres y mujeres consideran que sus acciones no tienen consecuencias morales y que lo que hacen sólo tiene consecuencias sociales. En esto niegan a Dios y a la vez niegan que las cosas son buenas o malas.
Todos hemos escuchado alguna vez la declaración: "Está bien, haz lo que quieras", y así es también con la forma en que muchos viven en el mundo hoy día.
Les testifico que hay una manera mejor: la de vivir una vida de rectitud.
La palabra rectitud es una palabra muy interesante y singular. Es una palabra que encierra significado y que se extiende y abarca todos los atributos de Dios. Entonces, la persona que es recta es como Dios, o posee los atributos de Dios.
El bien y el mal existen y son contrarios el uno al otro. Las acciones del género humano sí tienen consecuencias morales. El Evangelio de Jesucristo define la diferencia que existe entre lo que es bueno y lo que es malo. Lo que es bueno viene de Dios. Cristo ha dicho: "Y cualquier cosa que persuada a los hombres a hacer lo bueno viene de mí; porque el bien de nadie procede, sino de mí. Yo soy el mismo que conduce a los hombres a todo lo bueno. . ." (Éter 4:12).
La rectitud es una amalgama de todo lo que es bueno. Abraza los principios del poder y de la ley de los cielos, mediante la cual todas las cosas de Dios se manejan, se controlan y se gobiernan.
Hay gran simplicidad en la rectitud. En toda circunstancia que enfrentamos en la vida existe la manera correcta o la manera incorrecta de proceder. Si elegimos la forma correcta, nuestra forma de actuar se ve apoyada por los principios de rectitud, los cuales poseen el poder de los cielos. Si elegimos la manera equivocada y actuamos de acuerdo con esa elección, no existe tal promesa o poder de los cielos, y estamos solos y destinados a fracasar.
En la rectitud yace el cumplimiento de la fe y de la esperanza. Toda bendición que Dios ha prometido a Sus hijos se basa en la obediencia a Sus leyes y mandamientos. La obediencia a Sus leyes y mandamientos es lo que nos hace ser rectos, y esa rectitud nos hace merecedores de recibir las bendiciones prometidas.
Cada uno de nosotros vive su propia situación. Hay desafíos de salud, económicos, de educación, del no tener cónyuge, de soledad, opresión, abuso, transgresión y de una lista sin fin de diferentes condiciones. La solución a todos esos desafíos es la rectitud.
El hombre recto. Debe respetar todas las reglas saludables y fundamentar sinceramente su vida en el amor de Dios y el amor al prójimo por amor a Dios. Aquí encontramos cuatro elementos: (I) nuestra Fe debe ser auténtica y sincera (II) hemos de estar dispuestos a dar testimonio de ella en obras de caridad y amabilidad con nuestro prójimo, (III) debemos ser buenos ciudadanos dando apoyo a las instituciones benéficas y a las organizaciones comerciales y (IV) debemos ser constantes e inconmovibles en cualquier circunstancia.
Debe basarse en una fe sólida y en la práctica constante. Debe abarcar el pensamiento y la acción de la persona y trascender a su vida interior y exterior, a sus asuntos individuales y comunes. Cuando se establece el principio islámico de la rectitud, éste lleva la paz al individuo en todas las circunstancias, aporta seguridad a todos los niveles de la sociedad, solidaridad a la nación y esperanza y armonía a la comunidad internacional. ¡Qué apacible y gozosa puede ser la vida, cuando las personas ponen en práctica el concepto islámico de la rectitud! ¿Qué puede haber más tranquilizador que la fe en el Creador Benéfico y el comprometerse en tan valiosa causa? ¿Qué puede haber más humano que mitigar las recónditas ansiedades de los sojuzgados, aliviar los sufrimientos de los explotados y dar respuesta a las necesidades de los desvalidos? ¿Qué hay más metódico y honrado que el cumplimienta de los compromisos, la preservación de la conciencia clara y el mantenimiento de la integridad? Y qué proporciona goces más espirituales que hacer todo ello con regularidad, como algo cotidiano, y por amor a Dios?
"El optar por hacer lo que el Señor haya definido como correcto llevará siempre, al final, a los mejores resultados".
El tener rectitud es empeñarse anhelosamente en ser obediente a los mandamientos de Dios; es ser limpio de pensamiento y de acción; es ser honrado y justo. La rectitud se demuestra más con hechos que con palabras. Una vida recta exige disciplina, la cual es la característica que te dará la fortaleza para no privarte de aquello que más anhelas en la vida por conseguir algo que creas desear ahora.
El mundo necesita luz. Sé tú esa luz. Tu rectitud da a otras personas la confirmación de la virtud de la vida anclada en la verdad eterna.
Ese pulir de la piedra equivale a pulir la inteligencia para encontrar la manera de ser útil a la humanidad, pero debe hacerlo con rectitud y valor, que resista cualquier esfuerzo a favor de la filantropía, con la prudencia necesaria para cumplir el objetivo.
El Arte de las Mentiras
Para todo hay que tener arte, también para mentir. Pero, contrario a lo que sucede con otras artes, a mentir se aprende muy fácilmente, sin grandes esfuerzos; esto, sobre todo, porque la misma sociedad y hasta el ambiente familiar va maleducando desde la niñez para la mentira, creando así una cultura de la mentira. La mentira, más que una excepción, más que hecho ocasional, fruto del miedo, se ha convertido en actitud de vida y en forma patológica de comportamiento humano. No sólo se dice mentira, sino que se “hace” mentira. Es decir, se vive mentirosamente; no sólo se miente para pasar el rato, en forma de chiste, para hacer agradable el momento, sino también con algún interés especial e incluso para hacer daño a otras personas. El mundo del comercio, por ejemplo, está fundado sobre la mentira y triunfa más, quien mejor se especializa en el arte de mentir. Se hacen trampas, se amañan las condiciones de venta, se suben los precios en forma engañosa y se trata de buscar todas las tácticas posibles para hacer “pasar gato por liebre.” El mundo de la política condimenta la mentira con la intriga. Mientras más adulterada se presenta la verdad al público, mayores éxitos políticos se alcanzan. De aquí el recurso a las promesas que nunca se cumplen, el elenco de obras inexistentes presentadas como ya realizadas, la diarrea de palabras para tratar de convencer y la demagogia, en general. Una concepción utilitarista de la vida lleva necesariamente a considerar la mentira, no sólo como algo normal, sino como medio seguro para lograr fines que, de otras formas, no se obtendrían. El principio maquiavélico “el fin justifica los medios” integra el uso de la mentira como un recurso justificado para lograr los resultados deseados, siempre para intereses individuales. La primera escuela de la verdad o de la mentira es la familia. Los padres educan con su vida. Los niños y niñas aprenden espontáneamente sus lecciones. Los sicólogos suelen distinguir dos períodos en el aprendizaje del arte de mentir. En los niños y niñas, la primera etapa corresponde a los siete primeros años de vida, en que la fantasía es muy activa y los lleva a inventar acontecimientos y personajes, con el aplauso inocentón e ingenuo de los padres y familiares. Lo más típico del caso es que el niño o la niña se creen sus propias invenciones y mentiras. A este fenómeno se le suele llamar pseudología fantástica. El segundo período, que se inicia después de los siete años, corresponde a la etapa de la imitación de las mentiras de los adultos. “De tal palo, tal astilla”; de padres mentirosos, saldrán hijos/as que desconocen el valor de la verdad. La persona puede lograr entrenarse tan hábilmente en el arte de hablar mentiras, que puede retornar a la primera etapa, creyéndose ella misma su propia mentira. Bajo esta circunstancia el caso se torna patológico y de difícil curación. En algunas personas las mentiras se vuelven una especie de maña; no pueden hablar sin decir mentiras. Las mañas son malos hábitos que generalmente degeneran en enfermedad, que elimina en el ser humano la dimensión de la verdad. A veces la mentira está muy ligada a los vicios. Quien lleva una vida desordenada, habitualmente dice mentiras: es el precio que tiene que pagar para poder mantener su desorden. Una de las características, por ejemplo, de los adictos a las drogas, es la mentira. Dígase lo mismo de quienes consumen alcohol descontroladamente, quienes juegan por dinero, como de aquellos esposos que son infieles a sus cónyuges. No hay nada que impida más radicalmente la comunicación, el diálogo y la amistad como la mentira. Lo más trágico del caso es que, cuando una persona es sorprendida mintiendo, ya se le cierran las puertas de la confianza, pues, desde ese momento, no se sabe cuándo dice la verdad o cuándo miente. A quien mintió, aunque sea una vez, ya no se le cree con seguridad y confianza; siempre queda, en el fondo, una duda de si realmente dice verdad o mentira. La mentira va atando a la persona en sus mismos engaños. Solamente la verdad nos hace libres y nos capacita para el diálogo franco y amistoso. La cordialidad de la amistad es sólo posible en corazones sin doblez, transparentes. Feliz aquella persona a quien se le puede decir la alabanza que Jesús hizo de Natanael: “He aquí a un israelita de verdad, en quien no hay engaño” (Juan 1,47). Por Padre Luis Rosario
Faltas de RESPETO
¿Qué es respetar? Respetar a alguien es tratarlo de acuerdo a su dignidad. Esta dignidad propia requiere de los demás un comportamiento adecuado, de modo que las faltas de respeto voluntarias son una injusticia, por incumplimiento de ese deber. En cambio, donde hay respeto reina un ambiente cordial y amable, propio de la caridad. Ejemplos de falta de respeto en las relaciones sociales: La difamación y las burlas rebajan la dignidad de las personas, y este trato injusto es una falta de respeto. Los obreros y subordinados son seres humanos. Tratarlos como esclavos es una falta de respeto a su dignidad de personas. En cualquier sociedad (familia, aula, empresa, ciudad...) debe haber autoridades que la dirijan (padres, profesores, jefes, concejales...). Esto exige a hijos, alumnos y subordinados un trato disciplinado y obediente. Las rebeldías son falta de respeto hacia la sociedad. Las faltas de educación voluntarias (desplantes, portazos, etc.) suelen ser ejemplos de falta de respeto pues el trato adecuado entre personas debería ser otro. Otros ejemplos de falta de respeto: La mujer es una persona humana y es injusto tratarla como un objeto sexual. Esta injusticia es entre otras cosas una falta de respeto. El amor humano posee una gran dignidad que exige un trato delicado. La pornografía es una falta de respeto hacia la humanidad. Los animales y plantas están al servicio del hombre pero poseen de por sí alguna dignidad en cuanto criaturas. El hombre puede usarlos, comerlos y divertirse con ellos, pero dentro de cierto respeto. Sobre esto ver el tema ecologismo. ¿Qué faltas de respeto son más graves? La gravedad de una falta de respeto depende de lo que se realice y de la dignidad que se intenta dañar. Lo peor son los insultos y burlas dirigidos a Dios. ¿Se debe respetar a todos igual? Cualquier persona posee una dignidad por el hecho de ser persona. Y así todo hombre merece algún respeto, un trato adecuado a su dignidad humana. Este deber básico incluye respetar sus bienes, su vida, su fama, su intimidad,... Sin embargo: Algunas personas merecen un respeto mayor debido a una dignidad superior. Por ejemplo, los padres, los ancianos, las autoridades, etc. El trato entre compañeros es diferente del trato hacia padres y profesores. Con éstos el modo de hablar y escuchar debe ser más respetuoso. También hay personas que por su conducta infrahumana pierden parte de su dignidad y merecen menor respeto. Por ejemplo, los delincuentes pueden ser encarcelados. El respeto no se opone a la justicia. ¿Corregir es una falta de respeto? El respeto no significa dejar a los demás que hagan lo que les venga en gana. Hay cosas que se deben prohibir, y asuntos que se deben corregir. Tanto el respeto como la corrección se apoyan en la caridad que a veces exige corregir. Corregir en exceso o en defecto no es falta de respeto sino de caridad. Se añade la falta de respeto si se corrige con malos modos. ¿El respeto quita confianza y espontaneidad?: El respeto mutuo protege la dignidad de las personas, proporcionando seguridad y confianza. El respeto es distinto del temor. La espontaneidad surge de la costumbre, que origina un modo natural o propio de comportarse. Si uno tiene el hábito de respetar, el respeto le saldrá espontáneo. ¿Exigir un respeto es propio del orgullo? Por orgullo alguien puede pensar que posee una dignidad superior a la que realmente le corresponde. En consecuencia, esta persona algo susceptible exigirá un trato y un respeto excesivos. En cambio, si la dignidad es verdadera, el respeto adecuado es propio de la justicia.
El Valor y la Importancia de la Confianza
La confianza es la capacidad de compartir nuestra esperanza, historias , anécdotas - y muchas otras cosas - con otras personas.
La confianza también determina el nivel de trato que tenemos con las demas personas, según cuanta confianza le tengas a los demás, tu relación con ellos ira desde conocidos, amigos, enamorados e incluso a mas.
La confianza está vinculada con el acceso que le permitimos a alguien a nuestra intimidad
Cuando se cuenta con la fe de los demás, con el crédito que nos dan, el hermetismo se ha roto. Mientras se vive en una situación hermética, todos los intentos de comprensión entre semejantes se realizan apelando a razones; en virtud del porqué y el para qué; nos pide cuentas el prójimo y tenemos que dárselas. Y las razones no operan, no unen si no es sobre la confianza; la razón en la vida no funciona más que sobre algo previo, fe, confianza, caridad.
Y sólo a partir de este entendimiento, de este crédito, es posible la comunidad con los demás. Y solamente a partir de esta comunidad es posible la acción. La acción verdadera, que brota de un corazón transparente, y que, para ser efectiva, para realizarse necesita ser también transparente ante los demás. Ser transparente es ser creído, ser mirado en caridad.
Todo es cuestión de confianza. Sin ella no podemos convivir. Toda nuestra existencia gira en torno a la confianza/desconfianza en los otros, y también en nosotros mismos.
La confianza se apoya en la firme esperanza y proporciona seguridad, optimismo, bienestar, alegría. La confianza nos hace más fuertes, más libres y también mejores. Por el contrario, el recelo lleva al temor, al malestar, a la insatisfacción. La duda, la inquietud, nos reprime, no nos deja actuar, dificulta que tomemos iniciativas, nos paraliza, sufrimos.
Consideramos amigos a aquellos en quienes podemos confiar; sabemos que ellos están para las maduras y para las verdes. Otra cosa son los conocidos o los compañeros; con esos nos reímos y celebramos cuando la situación es favorable para todos, pero cuando hay dificultades es fácil que cada uno vaya a lo suyo: el egoísmo suele asomar la cabeza.
Nuestra biografía nos condiciona. Las experiencias anteriores hacen que estemos confiados o que, por el contrario, seamos recelosos. Cuando iniciamos una relación interpersonal no partimos de cero, el pasado nos influye. El que ha sido engañado anteriormente se acercará al otro con temor, quien ha vivido la honestidad establecerá relaciones más generosas. También es posible que el defraudado reaccione siendo especialmente cuidadoso y exigiendo, a los demás y a sí mismo, un comportamiento impecable. En cualquier caso, la secuencia del encuentro con el otro es siempre la misma: al inicio nuestras defensas están puestas, hablamos de lo intrascendente, de lo admitido por todos; tomamos precauciones y apenas mostramos cómo somos, cuáles son nuestros problemas y qué sentimos; nos movemos en un plano superficial. En un segundo momento, si nuestras expectativas se van cumpliendo, empezamos a bajar nuestras barreras y mostramos más de nosotros, damos paso a comunicar nuestra intimidad. La confianza se gana y se pierde; mejor dicho, se gana poco a poco y se pierde con rapidez, y cuando se ha roto es difícil de reestablecer.
La confianza implica reciprocidad. Vamos depositando nuestra confianza en el otro al comprobar que no somos defraudados y, al mismo tiempo, porque experimentamos que también somos objeto de confianza. Esperamos, porque estamos convencidos de que vamos a recibir. Damos, porque a nosotros nos han dado. El egoísta, el que sólo pide, el que recibe y nunca da, acaba con la relación.
La confianza hay que saber administrarla, y es complicado. En primer lugar, tenemos que ganarnos la confianza de los otros y, en segundo término, no podemos pretender que todo el mundo se fíe de nosotros. También sabemos que, desgraciadamente, no podemos confiar en todo el mundo, que esa actitud no es prudente, que la dura realidad nos dice que hay que tomar precauciones. Además, si nos 'abrimos', si depositamos nuestra esperanza en el otro, de alguna forma le convertimos en deudor nuestro, esperamos de él su comprensión y a veces una respuesta equivalente, pero puede ocurrir que la otra persona no quiera establecer una relación tan estrecha. No debemos pasarnos ni quedarnos cortos. Las relaciones humanas son complejas.
La confianza es el fundamento de toda relación humana. Nadie puede caminar junto al otro sin tener la certeza de que puede confiar en él. Sin confianza es imposible avanzar y crecer.Cuando hablamos de confianza hablamos de transparencia. Para confiar en otra persona hace falta primero tener un conocimiento. Cuanto más se conoce, más confianza hay en una relación. Donde hay confianza se da una comunicación bonita y enriquecedora. En las relaciones es muy importante cuidar mucho la confianza. Ésta siempre se tiene que basar en la libertad.
Integridad

El ambiente estaba Cargado de mucha tensión. Rosa Elliot llegó a la cuarta ronda del concurso nacional de ortografía en Washington. Se le había pedido a la pequeña de 11 años de Carolina del Sur que deletreara la palabra “admisión”. Ella lo hizo con su suave acento sureño, pero los jueces no fueron capaces de determinar si había pronunciado una “o” o una “a” como letra al lado de la última.
Debatieron entre sí por varios minutos mientras escuchaban las grabaciones. Sin embargo, la letra decisiva tenía su acento demasiado marcado como para descifrarla. Finalmente el jefe de los jueces le pregunto a la única persona que conocía la respuesta.
- Era una letra “a” o una “o” ?. Le preguntó a Rosa. En ese momento estando rodeada por jóvenes concursantes que murmuraban entre ellos, Rosa sabía el correcto deletreo de la palabra. Tranquilamente, sin titubear, contestó que había pronunciado mal la palabra y se fue del escenario.
Todo el auditorio se puso de pie y aplaudió, incluyendo unos cincuenta reporteros gráficos. El momento fue emocionante y lleno de orgullo para sus padres. Aun vencida era victoriosa. En efecto, con el pasar de los años, ¡se escribió más acerca e Rosa Elliot que sobre el “desconocido” ganador del concurso!
Ser una persona que ama la verdad, aun cuando esta va en contra de uno, nos reviste de gran honor…
Tomado de Renuevo de Plenitud
Igualdad
Naturalmente, a partir del año 30 de nuestra era, se realiza la más formidable revolución: todos soniguales, todos son personas, sin importar sexo, color, etcétera. Pero no hay que pasar por alto las preciosas diferencias marcadas ya de por si por la naturaleza, perfectamente definidas y acentuadas en los papeles de la vida que hay que realizar. A él, al hombre, se le dio el poder de engendrar, y de esta manera se le hizo participe de la creación, de un plan superior. A ella se le concedió la maravillosa oportunidad de contener en su seno lo más precioso sobre la tierra: un hijo.
Así existen profundas diferencias individuales que hacen la más poderosa complementariedad. Tal parece que se tuvieran que encontrar, para juntos realizar ese plan que se advierte en toda la naturaleza.
CARISMA DE LÍDER
Ella lo tiene, en ella se reúnen el líder natural, el situacional y el cognoscitivo. La mujer es contemplada por los suyos como el pilar de su hogar, de su familia, a la que hay que seguir porque es la mejor la que seduce con su sonrisa y cautiva con su ternura, la que es capaz de inundar la casa con su alegría y que con su entusiasmo motiva para lograr grandes cosas. Es ella la que con su fe enseña cómo se logra lo imposible y es una soñadora incorregible, animando a los suyos constantemente para que hagan
realidad esos sueños.
La mujer educa, y al hacerlo conduce a los suyos a su plenitud; educa, que también es alimentar el cuerpo y el espíritu, es nutrir y es cultivar. Es sembrar para que algún día esas semillas que ella ha preparado como Verdad y Bien, germinen y hagan posible esos seres de gran talla. Así, la mujer también posee visión estratégica del futuro. Al conocer a los suyos, es capaz de guiarlos a cada uno hacia su felicidad. Pero, ella, como líder situacional, como madre y esposa, sabe que una de sus principales cualidades son sus valores de actitud, los más sublimes, según Viktor Frankl.
Valores que consisten en esa capacidad última de ejercer la libertad. Ella sabe que lo que conviene es actuar de acuerdo a su rango, el más alto, y así enseñar con la vivencia la forma de enfrentar problemas y superar crisis. La frente en alto, coronada por la nobleza de ser mujer, sabedora de su magnifico papel: la primera trasmisora de valores. De ahí la frase con que empezamos: ..si quieres corromper una sociedad, un pueblo, corrompe a sus mujeres.. De ahí también el empeño de muchos en prostituir, de
cosificar y contaminar la mente y el corazón femeninos. El rescate se logra mediante la conciencia de saber que una mujer es la hacedora, la formadora de las nuevas generaciones. En ella está la responsabilidad de la conducta, las pasiones, bien o mal dirigidas, de los acuerdos, de la paz y de la
continuidad de una cultura, unas raíces y unas tradiciones.
El hogar es el seno espiritual en donde se fomentan creencias y costumbres, dice Santo Tomás. Y
reflexionando en la frase, en el concepto, advertimos perfectamente que el pilar del hogar es precisamente la mujer. Creencias y costumbres, transmitidas en toda su grandeza por la líder natural: la mujer. ¿Será entonces importante o no, saber qué papel nos ha tocado en el concierto del Universo? Hace mucho,cuando se desataba el conflicto del Golfo Pérsico, me decía un hombre genial: cómo se van a poner de acuerdo los hombres, reunidos en Suiza, en las Naciones Unidas, en el Pentágono.. ¡si no se aman! y estos hombres y estas mujeres empeñados en destruir, han sido formados en hogares, sólo que es necesario tener para dar. Y en un continuo circulo, percatarse de que se empieza a educar muchas generaciones atrás, en un marco de servicio y amor, con un espíritu de paz que significa armonía en el orden. Ella deberá ser entonces la principal líder para la PAZ.
Y para que no haya protestas, deberé también referirme a la mujer como líder social, en la empresa y en la política. A sus dotes naturales como líder, sabedora de que puede mover y hacer con la mediación
de otros, que puede aglutinar a grupos diversos, deberemos añadir sus conocimientos como profesional en las diferentes disciplinas, técnicas y oficios. Ahí, en esos ámbitos, ella puede desplegar todas sus
habilidades como hacedora, constructora; tiene la mente alerta al cambio y el privilegio de su intuición
le hace percibir lo mejor para los suyos.
Hemos visto a través de la historia, imponentes ejemplos de lo que puede ser una reina, una madre
gobierno, una santa, una sabia. Bástenos recordar a una de las hacedoras del estado de Israel, Golda Meir, de la que decia Ben Gurión: "es el mejor hombre de mi gabinete", queriendo elogiarla, sin saber que ella ya estaba consagrada por ser la madre del pueblo de su amado Estado.
Sutileza y finura en el trato terminan por configurar el perfil de la mujer como líder. Ella sabe que su Excelencia se manifiesta más que nunca en su enorme capacidad de amar y perdonar. Dulcemente podrá
influir en los demás para lograr las grandes cosas. Coincido en pensar junto con Luis Jorge González (el
mejor exponente de Programación Neurolinguilistica), en que este milenio será la del liderazgo de las
mujeres. Ojalá que sea con toda conciencia de su principal papel como esposa y madre y después (todo a su tiempo), como profesional, líder social, político, empresarial, etcétera.
Hoy que no se le cierran las puertas de ningún ámbito, hoy más que nunca, deberá la mujer percatarse de que su principal empresa es la de formadora de hombres y mujeres de Excelencia que den gloria a nuestras naciones y gloria a Dios. Colaboración de Naylé de Alicante España.
viernes, 30 de enero de 2009
Sencillez
Probablemente no hay nada más chocante que una personalidad "inflada" o quienes se vanaglorian constantemente de sus propios logros, cualidades y posibilidades. Una personalidad sencilla a veces puede pasar inicialmente desapercibida, pero su fortaleza interior y su encanto es mucho más profundo y perdurable.La personalidad sencilla es única, recia, sin adornos ni artificios, no le hace falta mostrar y poner en un escaparate sus posesiones y cualidades porque son evidentes y naturales. La sencillez nos enseña a saber quienes somos y lo que podemos.Durante una conversación escuchamos en una ocasión a una persona que decía "detesto a las personas "sofisticadas"". Lo había dicho una persona inmensamente rica, con grandes dotes intelectuales, con una posición social privilegiada y con una familia notable durante muchas generaciones. Esa persona era probablemente la que más derecho habría tenido a mostrar la sofisticación de ropa de diseñador, varios automóviles exóticos, una conversación plagada de términos rimbombantes derivada de su profunda cultura, una altivez propia de la dignidad de una familia importante. Y sin embargo decía "detesto a ls personas "sofisticadas"". Y las detestaba porque precisamente en su medio social veía lo peor de la miseria humana: altivez injustificada, grosería constante ante la servidumbre, orgullo de una cultura superficial.La cultura de hoy a veces quiere hacernos creer que valemos por nuestra ropa, por nuestros autos, por estar a la moda, porque somos poderosos, porque podemos humillar. Pero precisamente toda esa cultura es la llave al gran vacío interior que comienza a caracterizar a nuestra sociedad.Es fácil caer en la tentación de "lucir" en cualquier circunstancia: al entrar a un restaurant, al asistir a una fiesta importante... A veces podemos pasar muchísimo tiempo tratando de encontrar la ropa, accesorios adecuados, y podemos caer en la afectación en nuestra postura y tratar de cuidar cada palabra. Esto también con frecuencia puede quitarnos totalmente la espontaneidas y la frescura haciéndonos francamente insoportables y logramos exactamente el efecto contrario de lo que queríamos, en lugar de agradar desagradamos.La persona humana esta dotada de inteligencia, cualidades y habilidades. Pero ¿Para qué convertir nuestra vida en una eterna competencia? ¿De qué sirve estarme comparando constantemente con los demás? El progreso interno, donde nosotros crecemos es en verdad lo importante.No debemos centrar nuestra vida en querer imprsionar a los demás por estar "a la última" en electrónica, moda, autos, muebles, y peor aún es cuando nuestras posibilidades nos permiten llegar al punto de la ostentación. La postura de altivez y menosprecio son un efecto directo de estas ostentaciones.Por otra parte, con frecuencia se desvirtúa la imagen de las personas sencillas, haciéndolos sinónimo de timidez e ingenuidad -en el mejor de los casos-, aunque en otras ocasiones se relaciona la idea a la pobreza y la suciedad. Ni lo uno, ni lo otro. La sencillez no es pobreza ni mendicidad, es tener lo que se necesita pero sin caprichos superficiales. La sencillez no es suciedad, la pulcritud no está reñida con la humildad del corazón.Ahora bien, el valor de la sencillez tiene distintas manifestaciones ¿Qué hace una persona para ser sencilla? En el caso de nuestra forma de hablar podemos citar varios ejemplos.
Una persona sencilla...- Utiliza con mesura la palabra, evitando acaparar las conversaciones para convertirse en el centro de atención; del mismo modo su lenguaje es apropiado, sin recurrir a palabras altisonantes, de mal gusto o frases corrientes para hacerse notar.- Tiene un lenguaje comprensible y adecuado a la ocasión, sin caer en el uso de palabras cultas o rimbombantes, para formar una imagen erudita y de vasto conocimiento, lo cual no siempre esta de acuerdo a nuestra realidad.- En una conversación que gira alrededor de su competencia profesional, nunca aprovechará el momento para “dar una cátedra” sobre el tema; es de muy mal gusto, sobre todo si en ningún momento se ha pedido la opinión profesional.- Evita hablar en todo momento de sus logros, aciertos y reconocimientos alcanzados. Si bien es molesto escuchar hablar “de la buena fortuna” presente, llega al punto de intolerable, exaltar las glorias pasadas (yo hice, yo tuve...), que en nada concuerdan con la situación actual. Lo más digno, es omitir toda manifestación ostentosa de nuestra inteligencia, habilidades y bienes materiales.Podemos decir que internamente, nuestras ideas y pensamientos deben estar libres de todo rebuscamiento y complicación.- Se debe evitar a toda costa hacer preguntas y comentarios que sólo redundan y reafirman lo expuesto, queriendo encontrar problemas y dificultades donde no los hay. Es fácil reconocer esta actitud cuando se requiere tomar una decisión o llevar a cabo una actividad; normalmente la persona pretende sobresalir en la reunión de trabajo, mostrando equivocadamente su interés atención, comprensión y conocimiento del asunto.- No perder el tiempo buscando una segunda intención o significado en las actitudes y palabras en los demás.Posiblemente, la manifestación más clara de la sencillez se encuentra en el aspecto exterior de la persona:- Porque viste con decoro, sin llegar a ser estrafalario, de acuerdo a la ocasión y procurando usar aquellas prendas que están más de acuerdo a su persona, sin dejarse seducir por la exageración caprichosa de la moda, las joyas o los colores llamativos.- Los modales distan mucho de ser artificiosos y estudiados especialmente para cada situación concreta, desde la forma de saludar, utilizar los cubiertos, leer la carta, ordenar un platillo o una bebida especial... La sencillez es cortesía, la altivez grosería.- Siempre puede contarse con su apoyo, no tiene miedo a prestar un Servicio porque no existen actividades de “segunda categoría”, todo es importante y necesario.Es de igual importancia la forma en la que se aprecian los bienes materiales, porque la sencillez nos hace:- Adquirir, poseer y utilizar aquellos bienes que son necesarios, evitando el lujo inútil o el capricho. Es bueno comprar cosas de buena calidad que duren y que nos presten el servicio que se desea durante más tiempo y con más eficiencia, pero no por la presunción y la manifestación de una desahogada posición económica.- Nuestra forma de ser, de vestir debe ser acorde con nuestra circunstancia personal. Un estudiante debe vestirse como estudiante y no como ejecutivo. Nada sería más ridículo que un ejecutivo vestido como estudiante.- Todos debemos luchar por superarnos, tener una forma de vida más digna, superarnos profesionalmente, pero siempre con sencillez.La persona sencilla no se exalta ni menosprecia, aprecia a las personas por lo que son, lo cual permite un diálogo amable y una amistad sincera. Todos sus bienes y posesiones están a disposición de los demás.El valor de la sencillez nos ayuda a superar el deseo desmedido por sobresalir, sentirnos distinguidos y admirados sólo por la apariencia externa. Nuestro interior, nuestro corazón es lo que verdaderamente cuenta. Una persona sencilla gana más corazones.
La Lealtad
Quizás nadie entienda mejor el valor de la lealtad que aquella persona que ha sido traicionada en algún momento... Está claro que todas las personas esperamos la lealtad de los demás, y que a nadie le gusta ser traicionado, o saber que un amigo habló mal de nosotros. En otro sentido, nos parece terrible cuando, después de trabajar en un empresa muchos años, nos despiden sin pensar en todos los años que le invertimos. Detectar la lealtad (o deslealtad) en los demás es fácil, pero ¿Cómo estoy viviendo yo la lealtad? ¿Realmente sé qué es? ¿Qué esperan los demás de mí?La lealtad implica un corresponder, una obligación que se tiene al haber obtenido algo provechoso. Resulta un compromiso a defender lo que creemos y en quien creemos. Por eso, el concepto de lealtad se entronca con temas como la Patria, el trabajo, la familia o la amistad. Cuando alguien nos ha dado algo bueno, le debemos mucho más que agradecimiento.
La lealtad es un valor, pues quien es traidor, se queda solo. Necesitamos ser leales con aquellos que nos han ayudado: ese amigo que nos defendió, el país que nos acoge como patria, esa empresa que nos da trabajo. La lealtad implica defender a quien nos ha ayudado, en otras palabras “sacar la cara”.
Si somos leales, logramos llevar la amistad y cualquier otra relación a una etapa más profunda, con madurez. Cualquiera puede tener un amigo superficial o trabajar en un sitio simplemente porque nos pagan. Sin embargo, la lealtad implica un compromiso mayor: supone estar con un amigo en las buenas y en las malas, es el trabajar no sólo porque nos pagan, sino porque tenemos un compromiso con la empresa en donde trabajamos, y con la sociedad misma.
En este sentido, la lealtad es una llave que nos permite tener un autentico éxito en nuestras relaciones. Además no es un valor fácil de encontrar. Es, por supuesto, más común aquella persona que al saber que puede obtener algo de nosotros se nos acerque y cuando dejamos de serle útil nos abandona sin más. Es frecuente saber que alguien frecuenta un grupo contrario porque le da más beneficios, luego, esta persona no resulta confiable para nadie.
Existen distintas actitudes desleales: Las críticas que se hacen las personas, resaltando los defectos, lo limitado de sus cualidades o lo mal que realizan su trabajo. Hablar mal de nuestros jefes, maestros o de las instituciones que representan. Divulgar confidencias que se nos han hecho. Quejarnos del modo de ser de alguien y no ayudarlo a superarse. Dejar una amistad por razones injustificadas y de poca trascendencia, como el modo de hablar, vestir o conducirse en público. El poco esfuerzo que se pone al hacer un trabajo o terminarlo. Cobrar una suma mucho más alta a la pactada.
Como vemos, la Lealtad se relaciona estrechamente con otro Valores como la Amistad, el Respeto, la responsabilidad y la honestidad entre otras.
Sin embargo, no es suficiente contradecir las actitudes desleales para ser leal, es necesario detenernos a considerar algunas observaciones:
En toda relación se adquiere un deber respecto a las personas. Como la confianza y el respeto que debe haber entre padres e hijos, la empresa con los empleados, entre los amigos, los alumnos hacia su escuela… Es necesario reconocer los valores que representan las instituciones o aquellos que promueven las personas con sus ideas y actitudes. Nunca será buena idea que una persona que se preocupa por vivir los valores, trabaje en un lugar donde se hacen fraudes o impera la corrupción. Se deben buscar y conocer los valores permanentes para cualquier situación, de otra forma se es "leal" mientras se comparten las mismas ideas. La persona que convive en un ambiente de diversión malsana y excesos, pronto se alejará y comenzará a hablar mal de aquellos que dejaron de participar de sus actividades.
A su vez, si colocamos como valor fundamental el alcance de objetivos, podemos llegar a perder el sentido de la cooperación. La persona que participa de una actividad sólo por el resultado exitoso, fácilmente abandona la empresa cuando las cosas no salen bien o simplemente deja de obtener esos beneficios a los que estaba acostumbrado.
Lo que debe quedar claro es que lo importante es vivir los valores por lo que representan, no por las personas que en algún momento dictan una norma. Todo trabajo se debe hacer bien, no por “quedar bien con el jefe”, sino por nuestra integridad y compromiso con nuestro trabajo y nuestra sociedad.
Con todo lo anterior veremos que aún sin darnos cuenta, las relaciones que hemos sabido mantener se deben en gran medida a la vivencia del valor de la Lealtad. No basta conocer los valores, es necesario darlos a conocer y reforzarlos para lograr un cambio de actitud, al hacerlo, logramos madurar la amistad y fortalecer el afecto.
La Comunicación
La comunicación es indispensable para procurar y mantener las buenas relaciones en todos los ámbitos de nuestra vida, particularmente en la familia, el trabajo y con las personas más cercanas a nosotros. Aún así enfrentamos desacuerdos y discusiones sin sentido, provocando -en ocasiones- una ruptura en las relaciones con los demás. Entender y hacerse comprender, es un arte que facilita la convivencia y la armonía en todo lugar. Con facilidad podemos perder de vista que la comunicación entra en el campo de los valores. Precisamente cuando hay problemas de comunicación en el trabajo, con la pareja, con los hijos o con los amigos se comienza a apreciar que una buena comunicación puede hacer la diferencia entre una vida feliz o una vida llena de problemas. El valor de la comunicación nos ayuda a intercambiar de forma efectiva pensamientos, ideas y sentimientos con las personas que nos rodean, en un ambiente de cordialidad y buscando el enriquecimiento personal de ambas partes. No todas las personas con una magnífica y agradable conversación poseen la capacidad de comunicarse eficazmente, en muchos de los casos transmiten anécdotas y conocimientos producto de la experiencia, la información y las vivencias que han tenido, pero con el defecto de no dar la oportunidad a que otros se expresen y compartan sus puntos de vista. En si, esto no es malo, pero se debe tener cuidado de no caer en excesos.Queda claro que comunicar no significa decir, expresar o emitir mensajes (para eso están los medios de información), por el contrario, al entablar un diálogo con los demás, tenemos la oportunidad de conocer su carácter y manera de pensar, sus preferencias y necesidades, aprendemos de su experiencia, compartimos gustos y aficiones... en otras palabras: conocemos a las personas y desarrollamos nuestra capacidad de comprensión. Sólo así estaremos en condiciones de servir al enriquecimiento personal de quienes nos rodean.La buena comunicación tiene algunas características que todos conocemos: escuchar con atención, no acaparar la palabra, evitar interrumpir, utilizar un lenguaje propio y moderado, lo cual demuestra educación y trato delicado hacia las personas. Pero este valor tiene elementos fundamentales e indispensables para lograr una verdadera comunicación:- Interés por la persona. Cuántas veces nuestra atención total está reservada para unas cuantas personas, nos mostramos atentos y ávidos de escuchar cada una de sus palabras. Por otra parte, los menos afortunados se ven discriminados porque consideramos su charla como superficial, de poco interés o de mínima importancia. Pensemos en los subordinados, los hijos o los alumnos ¿Realmente nos interesamos por sus cosas, sus problemas y conversaciones?Toda persona que se acerca a nosotros considera que tiene algo importante que decirnos: para expresar una idea, tener una cortesía o hacer el momento más agradable; participarnos de sus sentimientos y preocupaciones; solicitar nuestro consejo y ayuda...- Saber preguntar. A pesar del esfuerzo por expresar las cosas con claridad no siempre se toman en el sentido correcto (y no hablamos de malas intenciones o indisposición) Recordemos con una sonrisa en los labios, como después de una breve discusión llegamos al consenso de estar hablando de los mismo pero en diferentes términos. Las causas son diversas: falta de conocimiento y convivencia con las personas, distracción, cansancio... El punto es no quedarnos con la duda, aclarar aquello que nos parece incorrecto, equivocado o agresivo para evitar conflictos incómodos e inútiles que sólo dejan resentimientos.- Aprender a ceder. Existen personas obstinadas en pensar que poseen la mejor opinión debido a su experiencia, estatus o conocimientos; de antemano están dispuestos a convencer, u obligar si es necesario, a que las personas se identifiquen con su modo de pensar y de parecer, restando valor a la opinión y juicio de los demás. No es extraño en ellos la inconformidad, la crítica y el despotismo, inmersos en conflictos, críticas y finalmente convertidos en las últimas personas con quien se desea tratar. La comunicación efectiva es comprensiva, condescendiente y conciliadora para obtener los mejores frutos y estrechar las relaciones interpersonales.- Sinceridad ante todo. Expresar lo que pensamos, sobre todo si sabemos que es lo correcto (en temas que afecten a la moral, las buenas costumbres y los hábitos), no debe detenernos para mostrar desacuerdo, superando el temor a quedar mal con un grupo y a la postre vernos relegados.
Siempre será importante dar a los demás un consejo y criterio recto, de otra forma continuarán cometiendo los mismos errores o haciendo esfuerzos inútiles para lograr objetivos fuera de su alcance, si actúan así se debe, tal vez, a que nadie se ha interesado en su mejora y bienestar.Además de los elementos esenciales, es preciso cuidar otros pequeños detalles que nos ayudarán a perfeccionar y a hacer más eficaz nuestra comunicación:- Comprende los sentimientos de los demás. Evita hacer burlas, criticas o comentarios jocosos respecto a lo que expresan, si es necesario corrige, pero nunca los hagas sentir mal.- No interpretes equivocadamente los gestos, movimientos o entonación con que se dicen las cosas, hay personas que hacen demasiado énfasis al hablar. Primero pregunta y aclara antes de formarte un juicio equivocado- Observa el estado de ánimo de las personas cuando se acercan a ti. Todos nos expresamos diferente cuando estamos exaltados o tristes. Así sabrás qué decir y cómo actuar evitando malos entendidos. - En tus conversaciones incluye temas interesantes, que sirvan para formar criterio o ayudar a mejorar a las personas. Las pláticas superficiales cansan.- Aprende a ser cortés. Si no tienes tiempo para atender a las personas, acuerda otro momento para charlar. Es de muy mal gusto mostrar prisa por terminar.
Comprensión
Quiero que me comprendas! Cuántas veces hemos tenido la necesidad de encontrar a alguien que escuche y comparta nuestros sentimientos e ideas en un momento determinado. Cuando nos sentimos comprendidos entramos en un estado de alivio, de tranquilidad y de paz interior. Pero, ¿somos capaces comprender a los demás? ¿de procurar dar algo más que un simple: “si te comprendo”?La comprensión es la actitud tolerante para encontrar como justificados y naturales los actos o sentimientos de otro. Es en este momento nos percatamos que la comprensión va más allá de “entender” los motivos y circunstancias que rodean a un hecho, es decir, no basta con saber que pasa, es necesario dar algo más de nosotros mismos.Podemos “saber “ que un empleado nuestro comete errores con cierta frecuencia, “justificamos” este hecho debido a una falta de conocimiento, lo cual determina sus fallas como involuntarias y observamos la necesidad urgente e inmediata de brindar la capacitación correspondiente. El justificar se convierte en una disculpa, en una atenuante que nos hace ubicar el problema en su justa medida, por lo tanto, la comprensión nos lleva a proponer, sugerir o establecer los medios que ayuden a los demás a superar el estado por el que actualmente pasan.El ser tolerantes no significa ser condescendientes con lo sucedido y hacer como si nada hubiera pasado, la tolerancia debe traducirse como la confianza que tenemos en los demás para que superen sus obstáculos. El padre de familia que retira todo su apoyo a los hijos hasta que mejoren sus calificaciones, condiciona su comprensión a resultados, y no al propósito, al esfuerzo y al empeño que se pongan para lograr el objetivo.Ver con “naturalidad” los actos y sentimientos de los demás, es la conciencia de nuestra fragilidad, la convicción de saber que podemos caer en la misma situación, de cometer los mismos errores y de dejarnos llevar por el arrebato de los sentimientos.La mayoría de las veces los sentimientos juegan un papel importante y debemos ser cuidadosos. Una persona exaltada, triste o francamente molesta esta sujeta a la emoción momentánea, lo cual reduce su capacidad de reflexión, con la posibilidad latente de hacer o decir cosas que realmente no piensa ni siente. Cada vez que alguien pide comprensión, a través de palabras o actitudes, busca en nosotros un consejo, una solución o una idea que lo haga recuperar la tranquilidad y ver con más claridad la solución a su problema.El comprender no debe confundirse con un “sentirse igual” que los demás, esto puede suceder con las personas a quien les tenemos cierta estima, pero, ¿Qué pasaría con quienes no tenemos un lazo afectivo? Es necesario enfatizar que la comprensión, es y debe ser, un producto de la razón, de pensar en los demás, “ de ponerse en los zapatos del otro”, sin hacer diferencias entre las personas. Si alguna vez nos hemos visto incomprendidos, recordaremos el rechazo experimentado y como nos sentimos defraudados por la persona que no supo corresponder a nuestra confianza.Existen un sinnúmero de oportunidades para vivir el valor de la comprensión. Si deseamos hacer nuestra comprensión de manera consciente, debemos pensar un momento si hacemos lo necesario para:- Aprender a escuchar y hacer lo posible para no dejarnos llevar por el primer impulso (enojo, tristeza, desesperación, etc.)- No hacer juicios prematuros, primero se deben conocer todos los aspectos que afectan a la situación, hay que preguntar. No basta decir que una persona es poco apta para un trabajo.- Distinguir si es una situación voluntaria, producto de los sentimientos o de un descuido. En cualquier caso siempre habrá una forma de prevenir futuros desaciertos.- Preguntarnos que haríamos y como reaccionaríamos nosotros al vernos afectados por la misma situación.- Buscar las posibilidades y opciones de solución. Es la parte más activa de la comprensión, pues no nos limitamos a escuchar y conocer que sucede.- Dar nuestro consejo, proponer una estrategia o facilitar los medios necesarios que den una alternativa al alcance de la persona.La comprensión no es algo para ejercitar en situaciones extremas, se vive día a día en cada momento de nuestra vida, con todas las personas, en los detalles más pequeños y en apariencia insignificantes.¡Qué importante es la comprensión! Podemos afirmar que es un acto lleno de generosidad porque con ella aprendemos a disculpar, a tener confianza en los demás, y por lo tanto, ser una persona de estima, a quien se puede recurrir en cualquier circunstancia.
La Compasión
Por lo general, la capacidad de conmovernos ante las circunstancias que afectan a los demás se pierde progresivamente, parecería ser que la compasión sólo se tiene por momentos aleatorios. En este sentido, recuperar esa sensibilidad requiere acciones inmediatas para lograr una mejor calidad de vida en nuestra sociedad.La compasión supone una manera de sentir y compartir, participando de los tropiezos materiales, personales y espirituales que atraviesan los demás, con el interés y la decisión de emprender acciones que les faciliten y los ayuden a superar estos problemas.
Los problemas y las desgracias suceden a diario: las fuerzas naturales, la violencia entre los hombres y los accidentes. La compasión, en estos casos tan lamentables, nos lleva a realizar campañas, colectas o prestar servicios para ayudar en las labores humanitarias.
Sin embargo, no debemos confundir compasión con lástima, ya que no son lo mismo. En este sentido, podemos observar las desgracia muchas veces como algo sin remedio y sentimos escalofrío al pensar que sería de nosotros en esa situación, sin hacer nada, en todo caso, pronunciamos unas cuantas palabras para aparentar condolencia.
Por otra parte, la indiferencia envuelve paulatinamente a los seres humanos, los contratiempos ajenos parecen distantes, y mientras no seamos los afectados, todo parece marchar bien. Este desinterés por los demás, se solidifica y nos hace indolentes, egoístas y centrados en nuestro propio bienestar.
No obstante, aquellas personas que nos rodean necesitan de esa compasión que comprende, se identifica y se transforma en actitud de servicio. Podemos descubrir este valor en diversos momentos y circunstancias de nuestra vida, quizás resulten pequeños, pero cada uno contribuye a elevar de forma significativa nuestra calidad humana:
- Realizar una visita a un amigo o familiar que ha sufrido un accidente o padece una grave enfermedad: más que lamentar su estado, debemos estar pendientes de su recuperación, visitarlo a diario, llevando alegría y generando un clima agradable.
- Si somos padres, debemos tener una reacción comprensiva ante las faltas de nuestros hijos, ya sean por inmadurez, descuido o una travesura deliberada. Reprender, animar y confiar en la promesa de ser la última vez que ocurra...
- Si somos profesores, debemos ser conscientes de la edad y las circunstancias particulares de nuestros alumnos, corrigiendo sin enojo pero con firmeza la indisciplina, y a su vez, poniendo todos los recursos que se encuentran a nuestro alcance para ayudar a ese joven con las dificultades en el estudio.
- Toda persona en la oficina que roba tiempo a sus ocupaciones para explicar, enseñar y hacer entender a sus compañeros las particularidades de su labor, conocedor de su necesidad de trabajo y de la importancia del trabajo en conjunto.
Viviendo a través de la compasión reafirmamos otros valores: como la generosidad y el servicio por poner a disposición de los demás el tiempo y recursos personales; la sencillez porque no se hace distinción entre las personas por su condición; solidaridad por tomar en sus manos los problemas ajenos haciéndolos propios; comprensión porque al ponerse en el lugar de otros, descubrimos el valor de la ayuda desinteresada.
Aunque la compasión nace como una profunda convicción de procurar el bien de nuestros semejantes, debemos crear conciencia y encaminar nuestros esfuerzos a cultivar este valor tan lleno de oportunidades para nuestra mejora personal:
- Evita criticar y juzgar las faltas y errores ajenos. Procura comprender que muchas veces las circunstancias, la falta de formación o de experiencia hacen que las personas actúen equivocadamente. En consecuencia, no permitas que los demás "se las arreglen como puedan" y haz lo necesario para ayudarles.
- Observa quienes a tu alrededor padecen una necesidad o sufren contratiempos, determina cómo puedes ayudar y ejecuta tus propósitos.
- Centra tu atención en las personas, en sus necesidades y carencias, sin discriminarlas por su posición o el grado de efecto que les tengas.
- Rechaza la tentación de hacer notar tu participación o esperar cualquier forma de retribución, lo cual sería soberbia e interés.
- Visita centros para la atención de enfermos, ancianos o discapacitados con el firme propósito de llevar medicamentos, alegría, conversación, y de vez en cuando una golosina. Aprenderás que la compasión te llevará a ser útil de verdad.
La compasión enriquece porque va más allá de los acontecimientos y las circunstancias, centrándose en descubrir a las personas, sus necesidades y padecimientos, con una actitud permanente de servicio, ayuda y asistencia, haciendo a un lado el inútil sentimiento de lástima, la indolencia y el egoísmo.
jueves, 29 de enero de 2009
La Confianza
Los hombres no podríamos vivir en armonía si faltara la Confianza, es decir, la seguridad firme que se tiene de una persona, por la relación de amistad o la labor que desempeña.Tenemos seguridad en una persona porque sabemos que en sus palabras no existe el doble sentido o el rebuscamiento; jamás hace un juicio a la ligera sobre las actitudes de los demás; trabaja con intensidad, procurando terminar la tarea encomendada cuidando hasta el más mínimo detalle; llegará puntual si así se ha acordado o guardará el secreto que le hemos confiado.Es fácil perder la Confianza en alguien cuando no actúa con justicia, algún comerciante, profesional o prestador de servicios que abusa de nuestra falta de conocimiento o buena voluntad, y pide a cambio una cantidad de dinero que no corresponde a lo convenido.La mentira tampoco tiene lugar en cualquier tipo de relación, pues confunde la verdad, destruye los sentimientos, provocando una ruptura que pocas veces, o nunca, se puede resanar.Podemos confundir la "confianza en uno mismo" convirtiéndola en presunción, como una forma de hacernos notar mediante una actitud poco respetuosa a las personas, lugares y circunstancias, tratando bruscamente a un mesero o buscar los medios para no formase en fila en un banco.Otra forma mal entendida de la Confianza, es la familiaridad excesiva en el trato, provocando la burla de quienes nos rodean, los mismos familiares y compañeros de trabajo son las víctimas de nuestro asedio, posiblemente no reaccionan violentamente ante nuestro comportamiento por falta de recursos, sino por tener más educación.Ahora bien, todos somos capaces de generar Confianza en los demás:- Cada vez que enseñamos a otros a trabajar, aceptando sus fallas y ayudándoles a mejorar, de esta manera podrán adquirir seguridad en lo que están haciendo.- Para tomar decisiones, tomar en cuenta a los que comparten las mismas responsabilidades, así, con otra visión de la situación se obtienen mejores resultados.- Saber escuchar la opinión de los demás, sin importar nuestra mejor preparación o el puesto de mayor nivel que ocupamos.- Ayudar a los hijos a decidir, procurando proporcionarles los elementos que les ayuden a tomar la opción que más convenga.- Procurando cumplir a tiempo con los encargos que tenemos, en el trabajo, en casa y con los amigos.- Presentar nuestro trabajo limpio, ordenado y puntualmente.- Hablar siempre con la verdad.- Cobrar la cantidad justa de dinero por lo que vendimos o el servicio que prestamos.- Evitar que se hagan burlas o calumnias de otras personas.Somos dignos de Confianza por cumplir responsablemente nuestras obligaciones, ayudamos a los demás con nuestro consejo o nuestro trabajo, si sabemos cumplir con las promesas que hacemos, evitamos criticar a los demás, generamos un ambiente agradable en las reuniones a las que somos invitados, comprendemos los errores de los demás y ayudamos a corregir.
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